Brigitte Bardot posa con un chaleco amarillo, símbolo de las últimas protestas contra Emmanuel Macron
Brigitte Bardot posa con un chaleco amarillo, símbolo de las últimas protestas contra Emmanuel Macron - ABC

Brigitte Bardot y otros famosos se unen a la revuelta de los chalecos amarillos en Francia

El movimiento de protesta popular suma adeptos sin que exista dirección, organización ni portavoces

Corresponsal en ParísActualizado:

El movimiento de los chalecos amarillos ha comenzado a recibir el apoyo público de los personajes «people», famosos de la más diversa sensibilidad, desde Brigitte Bardot, leyenda nacional, hasta Kaaris, un músico rapero que se ha hecho millonario cantando horrores que tienen gran éxito en la «banlieue», los suburbios de París y las grandes ciudades.

Se trata de una evolución inflamable de la crisis nacional de los chalecos amarillos, un movimiento sin dirección, sin organización ni portavoces oficiales, que protesta contra la subida del precio de los carburantes y la carestía de la vida.

Más allá de la anécdota, más o menos pintoresca, el apoyo público de Bardot y Kaaris parece ser el principio de una evolución entre popular y populista que Marine Le Pen, a la extrema derecha, y Jean-Luc Mélenchon, a la extrema izquierda, apoyan con el fin evidentemente político de «apropiarse» de una revuelta de contornos tan imprecisos como imprevisibles.

Bardot y Kaaris, entre otras personalidades, han comenzado a fotografiarse con un chaleco amarillo. Personalidades poco conocidas fuera de Francia, pero muy populares en su patria, han comenzado a declarar su apoyo a la fronda amarilla. El cantante Pierre Perret, el actor Franck Dubosc, el humorista Arnaud Ducret, los presentadores de televisión Patrick Sébastien y Cyril Hanouna, entre muchos otros, se han fotografiado con chalecos amarillos o han hecho declaraciones de apoyo al movimiento.

Fracasa la invitación de Macron a negociar

El gran discurso nacional de Emmanuel Macron la mañana del martes, invitando a los chalecos amarillos a participar en la negociación de un nuevo contrato social, no ha tenido ningún éxito. Aquí y allá, por toda Francia, se suceden los llamamientos a nuevas jornadas de lucha, protesta, corte de carreteras y autopistas.

Sin organización nacional, sin portavoces oficiales, los chalecos amarillos proliferan y «florecen» por todas partes, sin que sea fácil calibrar el alcance exacto del movimiento. Numerosos analistas piensan que esta fronda pudiera ser el principio de un movimiento populista nacional de nuevo cuño, de contornos políticos más definidos, pero inquietantes para los sindicatos y partidos políticos tradicionales, aparentemente hundidos en una incomprensión y falta de representatividad evidentes.