José M. de Areilza - MONNET & CO.

Brexit sin conductor

Detrás del lanzamiento poco meditado de este salvavidas está Emmanuel Macron

José M. de Areilza
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La Unión Europea ha decidido ayudar a Theresa May en su tercer intento de aprobar en los Comunes el acuerdo de retirada, a muy pocos días de la fecha oficial de salida, el 29 de marzo. Solo concederá una prórroga corta de las negociaciones si el Parlamento de Westminster acepta este pacto. Si no, la propia UE agita el desastre de un Brexit sin acuerdo. El problema es que se trata de una amenaza poco creíble.

En el último minuto cabe que los 27 socios rectifiquen y ofrezcan una prórroga no condicionada. Además, siempre queda la posibilidad de que la última decisión del gobierno de May antes de caer sea revocar de forma unilateral la notificación de salida, algo autorizado por el Tribunal de Luxemburgo. Detrás del lanzamiento poco meditado de este salvavidas está Emmanuel Macron. El presidente francés se muestra impaciente por dejar atrás un dossier que consume gran parte de las energías europeas. Busca escenificar para consumo doméstico una victoria ante la debilidad británica. Pero se trata de una estrategia miope, tanto si funciona como si fracasa.

La primera ministra tiene que pasar de culpar del posible desastre a los miembros del Parlamento y de enfrentarse con el speaker John Bercow a convencerlos. Solo entonces el Reino Unido saldrá por fin de la UE, justo antes de las elecciones europeas. Lo hará con un mal acuerdo (no cubre servicios, por ejemplo) y tendrá que empezar a negociar una asociación económica permanente de incierto resultado.

La propia Unión se dará cuenta enseguida de que tenía mucho que ganar si con paciencia y sutileza hubiese conseguido que los británicos se quedasen. Si fracasa la operación en marcha de apoyar a Theresa May para que su parlamento apruebe la retirada, el Consejo Europeo tendrá que actuar de nuevo de urgencia la semana que viene. Se contradecirá entonces ofreciendo una prórroga larga y sin muchas condiciones, un contagio penoso de la falta de estrategia de los pilotos del Brexit. Será entonces el momento de Angela Merkel, que ve mucho más largo en esta ocasión que su socio francés.

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