Bush justifica la permanencia en Irak con gestas como Normandía, Corea o Vietnam

Dicho por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, no a sus rivales políticos ni a la Prensa, ni siquiera al ciudadano corriente, sino a los veteranos americanos de guerra: «Nuestras

ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK.
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Dicho por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, no a sus rivales políticos ni a la Prensa, ni siquiera al ciudadano corriente, sino a los veteranos americanos de guerra: «Nuestras tropas están viendo progresos sobre el terreno en Irak. Y mientras ellos toman la iniciativa frente al enemigo, se preguntan: ¿sus representantes en Washington van a dejarles en la estacada justo cuando están cogiendo impulso y cambiando las cosas en Irak?».

Es sólo un extracto de un discurso de Bushdestinado a ser pronunciado ante una convención de veteranos de guerra en Kansas City, pero propagado por la Casa Blanca a todos los rincones del país. En él, el presidente sitúa la guerra de Irak en un eje de idealismo que se remonta al desembarco de Normandía y a la lucha contra el comunismo en Corea y en Vietnam. Soslayando esta última derrota, Bush afirma que la salida americana del país dio alas al régimen de terror de los jemeres rojos en Camboya.

«Se tenga la posición que se tenga en este debate, un innegable legado de Vietnam es que el precio de la retirada americana lo pagaron millones de ciudadanos inocentes, cuyas agonías han introducido en nuestro vocabulario nuevos términos como refugiados del mar, campos de reeducación y campos de la muerte», concluye Bush.

El presidente se resiste a dar por perdida la guerra, o a admitir que fue un error, como le piden a gritos los demócratas y algunos republicanos, temerosos de la constante sangría de popularidad en este asunto, en un año preelectoral.

Los congresistas neocon llevan meses luchando a brazo partido para que la mayoría demócrata no les arrebate el control de cuándo y cómo se retiran las tropas americanas, con qué fondos, etc. Pero esto no significa que no sean conscientes del desastre. Y que no deseen salir de él. Pocas cosas odian tanto los americanos, como el fracaso.