Un hombre coloca banderines con los colores de Estados Unidos en Doonbeg (Irlanda)
Un hombre coloca banderines con los colores de Estados Unidos en Doonbeg (Irlanda) - Reuters

«Bienvenido Mister Trump» en un pequeño pueblo de Irlanda

Los vecinos de Doonbeg se vuelcan para recibir el miércoles al presidente de EE.UU., que posee allí un hotel de lujo

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Caroline O’Brien, dueña del pub Igoe Inn de Doonbeg, apenas tiene un momento de respiro. A pocos días de que Donald Trump pernocte en esta minúscula localidad asomada al Atlántico en el oeste de Irlanda, se afana por engalanar su local con banderines de Estados Unidos y preparar el festival de jazz que organiza cada año, que en esta ocasión tendrá especial sabor americano. «La visita va a tener un gran impacto en nuestro pueblo», confía O’Brien, cuyo establecimiento tiene más de cien años de historia a sus espaldas.

Trump emprende este lunes una breve gira europea, que abrirá en el Reino Unido y concluirá en Francia, donde asistirá a los actos del 75 aniversario del Desembarco de Normandía. Entre medias, el miércoles aprovechará para descansar en el hotel de cinco estrellas que adquirió en 2014 en Doonbeg. Frente a las protestas convocadas en otros puntos de su recorrido por Europa, allí el presidente estadounidense será recibido por todo lo alto.

Al más puro estilo de «Bienvenido Mister Marshall», los vecinos se van a volcar de forma entusiasta con el mandatario norteamericano, a pesar de que su estancia entre ellos será fugaz y puede que ni siquiera pise las calles del pueblo.

Cientos de empleos

Sin embargo, hay una gran diferencia con lo que sucedía en Villar del Río, la imaginaria localidad de la película de Luis García Berlanga. En Doonbeg la prosperidad por la llegada de los «americanos» no es un sueño vano, sino una realidad tangible. Y los lugareños se sienten profundamente agradecidos.

El lujoso complejo de Trump, que incluye uno de los mejores campos de golf del circuito internacional, da empleo a entre 250 y 300 personas de la zona. Teniendo en cuenta que el pueblo tiene tan solo 262 habitantes censados, los efectos sobre su economía son evidentes. A ello se suma el negocio que supone para proveedores y servicios de todo tipo del entorno.

Unos vecinos instalan una bandera de EE.UU. en un poste de una calle de Doonbeg
Unos vecinos instalan una bandera de EE.UU. en un poste de una calle de Doonbeg - Reuters

Además, la visita de Donald Trump será en sí misma una ocasión única para mostrar al resto del planeta los encantos de este apartado rincón del condado irlandés de Clare, en cuyas costas se perdieron en 1588 dos de las naves de la Gran Armada española, el San Esteban y el San Marcos. Doonbeg presume hoy de un paisaje espectacular y un ambiente de lo más acogedor. «La prensa internacional estará aquí y, aunque Doonbeg siempre ha tenido una gran reputación –subraya en declaraciones a ABC la dueña del Igoe Inn–, hay partes del mundo que nunca han oído de él, ¡y ahora lo harán!».

«Elegir o rechazar sus políticas es cosa de los estadounidenses. Aquí da un gran impulso a la zona»

El pueblo se ha llenado de banderas de EE.UU., que prácticamente se han agotado, y se han plantado flores en los parques y colocado maceteros con los colores de ese país. El miércoles habrá música y bailes tradicionales irlandeses en la calle. La fiesta se prolongará en los cinco pubs de la localidad y sus tres restaurantes ofrecerán lo mejor de los productos autóctonos. En uno de los bares, incluso práctican estos días para formar con la espuma de la cerveza la palabra «Trump». «Todas las tiendas, pubs y restaurantes esperan una semana frenética», asegura O’Brien. Hasta la iglesia está decorada con una bandera de EE.UU. y el párroco, el padre Joe Haugh, a sus 87 años se solaza jugando al golf en las instalaciones de Trump, según ha constatado Reuters.

«En la Irlanda rural estamos a menudo olvidados por las políticas del gobierno, que favorecen a otras regiones más pobladas, y el resort es enormemente importante al traer los empleos que tanto se necesitan, ingresos y actividades sociales», sostiene Cathal Blunnie, empresario que ofrece rutas en barco y miembro de la organización Doonbeg Community Development.

Música y diversión

Blunnie garantiza a Trump una «cálida bienvenida» para que disfrute de la «hospitalidad» de «esta preciosa parte del mundo» llena de «ceol agus craic», expresión irlandesa que viene a significar «música y diversión».

Para la gente de Doonbeg, las polémicas diarias por la política del líder norteamericano le son indiferentes. «Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos elegido democráticamente y un empleador e inversor en nuestra zona –asegura a este diario Willie Hanrahan, presidente de la asociación de agroganaderos del condado y también miembro de la entidad de desarrollo local–. Elegir o rechazar sus políticas es cosa de los ciudadanos de su país. Su presencia aquí dará un gran impulso a la zona».