El vicepresidente Cheney (izquierda) y el secretario del Tesoro, Paul O´Neill, se saludan, en presencia de la mujer de O´Neill y de George W. Bush. Reuters

Bush utiliza la crisis de California para avanzar su política de energía

Mientras California continuaba ayer en estado de emergencia por falta de electricidad, la nueva Administración Bush ha empezado a usar esta grave crisis para defender su propia agenda energética que insiste en facilitar al máximo la búsqueda, explotación y transporte de petróleo y gas. De no hacer nada, según la advertencia de la Casa Blanca, el caso del Estado de California puede «contagiarse» al resto del país.

WASHINGTON. Pedro Rodríguez, corresponsal
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Dentro del fabuloso juego de intereses políticos y económicos creado en torno a la pesadilla eléctrica de California, la Casa Blanca ha empezado a utilizar esta crisis como una especie de oportunidad para avanzar con su propia política energética que nada tiene que ver con la Administración Clinton para espanto del activo movimiento ecologista norteamericano. El nuevo Gobierno federal, en su segunda semana de actividad, ha empezado a plantear que la crisis californiana justifica un esfuerzo especial para facilitar la explotación de recursos energéticos básicos.

CUANTIOSAS SUBIDAS DE PRECIOS

El propio presidente ha avanzado su «profunda preocupación» porque el fiasco eléctrico de California pueda extenderse al resto del país en breve, con cuantiosas subidas de precios. Para coordinar los esfuerzos de su Gobierno en esta materia conectada al bolsillo de los norteamericanos, Bush ha recurrido a su vicepresidente Cheney, el ex presidente de la gigantesca empresa Halliburton, especializada en servicios petroleros. El todopoderoso «numero dos» va a encabezar una comisión especial, con la plana mayor del nuevo Gobierno, para hacer realidad la reiterada promesa electoral republicana: una política energética a largo plazo que rebaje la necesidad de importar crudo y aumente la capacidad nacional de producción eléctrica.

Esta declaración de buenas intenciones se traduce en proyectos legislativos muy polémicos como la posibilidad de buscar petróleo en las reservas ecológicas de Alaska o permitir la utilización de plantas generadoras antiguas, a pesar de que estas instalaciones produzcan emisiones contaminantes muy por encima de lo permitido por la legislación «verde» norteamericana. Alternativas que confirman los peores temores de algunos congresistas demócratas y del organizado movimiento ecologista en EE.UU., que no duda en calificar a esta nueva Casa Blanca como una fachada «hipersensible» a los intereses de la industria del petróleo.

Según estos sectores críticos, es una peligrosa falsedad el sugerir que por interferir en las reservas ecológicas de Alaska para buscar petróleo y gas natural se vayan a solucionar los actuales problemas con el suministro de energía eléctrica. Sin embargo, la situación en California está sirviendo efectivamente para crear una mayoría en el Congreso mucho más receptiva a los argumentos de la nueva Administración Bush.

El paquete de medidas energéticas impulsado por la Casa Blanca republicana prevé un presupuesto especial de 7.100 millones de dólares a invertir en los próximos diez años. Bush, fiel a su propia experiencia empresarial en Texas ligada al oro negro, quiere ofrecer subvenciones federales para aumentar la producción doméstica de crudo. Entre proyectos de nuevas pero impopulares infraestructuras se menciona un nuevo gaseoducto en Alaska y adicionales líneas de trasmisión eléctrica para trasladar con más facilidad los actuales excedentes de producción.

FONDO DE EMERGENCIA AGOTADO

Mientras el debate cobra forma en Washington, California ha agotado en sólo doce días su fondo público de emergencia con 400 millones de dólares para hace frente al problema. El gobernador Gray Davis, que hasta esta crisis se perfilaba como un posible aspirante demócrata a la Casa Blanca, decidió ayer seguir utilizando fondos estatales para evitar nuevos apagones. Decisión que coincide con nuevos cálculos independientes sobre las deudas astronómicas acumuladas por una de las principales compañías eléctricas del Estado, Edison and Pacific. Según los últimos datos, la compañía auditada acumula pérdidas superiores a los 4.500 millones de dólares que la sitúan al borde de la bancarrota si no se permite un aumento inmediato de tarifas.

Ayer, el Operador Independiente del Sistema —la autoridad que regula el caótico suministro eléctrico en California— declaró de nuevo el estado de alerta 3 por decimoquinta jornada sucesiva. Esta alerta significa que las reservas eléctricas son mínimos y es posible la aplicación de apagones forzosos, como ya ha ocurrido dos veces durante el mes de enero provocando abultadas pérdidas en la vibrante economía californiana.