Miembros de la caravana centroamericano descansan en un refugio improvisado en un campo de fútbol en Ciudad de México
Miembros de la caravana centroamericano descansan en un refugio improvisado en un campo de fútbol en Ciudad de México - FP

La caravana de centroamericanos empieza a llegar a Ciudad de México:«No somos criminales»

El grupo de un millar de inmigrantes esperará al resto y decidirán entre dos opciones: quedarse en México o continuar hasta Tijuana para intentar entrar en EE.UU.

CORRESPONSAL EN CIUDAD DE MÉXICOActualizado:

«No somos criminales», dice Junior, «sólo gente que queremos trabajar y poder salir adelante», concluye. Junior, de 21 años, es uno de los integrantes de la primera de las cuatro caravanas de centroamericanos que recorre México rumbo hacia Estados Unidos. El grupo, de unas 7.000 personas, ha logrado recorrer en apenas 20 días los 1.500 kilómetros que separan San Pedro Sula (Honduras) de Ciudad de México. Y es que la vanguardia de este enorme contingente empezó a llegar a la capital mexicana el domingo pasado, ciudad en la que esperan reagruparse durante los próximos días para decidir qué hacer. Hay dos opciones sobre la mesa: quedarse en México, o continuar hasta Tijuana para intentar entrar en Estados Unidos.

Por el momento, ya son más de mil los centroamericanos que han llegado a Ciudad de México, donde las autoridades les han dado asistencia médica, alimento, ropa y preparado una gigantesca carpa para darles cobijo y descanso tras la dura travesía. Hasta ahora, el grupo en la capital está conformado sobre todo por hombres jóvenes que han hecho el viaje de forma más rápida subidos en camiones y caminando durante jornadas de más de 10 horas diarias. Pero en los próximos días llegarán cientos de familias con niños, mujeres embarazadas y madres solteras que viajan repartidas en las al menos cuatro caravanas de inmigrantes que recorren el territorio azteca, lo que suma un éxodo de más de 10.000 personas que escapan de la violencia y pobreza que asola Centroamérica.

A la izquierda es Junior, junto a Josué
A la izquierda es Junior, junto a Josué - A. ESPALLARGASs

Cuando Andrés, de 24 años, vio por la televisión que una enorme caravana de inmigrantes acababa de salir de San Pedro Sula -su ciudad- hacia Estados Unidos, no lo dudó ni un instante y salió escopetado para tratar de alcanzarlos. Sabía que era la mejor forma de huir de Honduras. «Una semana antes había visto un asesinato y los pandilleros me buscaban. Tenía que salir», dice el joven. Durante siete días, Andrés cambió de vivienda para evitar cualquier tipo de represalia por parte de las pandillas. Pero tenia claro que eso solo era una situación temporal. «Tenía que irme y la caravana fue la mejor opción», explica.

Y es que siete de cada diez inmigrantes que cruzan México para llegar a Estados Unidos afirman irse de su país por temas relacionados con la violencia, de acuerdo con un reporte de Médicos Sin Fronteras. Pero, además, el camino esta lleno de peligros debido a los varios grupos de delincuentes que asaltan a los inmigrantes, o las lesiones que pueden sufrir al caerse de los vagones de «La Bestia», la red de trenes sobre la que normalmente recorren México. El fenómeno de las caravanas, en ese aspecto, ha surgido como una forma segura de atravesar el país azteca al protegerse dentro de un grupo grande. Asimismo, el enorme contingente goza de una enorme atención mediática que les garantiza protección ante cualquier acción abusiva por parte de las autoridades de inmigración mexicanas, que se encuentran desbordadas ante la situación.

Residencia temporal

Con el objetivo de disminuir el tamaño del grupo y, así, contentar a Donald Trump, el gobierno mexicano lanzó un programa para ofrecerles residencia temporal, un estatus con el que podrían trabajar y tener acceso a servicios de salud. No obstante, la oferta se limita únicamente a los estados sureños de Oaxaca y Chiapas, dos de las regiones más pobres del país. «Si me dan residencia pero puedo moverme libremente por México, me quedó aquí y desisto de Estados Unidos», dice Wilson, de 35 años, quien ya fue deportado una vez. «Para quedarme en Oaxaca y Chiapas me vuelvo a Honduras», añade.

De izquierda a derecha: Carlos, Wilson y Miguel
De izquierda a derecha: Carlos, Wilson y Miguel - A. E.SPALLARGAS

Carlos opina igual. De profesión mecánico, Carlos aspira a conseguir trabajo dentro de las miles de plantas industriales que plagan el lado mexicano de la frontera con Estados Unidos. «En México hay oportunidad. La paga no es tan buena como en Estados Unidos, pero ir para allá está muy difícil con Trump», comenta. Precisamente, Trump ha prometido enviar a más de 5.000 soldados a la frontera para que frenen a toda costa el acceso de las caravanas a territorio estadounidense. De hecho, el presidente ha asegurado que si los centroamericanos tiran rocas a los agentes fronterizos, el ejército considerará el ataque como si hubiera sido realizado por armas de fuego y procederá a disparar.

Por ello, la caravana planea descansar unos cuantos días en México para decidir qué hacer mediante la celebración de una asamblea general. De un lado están los partidarios de recorrer los 2.800 kilómetros que faltan hasta Tijuana e intentar penetrar en Estados Unidos. Pero del otro lado, hay varios que prefieren obtener un permiso para poder quedarse en México y aplazar el sueño americano. «Haré lo que decida la mayoría», comenta Junior, «hasta ahora nada ha conseguido pararnos. Y seguirá así mientras permanezcamos unidos», sentencia.