Iván Duque se convertirá este martes en presidente de Colombia - Efe | Vídeo: Nicolás Maduro afirma que Juan Manuel Santos está detrás del supuesto atentado

El «atentado» a Maduro enturbia el relevo en la presidencia de Colombia

La toma de posesión de Iván Duque marca este martes la llegada la vuelta del uribismo al poder tras la era Santos

Poly Martínez
Corresponsal en BogotáActualizado:

Todo está listo. El traje especialmente diseñado para la ocasión, incluida la sutil presencia de la bandera de Colombia en la parte posterior; la banda presidencial bordada y obsequiada por dos copartidarias del Centro Democrático; el protocolo para recibir a los jefes de Estado y delegados internacionales que acompañarán a Iván Duque Márquez a tomar juramento ante el presidente del Senado como el mandatario 117 en la historia de Colombia.

El compromiso lo asume ante el Congreso de la República en pleno, incluidos los senadores y representantes de la Farc, la otrora organización guerrillera que un 7 de agosto, pero de 2002, recibió al entonces nuevo mandatario Álvaro Uribe Vélez con dos explosiones a pocas cuadras de la Plaza de Bolívar, escenario donde se realiza la democrática ceremonia.

Por fortuna para Colombia, el único ruido que rodea el cambio de gobierno en el país es el eco de los extraños sucesos en Venezuela y las acusaciones del presidente Nicolás Maduro de la supuesta participación y alianza de la ultra derecha venezolana y colombiana, además del saliente presidente Santos, en un atentado.

El presidente entrante ha preferido guardar silencio y no desgastarse en rifirrafes, sin desconocer que las relaciones con el vecino país demandarán atención y cuidado. Así, además de buscar alianzas regionales para propiciar una transición pacífica en Venezuela, tendrá que pedir prudencia a sus copartidarios, incluido el expresidente Álvaro Uribe, su mentor político y senador, quien el sábado señaló ante empresarios estadounidenses que la solución para Venezuela requiere acción de los soldados de ese país y una corta transición camino a un nuevo gobierno democrático.

Cambio de mando

Sin contratiempos relevantes, sobre las cuatro de la tarde, antes de la media noche española, una vez el nuevo mandatario tome juramento a la primera vicepresidenta del país, Marta Lucía Ramírez, y tras hacer el reconocimiento de tropas, Iván Duque se encaminará hacia su nueva oficina y residencia oficial hasta el 2022, cuando habrá de entregar su mandato.

Allí, a la entrada del palacio presidencial, Juan Manuel Santos y su familia esperarán la llegada del presidente, acompañado por su esposa y tres hijos, además de su equipo inmediato de gobierno. Le darán la bienvenida y formalizarán la llegada del Centro Democrático a la Casa de Nariño, que el fin de semana quedó totalmente limpia de malas energías, según declaraciones de un sacerdote local, bastante mediático y comunicativo, que dijo haberla exorcizado, nota de color que la víspera se disputaba con Maduro los titulares de los medios colombianos.

Iván Duque también está listo. Trabajador y estudioso, enfocará su labor desde el primer día en los tres temas sustanciales que ha marcado para su gobierno: reactivación económica a través de una reforma fiscal, lucha contra la corrupción y combate al narcotráfico.

Para preparar sus primeros 100 días de gobierno, lleva dos semanas liderando reuniones con su gabinete, compuesto paritariamente por mujeres, como lo prometió, con una edad promedio de 50 años y un marcado perfil técnico, cosa que apunta no solo a un relevo generacional en la apoltronada dirigencia nacional, sino a sacudirse de cuotas burocráticas para los partidos aliados.

Si bien el denominado «uribismo 2.0», bajo la batuta del expresidente Uribe, no se refleja en el gabinete, sí tiene asiento entre los asesores que rodearán al nuevo presidente y se verá en la forma de gobernar el exmandatario, procurando cercanía con las regiones a través de la microgerencia. La línea más dura del partido de gobierno es mayoría en el Congreso y será allí donde más juegue a favor de las políticas del nuevo mandatario y de los intereses partidistas.

Los retos

La reactivación económica es el reto principal que tiene Duque al recibir un país en claro déficit fiscal, una deuda externa del 40,2% del PIB, con un ritmo de crecimiento muy lento, aunque con mayor número de empleos formales y 5,4 millones de colombianos fuera de la pobreza. Se suma un récord positivo de inversión extranjera (14.509 millones de dólares anuales) y la revolución en infraestructura, legado de Santos que Duque quiere continuar.

Apretar el cinturón del Estado le será más fácil que la reforma fiscal, promesa de campaña que los analistas ven con reducido espacio. El aumento de impuestos a la clase media y la falta de certeza de que los beneficios tributarios a las grandes empresas se traduzcan en mayor empleo, generarán tensión social y permanente debate político a su gobierno.

El narcotráfico y la seguridad territorial son el otro gran reto, que a su vez pasa por la efectiva implementación de los acuerdos de paz y la atención a las zonas donde antes estaba la guerrilla de las Farc, territorios atomizados entre bandas delincuenciales que se disputan feudos del narcotráfico. Para María Victoria Llorente, directora del centro de pensamiento Ideas para la Paz, la prioridad debe estar en «una tarea de estabilización de las regiones en materia de seguridad y contención de la creciente violencia contra los líderes sociales. Por otro lado, debe establecer una política de reincorporación, estrategia clave que en el último año y medio se quedó en el aire. Y por último, crear un plan de choque una vez presente su estrategia de erradicación de cultivos ilícitos. Lo clave es lograr la efectiva coordinación en la entrega de subsidios y el alistamiento de las familias para tener cultivos sustitutivos».

En paralelo, la experta en seguridad nacional recomienda a Duque no precipitarse en definir el futuro de la negociación con el ELN, que aún se mantiene en La Habana. Así mismo, fortalecer el control del territorio en las fronteras del país, pues allí se cuece un problema para Colombia con sus vecinos.

Por su parte, Adriana Mejía, internacionalista y directora del Instituto de Ciencia Política anota que «el reto más inmediato en política exterior será lograr una mayor comprensión de las complejidades que acarrea la implementación del Acuerdo con las Farc y los desafíos para la estabilización del país». Coincide en que la erradicación de cultivos será «tema prioritario con Estados Unidos para asegurar la cooperación de ese país no solo a través de recursos y apoyo técnico, sino también de intercambio de información judicial clave». Europa, como un mayor socio comercial y aliado en materia ambiental, también debe ser prioridad del gobierno, así como la aportarle a la Alianza del Pacífico para legar efectivamente los mercados asiáticos.