Estado en el que quedó uno de los vehículos utilizados en el ataque
Estado en el que quedó uno de los vehículos utilizados en el ataque - REUTERS

Un doble atentado en Damasco mata a más de 40 peregrinos chiíes

Siria aseguró que había víctimas de «diferentes nacionalidades árabes», pero Bagdad teme que la mayoría sean iraquíes

Corresponsal en JerusalánActualizado:

Siria arranca su séptimo año de guerra con una jornada de luto en Damasco, tras el doble atentado que acabó con la vida de más de cuarenta personas en la parte vieja de la capital. La explosión de «dos bombas», según la televisión nacional, en la zona de Bab Al Saghir tuvo como objetivo a peregrinos chiíes que bajaban de sus autobuses para visitar las numerosas tumbas sagradas que se encuentran en uno de los cementerios más antiguos de Damasco. El ministro de Interior sirio, Mohamad al Shaar, confirmó que el ataque fue contra «peregrinos de diferentes nacionalidades árabes». Poco después, el Ministerio de Exteriores iraquí indicó que unos 40 ciudadanos iraquíes habían muerto y que había más de 100 heridos.

Al Shaar se desplazó al lugar del atentado acompañado del embajador de Irak en Damasco y aseguró que «el único objetivo que han tenido es matar». En las imágenes difundidas por los medios sirios se podían ver dos autobuses de color blanco alcanzados por las explosiones y charcos de sangre sobre un suelo cubierto de calzado y ropa.

Pese a la amenaza de Al Qaida y Daesh, los peregrinos chiíessiguen viajando a los lugares santos

Pese a la complicada situación de seguridad tanto en Siria como en Irak, los peregrinos chiíes siguen viajando a los lugares santos y han sufrido numerosos atentados en los últimos años a manos de grupos radicales suníes como Al Qaida en Irak, primero, y ahora Daesh, para el que una de sus prioridades es acabar con los chiíes porque les consideran apóstatas. El lugar más venerado en Siria para esta secta minoritaria del islam es el santuario de la nieta del Profeta, Sayeda Zeinab, situado a las afueras de Damasco. Allí los seguidores del califa asesinaron a 134 personas en un ataque cometido en febrero de 2016 en el que lograron superar los controles impuestos por Hizbolá, la milicia chií libanesa que custodia el lugar santo desde que estalló el conflicto.

Ataques sectarios

Después de seis años de guerra la situación en el plano militar favorece al Gobierno de Bashar al Assad, sobre todo tras recuperar en diciembre el control de Alepo, segunda ciudad del país. El «califato», que cuenta con su bastión en la ciudad de Raqqa, parece tener los días contados y los grupos armados de la oposición, concentrados en la provincia de Idlib, están inmersos en una guerra interna. Sin embargo, como ocurre en Irak, los enemigos del Gobierno saben que golpear en la capital tiene una gran repercusión y les sirve para demostrar su capacidad de burlar las medidas de seguridad.

Una red de puestos de control rodea Damasco para evitar la entrada de coches bomba, el arma más importante con la que cuentan los opositores armados, junto con el lanzamiento de morteros. Con el paso de los años, Damasco ha seguido los pasos de la Bagdad posterior a la invasión de EE.UU. en 2003, y vive bajo la amenaza permanente del terrorismo yihadista. La efectividad total en el control de coches bomba o de suicidas es imposible, como se comprueba con cada uno de estos ataques, sobre todo cuando el enemigo está formado por grupos con muchos años de experiencia en este tipo de operaciones y cuenta además con milicianos dispuestos al martirio.