Berlín, encrucijada de «justicia, paz y libertad»

Berlín, encrucijada de «justicia, paz y libertad»

RAMIRO VILLAPADIERNA | CORRESPONSAL EN BERLÍN
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La alegría que sustituyó a los carros de combate en el Check-Point Charlie, la subsiguiente reunificación de Berlín, de Alemania y, con ella, de Europa, fueron reconocidos ayer como un momento único de reconciliación y por ello ganaron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

En el XX aniversario del levantamiento popular contra el régimen comunista, que derribó a golpes el Muro, este premio al entendimiento hace singularmente honor a su adjetivo reconciliador.

Fritz Lang

En Berlín se experimenta la avasalladora y contradictoria historia del siglo XX, desde las trágicas ideologías a su descarada modernidad. Hubo la fascinación industrial que se refleja en la película muda «Metrópolis», de 1927, del director Fritz Lang. Y ahora Berlín es también central para la cultura gay, entre otras cosas.

El presidente del jurado valoró la propuesta de los eurodiputados Martin Schulz, Íñigo Méndez de Vigo, Andrew Duff y Enrique Barón, argumentando que «Berlín representa la capacidad de Europa de liderar en el mundo ideas innovadoras de progreso de libertad y de justicia». Así que, como Marlene, como Joseph Roth, o Walter Benjamin, el Príncipe de Asturias ya tiene para siempre «una maleta en Berlín», que es esa rara vivencia de quienes han necesitado huir de su magnetismo, reconociendo que no podrán no regresar a la capital que mejor ha encarnado el siglo XX.

Ciudad por excelencia del salón literario, de Bettine y Arnim von Arnim; de hugonotes y exiliados como Theodor Fontane y Roth, de pensadores «prisioneros del viejo y el nuevo mundo», como Benjamin, de cabaretistas y poetas revolucionarios como Tucholsky o Brecht, de la Alexander Platz de Alfred Döblin y de Fassbinder, de los niños drogadictos de la estación del Zoo, y del «cielo sobre Berlín» de Wim Wenders.

El alcalde presidente de la ciudad-estado resultó ilocalizable a lo largo del día de ayer, pero emitió un comunicado calificando el galardón como «reconocimiento a la revolución pacífica que cambió el mundo tan positivamente» y «honor extraordinario para la capital alemana, que lo acepta en nombre de todos los ciudadanos que en 1989, y en las dos décadas posteriores, han contribuido a la superación de la división y sus consecuencias», dice Klaus Wowereit, según el deseo para Berlín de su predecesor y luego canciller, Willy Brandt, de que debía «unirse lo que debe estar unido».

La actual canciller es símbolo de muchas cosas, pero sobre todo de ese reencuentro. Para Rainer Eppelmann, cofundador del partido Resurgimiento Democrático del que Angela Merkel fue primera portavoz, «está claro que queda un largo camino para superar las diferencias». Y, este pastor protestante, ex diputado, ex ministro y ex preso político, dice que el ciudadano del Este es como «un hombre mayor que vive intentado olvidarlo todo... los más de cuatro millones de desplazados, los cientos de muertos, los presos políticos...». Pero, mientras ellos olvidan, lo que le importa a Eppelmann es que «los jóvenes recuerden».