Bush se dirige al pueblo de EE.UU. para pedir más tiempo para Irak

En su octavo discurso en «prime time» sobre Irak -la impopular guerra que ha terminado por monopolizar toda su presidencia- George W. Bush ofreció anoche por primera vez un plan para una retirada

PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON.
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En su octavo discurso en «prime time» sobre Irak -la impopular guerra que ha terminado por monopolizar toda su presidencia- George W. Bush ofreció anoche por primera vez un plan para una retirada militar condicional y limitada. Todo un radical punto de partida con respecto a su reiterado rechazo a todas las presiones planteadas para poner plazos a un conflicto donde según la Casa Blanca se encuentra en juego la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad de Oriente Medio.

Durante su alocución de veinte minutos desde el Despacho Oval, el presidente reiteró que ha habido avances en materia de seguridad gracias a los 30.000 soldados de refuerzo ordenados el pasado enero. Además de asumir los planes esbozados esta semana por el general Petraeus al Congreso, lo que implica dejar en Irak al menos 130.000 efectivos para el próximo mes de julio, el mismo número desplegado antes de la escalada militar ordenada tras la salida de Donald Rumsfeld como secretario de Defensa.

Maniobras parlamentarias

Para los demócratas, no hay mucho que celebrar en estos planes para una retirada limitada y condicional. Por eso, la nueva mayoría en el Congreso de Estados Unidos se encuentra perfilando una serie de proyectos legislativos con el objetivo de modular la futura presencia del Pentágono en Irak. Entre estas propuestas se encuentra la iniciativa de obligar a que las tropas restantes en Irak se dediquen sobre a todo a misiones de entrenamiento y contraterrorismo con el fin de hacer posible una retirada más sustancial. Otra propuesta aspira a garantizar mayores periodos de descanso a las tropas entre destinos de combate, lo que en la práctica supondría una limitación del número de militares disponibles para ser destinados a Irak.

Con todo, para que cualquier de estas medidas prosperen se requiere en primera instancia una mayoría bipartidista de sesenta escaños en el Senado, elusivo listón necesario para superar previsibles maniobras parlamentarias de bloqueo. Este balance de fuerzas coloca en una posición decisiva al grupo de republicanos más moderados en la Cámara Alta.

Inevitablemente, toda esta polémica se ha filtrado a la campaña presidencial en curso con los aspirantes demócratas insistiendo en sustanciales retiradas de Irak y los candidatos republicanos secundando la posición de perseverancia de la Casa Blanca, con el senador John McCain a la cabeza. Desde su autobús electoral bautizado «Rendición No», McCain ha argumentado a favor de dar una oportunidad «a una nueva estrategia y un nuevo general que están funcionando».

En contraste, Barack Obama ha insistido en que «no hay solución militar en Irak y nunca la habido», defendiendo una retirada completa e inmediata. Mientras que Hillary Clinton ha exigido a Bush «honestidad y candor» y no otro nuevo montaje de «misión cumplida». En referencia a la ya famosa pancarta colgada sobre la cubierta del portaaviones «USS Abraham Lincoln» desde donde el presidente escenificó en mayo del 2003 el inicial triunfo de la invasión de Irak.