Daesh publicó el lunes la última fotografía del terrorista
Daesh publicó el lunes la última fotografía del terrorista

Cameron pagó un millón de libras de indemnización a un terrorista suicida de Daesh

Jamal al-Harith, que se inmoló el lunes en Mosul, había sido compensado por sus dos años en Guantánamo

Corresponsal en LondresActualizado:

Jamal al-Harith, un terrorista suicida británico de 50 años que el lunes se inmoló en Mosul en un todoterreno cargado de explosivos, había recibido en 2010 una indemnización de un millón de libras del Gobierno británico. El Ejecutivo lo compensaba así por dos años de encarcelamiento en el campo X-Ray de Guantánamo, al entender que el espionaje británico había contribuido a los malos tratos que recibió allí. A cambio, al-Harith se comprometía a guardar silencio. Tras diez años viviendo en Manchester sin ser bien controlado por la policía, en 2014 viajó a Siria y llevaba tres años combatiendo con el Daesh.

En un primer momento, toda la prensa británica dio por sobreentendido que el dinero había sido pagado por el Ejecutivo de Tony Blair, que hizo la gestión por la que el terrorista fue liberado en 2004. El diario conservador sensacionalista “Daily Mail” incluso dedicó este miércoles una durísima portada al ex premier laborista por el supuesto pago del millón. Pero Blair ha emitido un comunicado muy duro contra el periódico y revela que quien abonó la indemnización fue el Gobierno de David Cameron, en 2010.

El caso había encendido a la prensa popular británica. El tabloide eurófobo “Daily Mail”, cargó las tintas en Tony Blair, quien justamente acaba de lanzar una campaña animando a los británicos a “levantarse contra el Brexit”. “El suicida de E.I. al que tu pagaste un millón”, titulan. “Furia contra el Gobierno laborista”, añaden en el subtítulo. Pero Blair los acusa de mentir, porque quien pagó fue Cameron, y de “hipócritas”, pues asegura que en su día el periódico capitaneó una campaña para que al-Harit fuese liberado de Guantánamo.

Daesh publicó el lunes la última fotografía del terrorista, en la cabina del 4X4. Muestra una sonrisa exagerada y unas pupilas brillantes, instantes antes de acelerar contra una base de la Novena División del Ejército iraquí, en las afueras de Mosul. En el video, el vehículo avanza en medio de una polvareda y al final se ve una columna de humo. En el ataque participaron otros tres suicidas. Los terroristas hablan de “numerosas bajas”, sin concretar.

“Es él. Lo reconozco por su sonrisa”, ha dicho el hermano del suicida, Leon Jameson, de 53 años, tras ver su foto. “Ha malgastado su vida”, añade, aunque dice que no se avergüenza del él.

La historia de Jamal a-Harith es la de tantos británicos de familias inmigrantes captados por el fanatismo salafista. Nacido como Ronald Fiddler, sus padres procedían de Jamaica y eran cristianos devotos. Ronald fue un joven deportista, que destacó en kárate, fútbol y baloncesto. Estudió informática en una politécnica, donde se hizo diseñador de webs, y allí se convirtió a la fe musulmana. Sus familiares señalan que le influyó mucho la lectura de la autobiografía de Malcom X, el líder musulmán afroamericano, quien también marcó la transformación del boxeador Cassius Clay en Mohamed Ali.

Tras convertirse viajó seis meses a Sudán, en una época de gran presencia allí de Al Qaeda, y estudió árabe y los textos coránicos. En 1997 se instaló con su primera mujer en el Norte de Londres y tras dejarla volvió a Manchester, donde trabajó en una escuela islámica. En octubre de 2001 inició lo que llamó “un viaje religioso”, que acabaría con su detención por los talibanes en una prisión de Kandahar, donde lo encontraron las fuerzas estadounidenses tras conquistar el país.

La versión de al-Harith es que llegó como mochilero a Pakistán, pagó a un camionero para que lo llevase y acabaron en Afganistán, donde el vehículo fue interceptado por los talibanes, que lo tomaron por un espía inglés.

Llevado a Guantánamo, los estadounidenses no acabaron de cerrar una acusación concreta contra él. En 2002, sus captores descartaron que fuese miembro de Al Qaeda o un guerrero talibán, pero señalaron que suponía “una amenaza para EE. UU., sus intereses y aliados”, por lo que lo mantuvieron dos años más preso en el limbo jurídico de la base cubana.

El Gobierno de Blair, presionado entonces por haberse embarcado con Bush en la invasión de Irak, quiso tener un gesto para lavar su imagen. El ministro del Interior, David Blunkett, intercedió ante los estadounidenses por él y otros británicos presos en Guantánamo. En 2004, al-Harith aterrizó en el Reino Unido junto a otros compatriotas liberados de la prisión cubana. “Ninguno de los retornados es realmente una amenaza para la seguridad de los británicos”, declaró Blunkett a su llegada, una frase ahora controvertida tras el final de al-Harith en Mosul.

Tras ser interrogado superficialmente, los servicios secretos se desentendieron de él. Al-Harith había denunciado torturas en Guantánamo, inyecciones de sustancias extrañas y confinamiento en solitario. Incluso ofreció su testimonio ante el Consejo de Europa, en una comisión sobre Guantánamo. Todo su discurso se basaba en que había sido un viajero inocente sorprendido en el lugar inadecuado.

El Gobierno británico quiso evitar un juicio por malos tratos, porque el ex recluso podría airear datos relativos a la seguridad nacional, y Cameron –según ha revelado Blair- lo resarció con un millón de libras en 2010. Al año siguiente, el terrorista se compró un adosado de tres habitaciones en Stockport, en el Gran Manchester. Le costó 220.000 libras, que pagó con el dinero de los contribuyentes. Tres años después, en 2014, viajó a Siria para enrolarse en el Daesh.

Su segunda esposa, Shukee Begum, de 34 años y con la que tenía cinco hijos, uno de ellos un bebé. Logró viajar hasta Siria con su prole y se reunió con él en Raqqa. La mujer contó en 2015 al canal Channel 4 que su objetivo era convencerlo para volver al Reino Unido. Decepcionada con la vida en Raqqa y el fanatismo imperante, Begum, también de Manchester y licenciada en Derecho, logró huir con sus hijos y hoy se cree que vive en algún lugar cercano a la frontera con Turquía.