El canciller Schröder dimite de la presidencia del partido Socialdemócrata

Schröder, que sólo fue valorado en el partido porque ganaba elecciones, dimitió ayer de la presidencia del SPD y designó como candidato a su leal escudero

RAMIRO VILLAPADIERNA. CORRESPONSAL
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BERLÍN. «Me voy a concentrar en mi trabajo como jefe de Gobierno», argumentó ayer el canciller alemán, Gerhard Schröder, reconociendo cuánta reticencia para lanzar las incipientes reformas y cuánta energía perdida en negociarlas con los sectores más recalcitrantes de la vieja socialdemocracia, por no hablar de sus coaliados verdes en el Gobierno, más reformistas y alternativos que el tumefacto SPD.Un canciller tenido a veces por ligero y volátil explicó a la prensa que «se llega a un punto en que ya no es cuestión de hacer lo que uno quiero, sino lo que debe». La diferente apreciación que tenía el electorado, que lo votaba, y la vieja guardia, que lo desdeñaba, han hecho a Schröder sobrevivir a sus mandatos a base de órdagos y amenazas de dimisión; y es que, por mal que le fueran las cosas, siempre le iba mucho peor en las encuestas al partido Socialdemócrata que a su canciller.

Rosario de derrotas

Pese a la impresión de flojear, Schröder aprovechó su dimisión para volver a insistir sobre la histórica necesidad de reformas en Alemania, las más importantes en medio siglo. Pero el desconcierto y la desmoralización en las filas del SPD, a mitad de legislatura, son grandes y se han convertido en comidilla de la prensa en las últimas semanas. Desde que revalidó su mandato en 2002, el SPD ha perdido todas las elecciones regionales y 2004 viene anticipando otro rosario de derrotas.«Creo que las dificultades que hemos tenido para comunicar justifican» el abandono, tras cinco años al frente, confesaba ayer compungido el gran comunicador y el canciller más mediático posible. Distintas campañas oficiales dirigidas a estimular la innovación y la renovación en la cansina sociedad alemana no han logrado pasar el mensaje, pero aún concitan mayor desconfianza en la tradición ortodoxa del SPD.  En los últimos días el partido gobernante anda por el 30 por ciento de confianza, frente a un 45 por ciento de la oposición. El secretario general socialdemócrata, Olaf Scholz, un estrecho colaborador de Schröder pero un «aparatchik» impopular, ha tenido que dimitir tras el canciller. Observadores políticos no dejaron de subrayar a este diario el poder que pasa a acumular ahora Franz Müntefering, un auténtico guardaespaldas para el canciller, que detentará las jefaturas del partido y del grupo parlamentario. Sobre la secretaría general se especuló ayer en falso con el nombre de la presidenta del SPD en Baden-Württemberg, Ute Vogt, y el renano Edgar Moron.El ala izquierda, las juventudes (Jusos) y los sindicatos celebraron ayer el abandono de Schröder; la mayor sección del SPD, la de Renania del Norte-Westfalia, se dijo aliviada; en Hannover, ciudad natal de Schröder, el SPD elogió la dimisión; para la jefa de la oposición, Angela Merkel, «el SPD se derrumba» ante las pruebas de la reforma, «es el principio del fin». Un portavoz del grupo parlamentario de la CDU, Wolfgang Bosbach, dijo que «su marcha es consecuente» el canciller se habría «alejado del alma del partido».

Tradición del estado de bienestar

Empujado por el estancamiento general y las exigencias de los verdes, pero contra su corazón socialdemócrata y sus bases más ortodoxas, Schröder ha terminado lanzando en su segundo mandato un ambicioso paquete de reformas del gasto, el empleo, los impuestos, la sanidad y las pensiones, a falta aún de la educación, que chirrían con la tradición del estado del bienestar de raíz germánica. La izquierda no ha dejado de recordar al canciller que los recortes lastimarían, en primer lugar, a los sectores más debiles mientras se rebajaba en seis puntos el tipo máximo fiscal.