Los biocombustibles relegan la reforma agraria en Brasil

VERÓNICA GOYZUETA | SAO PAULO
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La crisis económica internacional puede perjudicar las relaciones entre el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y los movimientos sociales, que contaban con él como el hombre que realizaría la reforma agraria. Organizaciones como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), vinculada a la Iglesia católica, denuncian que buena parte de los recursos previstos en el presupuesto de 2009 para la reforma agraria han sido cortados drásticamente por la crisis.

Según el MST, Lula ha otorgado durante su gestión alrededor de 17.000 millones de euros en créditos a empresas como Bayer, Rhodia y Louis Dreyfus, mientras que los pequeños agricultores han recibieron menos de 3.000 millones de euros. «Lula ha beneficiado el «agronegocio» y ha liberado los transgénicos», dice Joao Pedro Stedile, economista y dirigente del MST. «Tenemos 100.000 familias acampadas en carreteras esperando la reforma agraria», añade. «El Gobierno de Lula no nos reprime, pero no tiene una posición clara sobre lo que es la reforma agraria».

La CPT presentó esta semana un estudio que muestra que el sector de la caña de azúcar, uno de los más apreciados por el Gobierno brasileño, ha sido el campeón de las denuncias de trabajo esclavo en 2008. «El sector fue responsable del 36% de las denuncias referentes a situaciones de trabajo degradante», informó la entidad.

Según la CPT, más de 30.000 personas ya han sido liberadas desde 1995, pero por lo menos 25.000 brasileños aún trabajan en régimen de esclavo.

Stedile, aliado de Lula cuando el presidente era sindicalista, cree que el mandatario podría haber adoptado propuestas del MST, que complementarían programas de su Gobierno, como el de la Bolsa Familia, y al mismo tiempo permitirían ampliar la reforma agraria.

Su principal decepción con el actual Gobierno es ver que las empresas agrícolas crecieron exorbitantemente en el país, empujadas por la demanda de materias primas, pero también con la campaña del presidente a favor de los biocombustibles.

Stedile sostiene, además, que Brasil es el segundo país del mundo, tras los Estados Unidos, que usa más venenos para plantar. «La población brasileña está consumiendo cada vez más cosas contaminadas». Finalmente, Lula apoya el modelo de cultivo de eucalipto, caña de azúcar y soja. El actual Gobierno está más preocupado por los biocombustibles, interesantes para los fabricantes estadounidenses y japoneses de vehículos, que por los campesinos, destaca Stedile.