El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro - EFE

Bolsonaro hace concesiones a los brasileños que quieren armas y conducir a alta velocidad

Ese cálculo no incluye a los habitantes de zonas rurales que también pueden tener armas en casa, lo que puede convertir el interior de Brasil en una vieja película de vaqueros

Corresponsal en Sao PauloActualizado:

Rodeado por políticos que imitaban con las manos el gesto de disparar, marca registrada de su Gobierno, el brasileño Jair Bolsonaro firmó un polémico decreto que permitirá que cazadores, deportistas de tiro, coleccionistas, abogados, políticos y periodistas, cerca de dos millones de personas, puedan andar armados en las calles de un país con altísimos índices de violencia.

Ese cálculo no incluye a los habitantes de zonas rurales que también pueden tener armas en casa, lo que puede convertir el interior de Brasil en una vieja película de vaqueros. Según la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), entidad de la Iglesia Católica, la violencia en el campo envolvió más de 960 mil personas en 2018, con 1489 conflictos registrados, entre hacendados, campesinos e indígenas.

Además de los políticos y seguidores de Bolsonaro, celebraban los dueños y accionistas de la empresa brasileña Taurus, cuyas acciones literalmente se dispararon, casi un 20% en la bolsa, en un sólo día. La empresa informó que está lista para el fin del monopolio, otro de los puntos de la norma, que abre el mercado a la importación de armas.

«Estoy haciendo algo que el pueblo siempre quiso», dijo el presidente, que sigue imponiendo peligrosamente su estilo armamentista y anti-reglas, que incluye la flexibilización de las normas de tránsito. Brasil es el cuarto país que más mata en el tránsito, después de China, India y Nigeria, según la OMS, con un promedio de 47 mil víctimas fatales y 400 mil personas con secuelas.

«No es un proyecto de seguridad pública. Es nuestra comprensión de algo más importante: un derecho individual de quienes por ventura quieran tener un arma», explicó el excapitán del ejército. Brasil registró el año pasado 51.589 asesinatos, una reducción del 13% en comparación a los 59.128 del 2017, que sigue alto, con 24,7 muertos por cada 100 mil habitantes.

Las medidas atienden pedidos de sectores que tenían límites para la compra de municiones, como los deportistas, que reclamaban de no poder entrenar, pero especialistas en seguridad pública vienen mostrando preocupación, como el desgaste del estatuto del desarme, vigente desde 2003.

Con la norma, el límite de compra de municiones sube de 50 a 5 mil cartuchos al año para armas normales, y hasta mil cartuchos para las de gran calibre y semiautomáticas. El plazo de validez del certificado de registro, pose y porte de armas aumentó a 10 años.

«El presidente beneficia a un pequeño grupo de individuos, en perjuicio de la seguridad pública», resaltó en una nota el instituto «Sou da Paz» (soy de paz). En su análisis, la entidad que propone salidas contra la violencia, concluye que las medidas que facilitan la compra y la circulación de armas en las calles deben empeorar el escenario grave de falta de seguridad que viven los brasileños.

Según la organización, el Ejército contabilizó más de 350 mil armas en manos de coleccionistas y verifica un aumento de desvíos hacia el mercado ilegal. Al mismo tiempo, las concesiones para coleccionistas aumentaron un 879% en los últimos cinco años, absorbiendo la estructura del estado en la burocracia de los registros y desenfocándolo de sus funciones.

Placer de conducir

Otro cambio en las reglamentaciones que ha generado polémica, son las medidas que Bolsonaro viene tomando contra las leyes de tránsito. Aficionado a vehículos de alta velocidad, el exparacaidista, que suele dar vueltas de moto, defiende el fin de los radares en las autopistas para devolverles a los brasileños el «placer de conducir».

«El radar sobrepasó aquella idea de proteger la vida. Es un tragamonedas», declaró en un popular programa de TV de domingo, confirmando que su ministro de Infraestructura, Tarcísio de Freitas, ya negó unos 8 mil pedidos de instalación de radares y anunciando que los contratos vencidos no serán renovados.

En marzo, el presidente también anunció el fin de los reductores de velocidad, que detectan la rapidez de los vehículos sobre el asfalto. Uno de los argumento del presidente contra los radares son los últimos datos que muestran reducciones en los índices de accidentes, pero esos registros ocurren precisamente en áreas monitoreadas.

Hace dos semanas, el diario Folha de São Paulo informó que la familia Bolsonaro - incluyendo el presidente, su esposa Michelle y sus tres hijos políticos, Flávio, Carlos y Eduardo- recibió 44 multas en los últimos cinco años, 24 de ellas por exceso de velocidad. Las multas del presidente son seis, todas graves. Son cuatro por alta velocidad, una por cruzarse la luz roja, y otra por manejar en el carril exclusivo para autobuses.

Para imponer sus gustos por la alta velocidad, Bolsonaro tendrá que enfrentar determinaciones judiciales que le han exigido estudios que comprueben la decisión de eliminar los radares y dispositivos de control.

Un estudio del gobierno del estado de São Paulo, informa que la carretera paulista más vigilada registró un 31% menos de muertes en accidentes, que otra con cinco veces menos radares, entre enero y febrero de este año.

Según el último informe de la Confederación Nacional de Transportes (CNT), sólo el 12,4% de la red de carreteras brasileña es pavimentada, mitad con problemas de calidad y de señalización. Ya la mayor parte de las pistas, el 92,7% es de mano única, lo que también aumenta el riesgo a alta velocidad.