Bush se ve forzado a aceptar la dimisión de Bolton como embajador en la ONU

JOSE LUIS DE HAROSERVICIO ESPECIALNUEVA YORK. Finalmente, tras un polémico nombramiento directo por parte del presidente de Estados Unidos aprovechando un periodo vacacional del Congreso, John Bolton

JOSE LUIS DE HARO SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK.
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Finalmente, tras un polémico nombramiento directo por parte del presidente de Estados Unidos aprovechando un periodo vacacional del Congreso, John Bolton, embajador estadounidense ante Naciones Unidas, no ha querido renovar su cargo para un nuevo mandato, otro golpe contra la diplomacia norteamericana que Bush aceptó «con profunda pena».

Con esta decisión, el presidente da por terminados sus esfuerzos para convencer al Senado sobre una posible confirmación de Bolton para dicho puesto y ve como la derrota republicana en las elecciones legislativas del pasado noviembre se cobran la segunda víctima entre sus filas, tras la dimisión presentada por el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Bolton pasó a ocupar su cargo en agosto del año pasado cuando Bush decidió pasar por alto el proceso habitual para nombrar al representante de la nación ante la ONU, que en circunstancias normales hubiera dependido exclusivamente de la aprobación del Senado. Como los demócratas bloquearon la votación para una posible elección del favorito de la Casa Blanca para el puesto, Bush aprovechó las vacaciones estivales del Capitolio para nombrar al actual embajador de forma provisional sin necesidad de la aprobación de la Cámara Alta del Congreso. Como dicha alternativa se realizó bajo un receso legislativo, momento en que el presidente tiene atribuciones para hacer nombramientos sin confirmación del Senado, el funcionario elegido sólo puede ocupar el puesto hasta el término del periodo legislativo que, en esta ocasión, finaliza en enero.

Cambio de mayoría

El presidente tenía previsto aprovechar los últimos coletazos republicanos en el Senado, antes del cambio de poder, para confirmar a Bolton, que podría haber conservado su puesto pese a la victoria demócrata, pero tras los acontecimientos se puede dar a entender que la Casa Blanca podría haber previsto que el funcionario volvería a carecer del respaldo suficiente para ocupar su cargo, pese a que, según fuentes cercanas al gobierno estadounidense, contaba con el apoyo de «una fuerte mayoría bipartidista de senadores».

«Estoy en desacuerdo porque un puñado de senadores haya privado a Bolton del derecho a una votación que le confirmará o retirara de su puesto», aseguraba Bush que no dudó en añadir que «algunos se han decantado por obstruir dicha nominación pese a ser conscientes de que Bolton cuenta con el respaldo de la mayoría del Senado y que, bajo esta decisión, interrumpirán las labores diplomáticas estadounidenses en un momento decisivo».

Un apenado Bush aceptó la dimisión de Bolton aunque quiso dejar claro que este «obstruccionismo impide a los hombres y mujeres con talento el servir a su nación». Aún así, Bolton anunció en una carta con fecha de 1 de diciembre, que tras una «cuidadosa consideración pensaba que sus servicios deberían cesar con el vencimiento de la legislatura.