Simpatizantes de Jair Bolsonaro/ Bolsonaro: el Trump brasileño - REUTERS/ VÍDEO: ATLAS
CLAVES DE LATINOAMÉRICA

Bolsonaro: una agenda de gobierno llena de contradicciones

El próximo presidente brasileño ha sido confuso en la campaña para ganar votos muy dispares y aglutinar el rechazo al PT

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Jair Bolsonaro tomará posesión como nuevo presidente de Brasil el próximo 1 de enero, sin que su acción de gobierno esté claramente definida. Partiendo de posiciones radicales, durante la campaña electoral moderó o incluso cambió completamente algunas de sus propuestas con el fin de atraer votos de diferentes electorados.

Aunque se sabe bien quién es Bolsonaro y cómo piensa realmente, se desconoce cuál de los Bolsonaros vistos en campaña acabará gobernando. En parte esa nebulosa era estratégica: ha sido la manera de unir a la mayoría de aquellos a los que sobre todo les movía el rechazo al Partido de los Trabajadores.

Carlos Malamud, investigador principal del Instituto Elcano, se muestra inclinado a esperar profusos signos de radicalidad por parte del nuevo presidente brasileño, tal como expuso en una reciente intervención en la Latin America Summit de la Universidad de Navarra.

Retroalimentarse con Trump

Para Malamud, la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca, a la que el polémico empresario llegó utilizando algunos tonos no muy distintos de los del candidato brasileño, tendrá una diferente influencia en los dos nuevos líderes populistas de Latinoamérica: el de izquierdas, Manuel Andrés López Obrador (México), y el derechas, Jair Bolsonaro (Brasil).

Según Malamud, «Trump va a moderar las peores tendencias de López Obrador», pues el próximo presidente mexicano, que toma posesión del cargo el 1 de diciembre, «sabe que se juega mucho en su relación con Estados Unidos». «Trump y López Obrador son muy nacionalistas, pero saben que necesitan entenderse».

En cambio, «es probable que Trump exacerbe las peores pulsiones de Bolsonaro». De acuerdo ambos en muchos asuntos, como su desconfianza del libre comercio, su incredulidad respecto al cambio climático o su rechazo de la multilateralidad internacional, Bolsonaro puede creerse alentado por el presidente estadounidense a extremar su gestión.

Por su parte, Michael Reid, editor de «The Economist», igualmente presente en la Latin America Summit, prefiere no prejuzgar la próxima acción de gobierno de Bolsonaro, si bien adelanta que será «un Gobierno bastante mediocre, tanto por sus contradicciones internas como porque Bolsonaro no tiene ninguna experiencia ejecutiva». «Existe el riesgo de que Brasil complete otra década perdida», asegura.

En un repaso de distintas áreas, Reid aventura lo siguiente:

POLÍTICA. Bolsonaro no a va encabezar una dictadura, ni tampoco un Gobierno militar, aunque nombre como ministros a personas que han pasado por el Ejército. El grueso de las Fuerzas Armadas brasileñas está con la Constitución y la institucionalidad, y además el empresariado del país no desea ninguna dictadura. No obstante, existe un riesgo de deterioro de la calidad democrática.

ECONOMÍA. Bolsonaro partía de posiciones corporativas, de apoyo a muchas de las reivindicaciones de los trabajadores públicos. Durante la campaña electoral, sin embargo, fue adaptando su discurso a planteamientos más liberales, incluso neoliberales en algún extremo. El entusiasmo que ya demostró la bolsa por su triunfo en la primera vuelta de las presidenciales indica bien las expectativas creadas en el mundo empresarial. Sin embargo, Bolsonaro no podrá contentar a todos. La situación fiscal es insostenible: la deuda pública llegó al 84% en 2017 y alcanzará el 90% en 2019, según el FMI (la segunda más alta de Latinoamérica, descontando Venezuela). La reducción del gasto público y la reforma de las pensiones, que en Brasil suponen una especial carga (por la especial generosidad con los funcionarios) no serán tareas fáciles.

SEGURIDAD. El presidente electo se ha mostrado laxo sobre los requisitos que limitan las situaciones en las que la Policía puede disparar –y matar en su caso– en su enfrentamiento con los delincuentes. Esa defensa de mayor poder de fuego podría llevar a un aumento de los muertos a manos de la Policía, como ha ocurrido en Filipinas debido a planteamientos semejantes defendidos por el presidente Rodrigo Duterte. No obstante, conviene recordar que en Brasil las competencias de orden público están en manos de los estados, por lo que la autoridad del Gobierno federal en esta materia ser ve recortada.

POLÍTICA EXTERIOR. La simpatías hacia Donald Trump llevarán a Bolsonaro a una gran identificación con las líneas seguidas por la Casa Blanca. En concreto, el exmilitar ha defendido trasladar la Embajada de Brasil en Israel desde Tel Aviv a Jerusalén, como ha hecho la Administración Trump. Bolsonaro ha prometido aplicar un mayor escrutinio a las inversiones de China, país sobre el que ha mostrado una gran desconfianza. Esas reticencias hacia China, sin embargo, no debieran conducir a una hostilidad, al menos mientras Brasil quiera seguir formando parte del grupo de los BRICS, donde participan ambos países.

MEDIO AMBIENTE. Lo más probable es que con Bolsonaro se acentúe la deforestación de la selva amazónica. Los intereses agropecuarios, que tienen una gran influencia entre los senadores y los diputados brasileños, prefieren los beneficios que aporta la extensión de cultivos, singularmente la soja. El Gobierno de Michel Temer ya cedió a esos intereses y se espera que el nuevo presidente haga lo mismo. Su anuncio de fusionar el Ministerio de Medio Ambiente con el de Agricultura sugiere que los criterios medioambientales quedarán supeditados a la conveniencia de agricultores y ganaderos.