El autodidacta del hacha que buscaba «venganza»

Mohamed Riad, el joven refugiado que intentó matar ayer a decenas de personas en un vagón de tren en Alemania, se radicalizó rápidamente tras la muerte de un amigo en Afganistán

ROSALÍA SÁNCHEZ
CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Era una hoja en blanco para la Policía alemana. Tras llegar hace dos años al país, aprender alemán y pasar por varios albergues, se le había asignado una casa de acogida en Würzburgo con una familia que estaba encantada con su presencia. Había accedido a un puesto de formación en una panadería, disponía de ingresos propios y tenía muchas posibilidades de formalizar su primer empleo a tiempo completo con solo 17 años. A pesar de sus creencias musulmanas (suníes), solo pisaba la mezquita de vez en cuando y rezaba en su habitación, la misma habitación en la que ha sido encontrada una bandera de Daesh pintada con rotuladores y un cuaderno en el que escribía en idioma pashtún lo que podría ser una carta de despedida para su padre: «Reza por mí para que pueda llevar a cabo esta increíble venganza y pueda alcanzar el cielo».

Nada en su vida ordenada y tranquila apuntaba a que se convertiría en un terrorista. En el vídeo publicado por Daesh y pendiente de verificación por parte de las autoridades alemanas, aparece sujetando un cuchillo y amenazando: «Os voy a degollar con este cuchillo y voy a cortar vuestros cuellos con hachas».

Las fuerzas de seguridad de Baviera, tras el registro a su casa y a sus conexiones telefónicas, concluyen que «se radicalizó solo» y que «se activó de forma autónoma». Su entorno coincide en que era un chico tranquilo y «desde luego ni un radical ni un fanático». De hecho, no se explican lo ocurrido. «No era ese tipo de chico que uno piensa que va a causar algo así», declaraba ayer Simone Barrientos, una de las voluntarias de la localidad de Ochsenfurt que tuvo contacto con el atacante y que lo describía como «un chico inseguro».

Según sospecha el fiscal, se desestabilizó por completo el pasado sábado, cuando recibió la noticia de la muerte de un amigo en Afganistán. Subió al tren «con la decisión de matar a pasajeros totalmente desconocidos» para vengarse por lo que los infieles hicieron a sus «hermanos musulmanes». El fiscal apunta a una situación de estrés psicológico que encontró en el yihadismo una vía de escape y admite que «básicamente, tenemos que asumir que, en principio, cualquier día, en cualquier lugar y más o menos en todo el mundo, se pueden cometer este tipo de hechos».