Francisco de Andrés

La bomba demográfica latina

Pese a la amenaza que pende sobre ellas, las madres hispanas tienen el doble de hijos que las blancas en EE.UU.

Francisco de Andrés
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La reforma de la ley migratoria presentada por el presidente Trump deja una vez más aparcada la cuestión vital de los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos. En el mejor –más bien peor– de los casos ofrece un apaño injusto: dar prioridad a los sin papeles que dominen el inglés y tengan más preparación profesional frente a los que aducen lazos familiares. En este último capítulo se encuadran buena parte de los «dreamers», los latinos que llegaron al país de niños de la mano de sus padres.

Lejos queda la expectativa, si había alguna, de que Donald Trump anunciara facilidades para los sin papeles que llevan años residiendo en Estados Unidos, para compensar su política de palo para los recién llegados o para potenciales inmigrantes latinos. Paradójicamente, el presidente que más ha hecho por los «soñadores» y por los ilegales ha sido George W. Bush, que intentó una gran amnistía. Su sucesor, Barack Obama. lo reconoció públicamente al llegar a la Casa Blanca; pero él –pese a ser demócrata y miembro de la minoría negra– no hizo luego nada por los millones de inmigrantes latinos. Justo es reconocerlo para no arrojar todo el estigma sobre el republicano Donald Trump.

En el fondo del rechazo a la inmigración hispana late el miedo de la élite dirigente «wap» (blancos y protestantes) a seguir perdiendo peso demográfico en los Estados Unidos. Esta misma semana se hicieron públicos los datos de 2018: El número de nacimientos descendió el año pasado un 2 por ciento respecto al año anterior, y fue el más bajo en tres décadas. La estadística muestra que las latinas tienen más hijos que las mujeres blancas, exactamente el doble, lo que aumenta el porcentaje de población hispana en el país.

Otro dato sorprendente de la estadística oficial: el mayor declive demográfico entre los «wap» se ha producido durante estos casi tres años de mandato de Donald Trump. Y ello pese a que la economía y el empleo han mejorado. ¿Cómo explicarlo?

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