Putin y Lukashenko
Putin y Lukashenko - REUTERS

El ataque de San Petersburgo propicia la reconciliación de Rusia y Bielorrusia

Putin y Lukashenko acuerdan un plan para dejar atrás sus disputas energéticas

MoscúActualizado:

El máximo dirigente ruso, Vladimir Putin, ha tenido que admitir que el atentado perpetrado en el metro de San Petersburgo alteró el contenido de su ansiado encuentro con el presidente bielorruso, Alexánder Lukashenko, con quien no se reunía desde hacía más de cuatro meses. «Por desgracia, hemos empezado nuestra reunión con este trágico acontecimiento», constató Putin.

«Debemos estar preparados para todo (...) ante la enorme cantidad de retos a los que se enfrenta el mundo», decía por su parte Lukashenko. Ambos presidentes se encontraban en el Palacio de Constantino, situado a orillas del mar, a una decena de kilómetros del lugar del atentado.

El dirigente opositor y exdiputado, Guennadi Gudkov, cree que «el ataque terrorista y la presencia de Putin en San Petersburgo no ha sido una coincidencia fortuita». «Pienso que fue algo minuciosamente preparado con el objetivo de desafiar a las fuerzas de seguridad y al presidente ruso, que ha prometido luchar decididamente contra el terrorismo». aseguró. El politólogo Stanislav Belkovski no excluye que caigan cabezas en los próximos días.

Tras las conversaciones, Putin y Lukashenko hicieron una escueta declaración ante los medios acreditados en el Palacio de Constantino sin turno de preguntas. «Rusia y Bielorrusia han resuelto todas sus disputas en el terreno energético», anunció el líder bielorruso. Moscú ha aceptado además refinanciar los casi 700 millones de euros de deuda que Minsk tiene contraída por suministros de gas impagados.

Putin, por su parte, dijo que todos los aspectos relativos a lo acordado este lunes con Lukashenko «se concretará e implementará en los próximos 10 días» así como también la hoja de ruta que deberá regular la cooperación energética entre los dos países hasta 2020.

Distanciamiento

Las relaciones entre Moscú y Minsk sufrieron un serio deterioro desde que Lukashenko decidió no reconocer la anexión de Crimea, se distanció de Putin en lo relativo al conflicto con Ucrania e inició un proceso de acercamiento a la UE que ha llevado ya a la supresión de los visados en visitas cortas.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, reconoció la semana pasada que «hay diferencias de matices respecto al proceso de integración eurasiática, y digamos que desacuerdos económicos en las relaciones bilaterales».

El principal desacuerdo comercial son los precios de los carburantes, que Bielorrusia rechaza en redondo, de ahí la acumulación de deuda por impago. Minsk exige a Moscú un trato «preferente», ya que hay contrapartidas como la cooperación militar y la participación en una unión aduanera común. Precisamente por eso, Bielorrusia recrimina a su gran vecino el haber restablecido los controles fronterizos.

Moscú a su vez defiende la medida como respuesta a la decisión de Minsk de no exigir visado a los ciudadanos de 80 países, entre ellos EE.UU. y todos los de la UE. Lukashenko considera que en el Kremlin hay «miedo» a que Bielorrusia «opte por Occidente». Pero el Gobierno ruso lo que más deplora es que Bielorrusia sea punto de tránsito de mercancías procedentes de Europa que están vetadas por las sanciones de respuesta de Moscú a Occidente. «Todas estas cosas deberían resolverse a un nivel inferior, sin que nosotros los presidentes tengamos que implicarnos», declaró este lunes Lukashenko.