Verheugen, responsable de la Ampliación, presenta su plan, ayer en Bruselas. Ap

Bruselas apoya restringir durante siete años la entrada de inmigrantes del Este

La Comisión Europea se sumó ayer a la propuesta alemana de restringir durante un periodo transitorio máximo de siete años la libre circulación de trabajadores de los países candidatos a la adhesión del Este de Europa. Una medida que, según Bruselas, se aplicaría con «flexibilidad», de modo que los países que quieran abran antes sus fronteras a la mano de obra del Este.

BRUSELAS. Alberto Sotillo, corresponsal
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Alemania hace tiempo que repite que la libre circulación de trabajadores del Este que aportará la Ampliación de la UE le suscita un grave problema. Es un problema en gran parte psicológico, ya que las previsiones de la propia Comisión apuntan que no habrá espectaculares oleadas de inmigrantes. Pero es también un problema político, pues Berlín teme que la cuestión sea explotada con objetivos xenófobos en sus cercanas elecciones. Así que, para calmar esas angustias, el responsable de Ampliación, el germano Gunter Verheugen, ha presentado un trabajo «flexible».

FLEXIBILIDAD NECESARIA

Bruselas se suma así a la propuesta germana de establecer un periodo transitorio a la libre circulación de trabajadores del Este de cinco años, ampliables a siete, pero con la flexibilidad necesaria para que abran antes sus puertas los países que insistan en que ese tiempo es excesivamente largo. A los dos años de la entrada de los nuevos socios, se haría una revisión del sistema para comprobar si aún es necesario mantener esas restricciones, de forma que abran sus puertas los países que las crean innecesarias; y aún sería posible una segunda revaluación antes de que se cumplan cinco años de rigor. Al cabo de este periodo, los Estados que insistan en que aún tienen graves problemas podrán ampliar la moratoria dos años más. En total, siete años será el periodo transitorio máximo aplicable a todos los países candidatos, excepto Malta y Chipre, que son Estados que no exportan mano de obra, sino que más bien la necesitan.

Verheugen señaló que la posibilidad de extender el periodo transitorio de cinco a siete años «es bastante teórica» y apuntó que, en su opinión, no cree que llegue a aplicarse. «Para finales de esta década —dijo—, el problema no será cómo impedir la llegada de la mano de obra, sino cómo atraerla». Y matizó que, si los Quince aceptan la fórmula de la Comisión, nadie impedirá que el país que quiera aplique el bienio adicional.

España no pone objeciones a la libre circulación de trabajadores del Este. Pero sí teme quedar en una posición difícil si Alemania resuelve sus problemas antes de que estén en vías de solución los de nuestro país. De aquí que, en previsión de la propuesta de Bruselas, el ministro de Exteriores español, Josep Piqué, afirmase recientemente que la libre circulación de personas está ligada también a la cohesión y a las ayudas económicas de las que se ha estado beneficiando ampliamente nuestro país. Es decir, que el problema alemán está ligado con el problema español.

Y es que la solución del contencioso de nuestro país se enfrentará inevitablemente con la oposición de Alemania, que es el país que más paga y que más piensa en cómo reducir sus aportaciones. A corto plazo, el problema germano sería la llegada en masa de trabajadores del Este; pero, a largo, su quebradero de cabeza es lo mucho que paga. Y si Alemania resuelve pronto su conflicto, se encontraría en una posición de fuerza para oponerse a las onerosas pretensiones españolas. Nuestro país cree que lo oportuno sería un acuerdo global, pero Verheugen insiste en que hay que avanzar y que hay que llegar a algún tipo de acuerdo sobre la circulación de trabajadores antes de que acabe este año. Berlín ya casi ha pulido todo el proceso de Ampliación, pero le queda una sospecha que sus representantes reiteran obsesivamente cada vez que encuentran a un interlocutor español: «¿Volverá a negociar Aznar con la misma tozudez sus fondos de cohesión? Que pesadilla...»