Bush y Blair coinciden en que la guerra de Irak necesita «un nuevo enfoque»

Tan sólo un día después de que el conocido como informe Baker tronara sobre la Casa Blanca y sacase los colores a la Administración Bush sobre su maltrecha estrategia en Irak, el presidente de Estados

JOSÉ LUIS DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK.
Actualizado:

Tan sólo un día después de que el conocido como informe Baker tronara sobre la Casa Blanca y sacase los colores a la Administración Bush sobre su maltrecha estrategia en Irak, el presidente de Estados Unidos, George Bush, se reunía en Washington con su homólogo británico, Tony Blai. Un encuentro que ambos aprovecharon para dejar muy claro que para «vencer en la zona hay que derrotar a los extremistas» aunque reconocieron que es necesario un «nuevo enfoque» para este cometido.

Pese a la polvareda levantada por las recomendaciones realizadas por James Baker y Lee Hamilton, copresidentes del Grupo de Estudio sobre Irak, tanto Bush como Blair intentaron hacer una defensa apasionada de la política norteamericana en Oriente Próximo. Al menos eso se pudo deducir cuando el mandatario estadounidense hizo referencia a los peligros que tiñen de sangre las calles de Bagdad y tensan las relaciones con Irán. En una clara referencia al papel protagonista de los líderes religiosos más extremistas en Irak y a la potencial amenaza nuclear del Gobierno de Teherán, Bush sentenció que «puedo ver con claridad estas amenazas y creo que es el deber de nuestros gobierno ayudar a que la moderación prevalezca».

Por su parte, el primer ministro británico no dudó en apostillar que «las consecuencias de un fracaso son graves y somos conscientes que la situación es inmensamente dura» al mismo tiempo que trazaba dos alternativas para los habitantes de la región. «La gente puede elegir estar sometida a una dictadura secular o religiosa, lo cuál no es una opción, o pueden disfrutar de una democracia similar a la que se utiliza en nuestros países», aseguró.

Durante la conferencia de prensa de ambos mandatarios, Bush se mostró dubitativo en lo que a aplicar cambios se refiere y ante la pregunta de si comenzaría a aplicar las recomendaciones del informe Baker, el presidente dijo que actualmente hay otros estudios al respecto por parte del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono, por lo que tomará decisiones políticas sustanciales «después de recibir dichos informes».

Por supuesto, el jefe de Estado puso de manifiesto que el documento presentado por Baker y Hamilton fue «una parte importante» de las discusiones y deliberaciones que se llevaron a cabo entre los dos defensores a ultranza de la invasión de Irak en marzo de 2003. De todos modos, Bush quiso dejar claro que no creía que «James Baker y Lee Hamilton esperen que llevemos a cabo todas sus recomendaciones».

Una de las medidas más importantes por las que apuesta la Comisión bipartidista es el diálogo directo con Damasco y Teherán hasta que ambos países garanticen que están dispuestos a renunciar a los programas nucleares y a no financiar el terrorismo. Sobre este asunto el presidente estadounidense no dudó en afirmar que «Si Siria e Irán no están comprometidos con el éxito en Irak, no deben molestarse ni en presentarse» a un eventual proceso de negociaciones, ya que «los países que participen en esas conversaciones no deben financiar el terrorismo y deben ayudar a una joven democracia a sobrevivir».

Blair incidió en que el documento del Grupo de Estudio, es probablemente «el único informe bipartidista que va a llegar a sus manos y, por tanto, es extremadamente importante para resolver la situación de forma bipartidista».

Baker y Hamilton

Tanto Baker como Hamilton, que ayer defendieron ante el Senado las 79 advertencias, entre las que se apostaba por la retirada de tropas en 2008 para prevenir un «caos total en la zona», han querido presentar este documento como una forma global de actuar en Irak. Baker se mostró preocupado por el cúmulo de inconvenientes y espera que «no se trate el asunto como si se tratara de una ensalada de fruta». Su colega Hamilton fue más allá y determinó que «es terriblemente importante reconocer que no se puede resolver el problema iraquí por partes».

El sucesor de Rumsfeld

Desde luego una cosa está clara: independientemente de las decisiones del presidente Bush, un soplo de aire fresco llega a la Administración Bush en lo que Irak se refiere tras el nombramiento a última hora del miércoles de Robert Gates como nuevo secretario de Defensa de EE.UU. en sustitución de Donald Rumsfeld. Gates declaró durante su comparecencia el pasado martes ante la Cámara Alta que «EE.UU. no está ganando» en Irak y que estaba dispuesto a considerar «nuevas ideas» para reconducir la situación. El próximo responsable de Defensa tomará posesión oficial de su cargo el próximo 18 de diciembre y fue elegido por el Senado por una aplastante mayoría de 95 votos a favor y dos en contra. Entre las tareas más inmediatas de su nueva agenda, Gates tiene planeado viajar a Irak para reunirse sobre el terreno con los responsables estadounidenses en la región.