Bush insiste en que el terrorismo no intimidará al «mundo civilizado»

El cuartel general de la ONU se sume en la consternación mientras Koffi Annan reafirma el compromiso de que Irak recupere toda la autonomía perdida

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL
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WASHINGTON. El atentado contra la delegación de Naciones Unidas en Bagdad ha sorprendido al presidente de Estados Unidos jugando al golf durante sus vacaciones estivales en Texas. Aunque a primera hora de la mañana George W. Bush había expresado su alegría y esperanza por los últimos avances logrados en la complicada en Irak, el líder norteamericano ha tenido que ponerse traje y corbata para denunciar el brutal atentado contra funcionarios internacionales destinados a una misión con incuestionables fines humanitarios.

Según Bush, «por sus tácticas y sus objetivos, estos asesinos se autopresentan una vez más como enemigos del mundo civilizado». Para el líder norteamericano, esta última matanza demuestra la desesperación de la resistencia organizada por elementos leales a Sadam Husein. Recuperando la firmeza y seriedad utilizada durante los prolegómenos de esta polémica operación militar, el presidente de Estados Unidos ha recalcado que «el mundo civilizado no va ser intimidado» y que «estos asesinos no van a determinar el futuro de Irak».

No obstante, durante los últimos días, la Casa Blanca ha empezado a marcar distancias con el triunfalismo destilado el pasado 1 de mayo cuando desde la cubierta de un portaaviones frente a las costas de San Diego se cantaba victoria en Irak. En una entrevista concedida a la radio-televisión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Bush ha enfatizado que los combates militares no han terminado aún en el teatro de operaciones iraquí. El presidente también ha destacado el envío de contingentes internacionales para ayudar a los efectivos del Pentágono, que ya ha sufrido más de sesenta bajas mortales desde la declaración del 1 de mayo.

Consternación en la ONU

Cuando la noticia de la tragedia de Bagdad ha llegado hasta Nueva York, el cuartel general de la ONU se ha sumido en la consternación, especialmente al confirmarse la muerte del representante especial Sergio Vieira de Mello. El secretario general Kofi Annan, funcionario de Naciones Unidas antes de llegar a su actual cargo político, también se ha visto forzado a interrumpir sus vacaciones de verano en el norte de Europa y volver rápidamente a Manhattan ante lo que se considera como el mayor atentado contra el organismo multilateral fundado tras la Segunda Guerra Mundial.

Antes de salir de Europa, Koffi Annan ha dejado claro que «nada puede excusar este acto de violencia asesina e injustificada contra hombres y mujeres que han ido a Irak con un solo propósito: ayudar a que el pueblo iraquí recupere su independencia y soberanía, además de reconstruir el país tan rápido como sea posible y bajo líderes democráticos». Pese al abultado número de bajas entre sus funcionarios destinados en Irak, Annan -en consonancia con otras declaraciones del Consejo de Seguridad- ha reiterado el compromiso internacional para que el país árabe recupere cuanto antes toda la seguridad y autonomía perdidas.

Ante la muerte de Sergio Vieira de Mello -con probadas habilidades en lugares explosivos como Kosovo o Timor Occidental- el secretario general ha calificado al diplomático brasileño que encabezaba el esfuerzo de Naciones Unidas en Irak como una de las personas más valiosas en toda la organización. Como señal de luto, el cuartel general de la ONU en Nueva York ha retirado las banderas de todos los países miembros y ha bajado su insignia azul a media asta.