Boris Johnson, conciliador: «Nada va a cambiar de inmediato»

El probable sucesor de Cameron asegura que el Reino Unido seguirá jugando un papel importante en Europa y dice que no urge aplicar el artículo 50 para la desconexión

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Boris Johnson, el ex alcalde de Londres, de 52 años, se ha reservado para hablar hasta casi las dos de la tarde. Compareció frente a un cartel de su campaña Vote Leave y acompañado del que muchos señalan como el cerebro gris de la misma, Michael Gove, el hábil y escurridizo ministro de Justicia. Boris, el gran vencedor del día, más que probable líder tory en otoño, pues es el más popular entre la familia conservadora, se mostró constructivo tras el Brexit e intentó restarle dramatismo: «No podemos dar la espalda a Europa porque somos parte de Europa. Nuestros hijos y nietos viajarán allí para aprender idiomas y conocer las culturas de nuestra civilización europea».

También serenó a los comunitarios que viven en el Reino Unido y a los británicos que lo hacen en Europa recalcando, al igual que el primer ministro, que «nada va a cambiar a corto plazo». Cameron dijo en su comparecencia de renuncia a primera hora de la mañana que él no activaría la aplicación del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, que debe poner en marcha la salida, porque entiende que eso debe hacerlo ya el nuevo primer ministro que negocie el Brexit. Johnson, que parece no tener prisa y que es consciente de que casi la mitad de la población quería seguir en Europa, señaló que él tampoco es partidario de aplicar de inmediato el Artículo 50.

Boris y Gove no aceptaron preguntas y con gesto serio se limitaron a leer sendos comunicados. Ambos elogiaron a Cameron, «un gran primer ministro», en palabras de Gove. Boris, de corbata roja, muy serio e institucional, sin ninguno de los rasgos de humor que son su divisa, fue más generoso. Habló de «uno de los grandes primeros ministros de su era» y destacó su legado económico, su «valentía» e incluso su filosofía de un «conservadurismo compasivo».

Respondió con un «no estoy de acuerdo» a los que dicen que fue una idea desdichada convocar un referéndum que ya tiene a la bolsa y a la libra en jaque, «porque no había otra manera de tomar una decisión de esta magnitud que preguntar a la gente, la democracia consiste en que la gente tome sus decisiones».

«No seremos menos europeos», repitió para tranquilizar, «no habrá aislacionismo», «seguiremos teniendo un liderazgo importante en Europa, porque somos parte de ella». Algo sin duda se ha roto, pero cunde la sensación de que más que un eurófobo de corazón, Johnson aprovechó la bandera nacionalista para aproximarse al Número 10 de Downing Street, y le ha salido bien, pues salvo que le disputen el puesto Theresa May, la valorada ministra de Interior, o el propio Gove, parece tener la sucesión ganada. Su popularidad es enorme y con esta victoria además se prestigia. Ya no es «el bufón del reino» al que despreciaba el ex premier John Major en campaña.

Excéntrico e hijo de una familia excéntrica, poco después de su comparecencia su padre, Stanley, escritor, ecologista y antiguo empleado de la UE, ofrecía una entrevista a la BBC con el Parlamento a sus espaldas y ataviado con una camiseta pro Remain, en la que ponía «Remain for the nature». El padre y los hermanos de Boris apostaban por el In. Pero ha sido el Out lo que les traerá probablemente a un primer ministro a la familia.