SPD: A la busca del tiempo perdido

Manuel PIEDRAHITA
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La «fase caliente» de las campañas electorales alemanas suele empezar un mes antes del día que se depositan los votos. Pero el SPD no ha tenido más remedio que adelantar la fecha y hoy en Hannover el canciller Schröder dará el pistoletazo de salida a la busca del tiempo perdido. Pese a presentarse ante el electorado encaramado en la cúspide del poder, valor habitual añadido para salir victorioso, los augurios de las encuestas no le son favorables. Si se confirman, sería el primer canciller que con sólo una legislatura se ve obligado a dar paso a su contrincante Edmund Stoiber. Por eso, la adelantada «fase caliente» del Partido Social Demócrata promete ser de órdago. Los estrategas electorales del SPD insisten en una campaña a la americana que tan buenos resultados les dio en 1999. Entonces un grupo de agencias de publicidad bajo la batuta de Detmar Karpinski, con experiencia en promocionar el tabaco «Lucky Strike», cuidó la imagen de Schröder.

Ahora, al contrario de la tradición electoral alemana (entonces Helmut Kohl se negó) habrá dos duelos televisivos al estilo espectacular de EE.UU.. Estoy seguro que al estadista Helmut Schmidt no le agradará ese «boxeo electoral» en el que participa su correligionario Schröder. Impera la imagen que ofrezca el buen actor más que las ideas del buen político. Dicen en la «Willy Brandt Haus», sede del SPD en Berlín y heredera de la popular «Barraca» de Bonn, que «Alemania es socialdemócrata».

¿Significa tal afirmación que los alemanes son de izquierdas? Yo creo que a la hora de ir a las urnas se impone el sentido común y la moderación: son centristas. Eso lo sabía muy bien el entonces canciller socialdemócrata, Helmut Schmidt. Durante la campaña electoral de 1976, que seguí muy de cerca, apeló al centro sociológico, y esa postura lógica le llevó a la victoria. Gerhrard Schröder hace cuatro años dijo que «en Alemania sólo se puede hacer política desde el centro», algo que quizá no ha logrado al aliarse con la política errática de Los Verdes. También en su propio partido el ala izquierda defensora de las esencias, capitaneada por Oskar Lafontaine, le ha puesto muchas zancadillas. Pero ha sido el propio Schröder su peor enemigo. No ha podido cumplir sus promesas de hace cuatro años que ilusionaron precisamente al electorado de centro. El mismo que ahora le da la espalda decepcionado por la magnitud del paro, frustrado porque Alemania ya no es la arrogante locomotora que estiraba de la economía europea, sorprendido por el deterioro de la enseñanza y avergonzado de la corrupción de más de un político o de los escándalos financieros al estilo de una república bananera.