Bush reconoce por primera vez el fiasco de Irak pero pretende enviar más soldados

La Casa Blanca empezó ayer un ostensible cambio de guión con vistas a las difíciles decisiones que tiene tomar en enero con respecto a su fallida estrategia en Irak. Aunque hasta la fecha, incluso

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON.
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La Casa Blanca empezó ayer un ostensible cambio de guión con vistas a las difíciles decisiones que tiene tomar en enero con respecto a su fallida estrategia en Irak. Aunque hasta la fecha, incluso durante la última campaña antes del repudio en las legislativas de noviembre, el presidente Bush había venido negando con vehemencia la posibilidad de una derrota en Irak, finalmente el ocupante del despacho oval ha abandonado su retórica triunfalista reconociendo al menos que Estados Unidos no está ganando.

En una entrevista publicada por el «Washington Post», completada con una repentina rueda de prensa como despedida de un pésimo año para su presidencia, George W. Bush indicó que «no estamos ganando pero no estamos perdiendo». Reiterando su frustración porque «no estamos teniendo éxito tan rápido como el que yo hubiera querido». Pronunciamientos que contrastan con recientes declaraciones en las que Bush sentenciaba sin reparos que «absolutamente estamos ganando en Irak».

El segundo gran cambio de dirección registrado ayer en Washington fue el respaldo de la Casa Blanca a una ampliación de las plantillas regulares del Ejército de Tierra y del Cuerpo de los «Marines». Planes que se interpretan como un preludio a la impopular pero contemplada opción de enviar sustanciales refuerzos a Irak para intentar contener la ofensiva de violencia sectaria y ataques de la insurgencia, que según las últimas cifras del Pentágono producen una media sin precedentes de 959 ataques por semana.

El reto de la lucha global

Aunque este mismo verano la Casa Blanca se había opuesto a expandir sus Fuerzas Armadas en sectores no favorecidos por la agenda de transformación y modernización aplicada por Donald Rumsfeld, el presidente reconoció ayer la necesidad de más soldados para hacer frente al reto de una lucha global a largo plazo contra el terror. Aunque Bush no entró en detalles, se espera que el Departamento de Defensa -cuyo nuevo titular Robert Gates se encuentra desde ayer precisamente de visita en Irak- proponga una ampliación gradual hasta lograr 70.000 soldados adicionales.

De acuerdo con el consenso de analistas militares, esta sustancial expansión de tropas regulares no se materializará de la noche a la mañana y no tendrá un efecto inmediato en la guerra de Irak. El «Army» estima que el coste adicional por cada 10.000 soldados adicionales es de unos 1.200 millones de dólares al año. Cifra muy superior a los 700 millones estimados en el 2001 en parte por los aumentos en bonos de reclutamiento y otros incentivos forzados por la guerra de Irak, camino de acumular tres mil bajas mortales en las filas del Pentágono.

Sobre lo que no hay muchas dudas es que esta expansión militar va a acelerar el volumen de la factura bélica para Estados Unidos. La Administración Bush prepara una petición presupuestaria por valor de 100.000 millones de dólares para hacer frente a las operaciones del Pentágono en Irak, Afganistán y otras zonas.

Desde el 11-S del 2001, el Congreso federal ha aprobado 500.000 millones de dólares en gastos bélicos. Según estimaciones parlamentarias, de aprobarse esta partida adicional, la Administración Bush se habría gastado más dinero en sus actividades bélicas que los 549.000 millones de dólares que costó la guerra de Vietnam.

Dentro de este comentado capítulo de declaraciones de fin de año, antes de trasladarse a su rancho de Texas, donde están previstas varias reuniones de alto nivel, el presidente Bush manifestó que no interpreta la victoria de los demócratas en los comicios de hace seis semanas como un punto y final de la implicación de Estados Unidos en Irak. Según Bush, a pesar de que su partido ha perdido la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, él percibe los resultados de noviembre como la obligación de encontrar nuevas formas de triunfar en Irak.

El presidente también confirmó que efectivamente contempla un aumento temporal de las tropas del Pentágono en el teatro de operaciones de Irak, pero recalcando que todavía no ha tomado una decisión definitiva al respecto.

Definir una misión

La Junta de Jefes de Estados Mayor estaría desaconsejando esta impopular opción porque sin una misión claramente definida, estas tropas adicionales sólo servirían para ofrecer más blancos a los insurgentes y alimentar la espiral de violencia.

En este contexto, ayer trascendió la jubilación del general John Abizaid, máximo responsable de las fuerzas militares estadounidenses en Irak como jefe del Comando Central. El diario «Los Ángeles Times» identifica a Abizaid, cuyo retiro habría sido bloqueado hasta ahora por Donald Rumsfeld, entre los generales que rechazan la idea de la Casa Blanca de enviar sustanciales refuerzos a Irak.

La salida del general Abizaid, conocido entre otras cosas por su capacidad para hablar árabe, permitirá seleccionar a un nuevo comandante para implementar los cambios que Washington estime oportunos a partir del año que viene.