Bush pide paciencia con Irak y afirma que una retirada ahora sería «devastadora»

Cuatro años. Más de 3.200 estadounidenses y 600.000 iraquíes muertos, según el informe Lancelot. Casi dos millones de refugiados, según la ONU. Más de 400.000 millones de dólares invertidos. Con ese

NUEVA YORK.
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Cuatro años. Más de 3.200 estadounidenses y 600.000 iraquíes muertos, según el informe Lancelot. Casi dos millones de refugiados, según la ONU. Más de 400.000 millones de dólares invertidos. Con ese balance, no es de extrañar que el 61 por ciento de los estadounidenses opine que la invasión de Irak no valió la pena. A ese estado de ánimo se enfrentaba el presidente George W. Bush ayer, que pidió más paciencia a su pueblo al entrar en el quinto año.

Bush no tenía mucho que ofrecer. Sí, el tirano ha muerto, pero su ahorcamiento fue más bien un motivo de vergüenza internacional. Doce millones de iraquíes votaron, pero los escuadrones de la muerte han florecido bajo el gobierno de Nouri al-Maliki. Su última esperanza es la promesa de devolver la seguridad a Bagdad, donde la población apenas tiene seis horas de electricidad al día. «El éxito (de este plan) llevará meses, no días ni semanas», advirtió el presidente en su discurso a la nación. «La nueva estrategia necesitará más tiempo para resultar efectiva. Y habrá días buenos y días malos».

Antes, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, había hecho la ronda de entrevistas en las cadenas de televisión abiertas para preparar el terreno. «Hemos invertido mucho. El sacrificio vale la pena, y al final estoy convencida de que los iraquíes unidos triunfarán».

Fracaso de Rumsfeld

Enfrentada a las preguntas, a diferencia del mandatario, Rice tuvo que admitir que su gobierno cometió errores durante la invasión de Irak, de entre los que identificó no haber tenido «suficientes fuerzas para limpiar un área y mantenerla bajo control», dijo en la CBS, haber puesto en marcha un plan «más localizado y más descentralizado» para reconstruir el país, así como una estrategia de contrainsurgencia más fuerte, como la que aplica ahora el general David Petraeus, que dice estar enfrentándose al mayor reto que haya tenido en sus 32 años de carrera militar.

Era, ahora que Donald Rumsfeld ya no está al frente del Pentágono, el reconocimiento implícito de que la estrategia del ex secretario de Defensa que inició la invasión con la cuarta parte de los hombres que pedían sus generales había sido un error. Rumsfeld, cuya cabeza política entregó Bush al pueblo tras la derrota de su partido en las elecciones de noviembre pasado, había querido modernizar las guerras del siglo XXI con menos hombres y más tecnología, convencido también de que los iraquíes celebrarían la llegada del ejército invasor como si fueran libertadores, en cuanto lograran derrotar al Ejército de Sadam Husein.

Rice dijo en la NBC entender el pesimismo iraquí, pero prometió que las cosas mejorarán. Su gobierno está convencido de que la estabilidad de Bagdad es la clave para pacificar al país.

Por su parte, el presidente Bush aprovechó la atención pública para poner al Congreso contra la pared al urgirle a que apruebe «sin demora» la nueva partida de fondos que ha solicitado. «Es tentador mirar los retos que hay en Irak y concluir que la mejor opción es hacer las maletas y volverse a casa», entonó antes de lanzar una carga de amenazas si eso ocurre, y afirmar que sería «devastador» para la seguridad de EE.UU. y para Irak. «Una epidemia de violencia se derramará por todo el país. Con el tiempo, esa violencia puede engullir la región. Los terroristas emergerán del caos con un paraíso en Irak con el que reemplazar el que tenían en Afganistán, que usaron para planear los ataques del 11-S», dijo acudiendo de nuevo a los fantasmas de las Torres Gemelas.