Desde finales de agosto, más de 600.000 Rohingyas han huido de Birmania y viven hacinados en campos de refugiados en Bangladés, como este de Kutupalong
Desde finales de agosto, más de 600.000 Rohingyas han huido de Birmania y viven hacinados en campos de refugiados en Bangladés, como este de Kutupalong - PABLO M. DÍEZ

Birmania y Bangladés acuerdan el regreso de los refugiados Rohingyas

La vuelta empezará dentro de los dos próximos meses, pero el acuerdo aún está por ver por la falta de detalles concretos

ENVIADO ESPECIAL A DACCAActualizado:

Después de tres meses de éxodo masivo, Birmania y Bangladés han acordado este jueves el regreso de los refugiados Rohingyas (pronunciése Rojingas). Desde finales de agosto, más de 600.000 personas han huido a Bangladés por los ataques del Ejército birmano contra sus poblados, lo que ha provocado una de las mayores crisis de refugiados de los últimos tiempos.

Tras dos días de negociaciones, ambos gobiernos han firmado un memorando de entendimiento para permitir la vuelta de los desplazados. «El acuerdo estipula que el regreso comenzará en los dos próximos meses», ha anunciado en un comunicado el Gobierno bangladesí. Sin embargo, no se han revelado los detalles de este acuerdo y no se sabe si Myanmar (nombre oficial de la antigua Birmania) concederá la ciudadanía a los Rohingyas, etnia musulmana que no reconoce entre los 135 grupos que forman el país. También se desconoce si los refugiados podrán volver a sus lugares de origen o a los «pueblos modelo» donde quiere asentarlos el Gobierno birmano, que las ONG temen que sean los guetos donde 140.000 de ellos llevan confinados desde 2012, de los que no pueden salir. Y, lo más importante, no se ha dicho cuántos desplazados aceptará Birmania, que ya ha dicho que no podrá acoger a los 620.000 que han huido, ni cuántos de ellos querrán regresar tras el horror que han sufrido.

Según cuentan los refugiados entrevistados por ABC durante los últimos días en los campos que han proliferado en Cox´s Bazar, en la frontera entre Bangladés y Birmania, sus casas fueron quemadas por los militares de este último país, que mataron o encarcelaron a los hombres de entre 20 y 30 años y violaron a las mujeres. El miedo que se ha desatado en el estado birmano de Rakhein (pronunciése Rajáin) es tal que decenas de Rohingyas siguen llegando cada día a Bangladés. Hasta que no se aclaren las condiciones del acuerdo sobre su seguridad, parece complicado que los refugiados acepten su repatriación.

Mientras el ministro de Exteriores bangladesí, Mahmood Ali, aseguró que se trataba del «primer paso», el diplomático birmano Myint Kyaing dijo que su Gobierno estaba preparado para recibir a los Rohingyas «tan pronto como sea posible», informa la BBC.

Pero el acuerdo despierta dudas por su falta de concreción. «Es completamente prematuro hablar del regreso cuando cientos de Rohingyas siguen escapando de la persecución y llegando a Bangladés casi cada día», critica Amnistía Internacional, que ha denunciado el “apartheid” que el Gobierno birmano practica sobre esta minoría musulmana en un país de mayoría budista. La ONG, que ha mostrado su preocupación porque el acuerdo ha dejado a un lado al Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, espera que «aquellos que no quieran volver a casa no sean obligados a hacerlo».

A la espera de ver cómo se concreta el acuerdo, la presión internacional sobre Myanmar ha acabado forzando la vuelta de los refugiados. Las dimensiones de esta crisis y las atrocidades relatada por los Rohingyas han empañado la imagen de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. Aunque “La Dama”, como es popularmente conocida en Birmania, se labró su fama como defensora de la democracia y los derechos humanos por los quince años que pasó bajo arresto domiciliario bajo la anterior dictadura militar, no ha salido a defender claramente a los Rohingyas. Tras ganar su partido en 2015 las primeras elecciones “libres” en Birmania en dos décadas, ella ostenta el poder, pero el Ejército sigue conservando bastante autonomía para hacer y deshacer a su antojo. Así ha quedado claro en esta despiadada campaña contra los poblados Rohingyas, lanzada después de que una guerrilla musulmana, el Ejército de Salvación de Arakan, atacara una base y treinta puestos militares el 25 de agosto.

Por esta respuesta, la ONU acusó a Myanmar de «limpieza étnica» en septiembre y EE.UU. lo hizo este miércoles. «Tras un cuidadoso y profundo análisis de los datos disponibles, está claro que la situación en el norte del estado de Rakhine constituye una limpieza étnica contra los Rohingyas», señaló el secretario de Estado, Rex Tillerson, en un comunicado tras haber visitado Birmania durante los últimos días.

Para Bangladés, la vuelta de los refugiados también es una prioridad porque la avalancha de estos tres últimos meses ha desbordado sus exiguos recursos. Además, en la frontera con Birmania ya viven unos 400.000 Rohingyas que han huido durante las últimas décadas.

El acuerdo se produce justo antes de que el Papa Francisco empiece este domingo su tercera gira por Asia, que le llevará precisamente a Birmania y Bangladés. En este último país se encontrará con un grupo de refugiados Rohingyas, cuya vuelta al hogar aún está por ver por la falta de detalles sobre su repatriación.