L' Ariane, barrio de Niza abandonado a su suerte
L' Ariane, barrio de Niza abandonado a su suerte - F. J. Calero

Atentado de NizaL'Ariane, gueto de la yihad

En este barrio de Niza vivía Omar Diaby, reclutador de yihadistas que envió a la guerra a veinte jóvenes de un mismo edificio

Enviado especial a Niza Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«Promovemos la paz. Aquí no hay ningún tipo de guerra, es un barrio tranquilo», defiende un grupo de africanos musulmanes del barrio de L’Ariane, a las afueras de Niza. Pisan sobre bolsas de basura apiladas en las aceras, frente a casas sin puerta, somieres en las calles, cristales rotos, mesas en plena calzada y sillones volcados. La sensación en L’Ariane es la de un barrio abandonado a su suerte, muy distinta a la del opulento Paseo de los Ingleses.

La región de Niza es, después de París, la que más yihadistas ha enviado a Siria e Irak en los últimos años. Más de un centenar franceses, la mayoría jóvenes, lo dejaron todo para hacer la yihad. Muchos de esos radicales ha salido de L’Ariane, una de esas «cités», en la «banlieue» (como se conoce a los suburbios en Francia) al este de la ciudad, donde el reclutador Omar Diaby, más conocido como «Omsen», captaba adeptos para el Frente al Nusra. «Consiguió enviar a 20 jóvenes del mismo edificio», relata Gregory Leclerc, periodista de «Nice Matin». Cuando once miembros de una misma familia, con niños incluidos, atravesaron Europa para intentar unirse a la yihad, la ciudad entera fue consciente del poder de este reclutador.

Bouhlel asesinó a 84 personas: la primera de las víctimas, Fatima Charrihi, de 62 años, era una «mujer con velo, piadosa y practicante del islam». El francés de origen tunecino «pudo tener contacto con gente que conoce a Omar Omsen», el principal reclutador francés, en paradero desconocido desde hace más de dos años, aunque todavía falta que sea confirmado durante la investigación, según un analista de la cadena Bfmtv. Se desconoce el destinatario del sms en el que Bouhlel pedía más armas.

Entre naves industriales y pequeños núcleos de casas, en L’Ariane pocos reconocen haberlo conocido. Son pocas las palabras. Ambiguos, tratan de defender su barrio, donde viven. «Sí, sabemos que hay radicales aquí, que hay reclutadores de yihadistas entre nosotros. Pero no los vemos, no sabemos quiénes son ni dónde se esconden», se escuda Hadji, de la comunidad comorense (de Islas Comores, en el sureste de África) de la zona. Cinco de sus compatriotas, musulmanes todos, hablan entre ellos mientras su «portavoz» responde a las preguntas.

Diaby, de 41 años, nacido en Senegal y que emigró con su familia a Niza a los 5 años, es un hombre escurridizo. «Viene de entre los muertos», publicaba «Le Monde» el pasado mayo, cuando se supo que seguía vivo, pese a los rumores de que había perdido la vida en la guerra de Siria en agosto de 2015. Desde su «cuartel general» en la barriada de Bon Voyage, pasado Saint Joseph y en pleno barrio de L’Ariane, lejos del bulevar de los Ingleses y el centro chic de la ciudad, este hombre «manchó el nombre de Niza, enviando a la yihad a jóvenes desamparados, frágiles, con problemas familiares, sin trabajo ni estudios», sentencia el presidente de la Unión de Musulmanes, Otmane Aissaoui. La policía le siguió la pista hace unos años por estar detrás del envío de jóvenes a la yihad, pero quedó en libertad por falta de pruebas y viajó a Siria, donde se alistó en las filas del Frente Al Nusra, filial del grupo terrorista Al Qaida. Desde allí se dedicó con especial ahínco a la propaganda ideológica, subrayando la importancia de que las mujeres también se sumaran a la «guerra santa», informa Efe.

«Los nicenses veíamos probable un atentado desde que supimos que esta zona había enviado más yihadistas que cualquier otra, salvo París y el norte. Ya fue anunciado por las autoridades francesas, que se están planteando programas de desradicalización», añade el periodista de «Nice Matin». Para el musulmán Aissaoui, «la situación ha mejorado desde 2013 y 2014, sin Diaby la captación ha bajado notablemente».

Ni en los escasos kebabs, ni cerca de la mezquita, donde cuelga un cartel en francés y árabe en el que se advierte de que está «prohibido permanecer hablando frente a la puerta», dicen ser conscientes de que la zona ha sido el principal caladero yihadista de la ciudad. «Esos jóvenes se han radicalizado en internet, Facebook y con gente indeseable, quienes van a buscarles para enviarlos a la guerra. Desde la asociación tratamos de ir a verles, de hablarles, de informarles; porque con la propaganda de Daesh muchos están desinformados», agrega Aissaoui, que está en continuo contacto con los líderes religiosos de la región y mantiene un estrecho trato con Jean-Jacques Barla, delegado de la diócesis de Niza para las relaciones con el islam. «Tememos la generalización y las amalgamas que puedan hacernos daños en la relación interreligiosa», asegura éste a ABC.

 El presidente de la Unión Musulmana, que ha recibido amenazas e insultos por teléfono, afirma que «tratamos de estar donde está la gente para informarles; ese partido nos señala como culpables, y los musulmanes debemos estar unidos y vigilantes para evitar más tragedias como esta».

Otra vía de radicalización

 Pero el proselitismo de Daesh en Facebook y Twitter no es la única vía de radicalización en Niza. Islamistas contrarios al régimen argelino se organizaron y emigraron a Niza tras la guerra civil de Argelia de los años noventa. «Cuando perdieron toda esperanza de ganar la batalla estas mismas células se han ‘convertido’ en una forma de ‘prosélitos’, que los franceses llamamos ‘los tablighis’. Desde el año 2000 se han acercado a los jóvenes de los ‘quartiers de banlieue’, contribuyendo así a esta radicalización», explica Barah Mikail, fundador de la consultora de seguridad Stractegia.

Los taxistas suelen ser fuentes privilegiadas en una ciudad de la que es difícil conocer sus entrañas. Toni, uno de los que recoge clientes en la estación de tren, tiene memorizada la ruta a la casa del atacante. «¿La casa del terrorista? Otro más. He llevado a noruegos, ingleses, americanos…». Se sorprendió al escuchar el nombre de Omar Diaby: no lo había oído nunca, pensaba que «el terrorista de Niza» era Bouhlel. «Oye tío, L’Ariane es la cité, es peligroso, de noche no van taxis ni la policía. ¿Sabes? Está lleno de árabes, chechenos y africanos. Los dos primeros están en guerra. De noche es cuando actúan. Soy de Niza y sé lo que te digo».