Las autoridades de varios países investigan ventas de acciones «muy rentables» justo antes del atentado

WASHINGTON. P. R.
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Las autoridades bursátiles de varios países han empezado a revisar en los dos últimos días la posibilidad de que los sofisticados responsables del doble ataque terrorista contra Nueva York y Washington hayan aprovechado estas excepcionales circunstancias para realizar rentables movimientos especulativos en bolsa. Estas pesquisas transnacionales se centran en sospechosas operaciones realizadas tanto en los Estados Unidos como en Alemania, Italia, Francia, Gran Bretaña, Suiza y Japón.

Las oscilaciones de cotización registradas por diversas industrias involucradas en esta tragedia abren la puerta a múltiples opciones de compra o venta, especialmente rentables para aquellos inversores que conocieran con antelación la inminencia de atentados. Según ha confirmado Harvey Pitt, presidente de la Comisión de Vigilancia Bursátil de Estados Unidos: «Nuestro equipo de inspección ha estado investigando ciertas acciones que podrían estar vinculados con estos terribles actos».

SEGUROS Y AVIACIÓN

La venta de millones de acciones en la «City» londinense antes del martes estaría siendo especialmente repasada. En este inusual volumen de transacciones analizado figuran títulos pertenecientes a empresas de aviación y compañías de seguros. Una buena parte de estas sospechas se han centrado en la cotización del primer grupo reasegurador del mundo, la compañía germana Münchner Rück, que tras este «martes negro» ha perdido un 17 por ciento de su valor. También se baraja la posibilidad de que las acciones del grupo suizo Swiss Re y el francés AXA hayan sido objeto de un similar macabro esquema de información privilegiada.

En última instancia, el gran beneficiario de estas operaciones podría ser el propio Osama Bin Laden, cuya reputación financiera es comparable a su reputación como terrorista. Los servicios de inteligencia occidentales consideran que este hijo de una de las familias más ricas y poderosas de Arabia Saudí dispone de una elaborada red financiera para lavar las multimillonarias donaciones que le llegan desde el Golfo Pérsico, norte de África y comunidades musulmanas en Europa. Como parte de esta red de lavado de capitales, en connivencia con el corrupto sistema bancario de Pakistán, figuran empresas «tapadera» en Chipre, Túnez y Suiza.