Los asaltos racistas en Italia llegan a una atleta de élite

El ataque a la italiana Daisy Osakue relanza el debate sobre la actitud del Gobierno hacia los inmigrantes, que la oposición califica de «xenófoba»

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Crea cierta alarma la agresión sufrida por la atleta italiana Daisy Osakue cuando se dirigía a su casa de Moncalieri, una ciudad de 55.000 habitantes en la provincia de Turín. Desde un coche en marcha, en torno a la 1.30 horas de la madrugada, dos hombres le lanzaron huevos dañándole un ojo. La atleta, nacida en Turín de padres nigerianos y promesa italiana en el lanzamiento de disco, ha tenido que ser operada de una lesión en la córnea, que podría poner en riesgo su participación en los Europeos de atletismo de Berlín, el 6 de agosto. Se sospecha que se ha tratado de un acto de racismo, teniendo en cuenta el clima que se está viviendo en Italia en algunos sectores de la extrema derecha contra los inmigrantes. Los carabineros intentan mostrar cautela, excluyendo que la motivación sea racista. Los investigadores explican que hace algunos días el mismo coche había sido señalada por episodios análogos de lanzamiento de huevos a peatones. Pero al tratarse del enésimo caso grave que se produce en las últimas semanas muchos piensan que se trata de racismo. Así lo cree la propia atleta, que, con una llamativa venda en el ojo izquierdo, ha declarado: «Ha sido un ataque estúpido y gratuito. Un ataque racista. Me gustaría hablar con esos jóvenes, comprender por qué han hecho semejante cosa. No querían agredirme a mi como Daisy, sino que deseaban atacarme como chica negra. En esa zona hay varias prostitutas, me habrán confundido con una de ellas. Ya me había sucedido el ser víctima de episodios de racismo, pero solo verbales. Pero cuando de la palabra se pasa a los hechos significa que se ha superado otro muro».

Después de la agresión, la foto de la joven con un ojo cerrado y en lágrimas fue publicada en Instagram por Luca Paladini, un activista de derechos del colectivo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales). Al poco se convirtió en viral, dando paso a un abierto enfrentamiento político sobre los numerosos episodios de violencia contra personas extranjeras o negras que se han sucedido en Italia en los últimos meses, y con mayor continuidad en las últimas semanas. El ex primer ministro, Matteo Renzi, se expresó con gran indignación, hablando de situación de emergencia: «Los ataques contra personas de distinto color de piel son una emergencia. Esto es ya una evidencia que ninguno puede negar, sobre todo si se sienta en el gobierno de Italia».

«Invención de la izquierda»

El vicepresidente del gobierno y ministro del Interior, Matteo Salvini, ha respondido con cierto desprecio a Renzi, mostrando su línea dura contra la inmigración: «¿Alerta racismo en Italia? No digamos tonterías. Recuerdo que solo en los últimos tres días, en medio del silencio general, la policía ha detenido a 95 inmigrantes, mientras otros 414 han sido denunciados». Salvini termina, como siempre, echando las culpas a la izquierda de la situación: «Toda agresión va castigada y condenada, pero ciertamente la inmigración de masas permitida por la izquierda en los últimos años no ha ayudado».

Hoy en amplios sectores, en la derecha y en la izquierda, se critica la política migratoria que realizó el Gobierno Renzi, pero no es menos cierto que el ministro del Interior Salvini suele calentar casi a diario el clima xenófobo, con el riesgo que ello comporta. De hecho, cada día es más fuerte el debate sobre el racismo en Italia. Los periódicos y comentaristas más serios destacan hoy que el peligro del racismo en Italia existe y que no es, como dice Matteo Salvini, «una invención de la izquierda». El líder de la Liga reduce todo a casos aislados: «Acusar de racismo a todos los italianos y al gobierno, después de algunos episodios limitados, es una locura. Recuerdo que los delitos cometidos cada día en Italia por inmigrantes son unos 700, casi una tercera parte del total. Esta es la única alarma real contra la que yo como ministro estoy combatiendo».

Salvini se está viendo beneficiado del clima contra la inmigración que crece en el país. Las encuestas le dan alrededor de un 30 % en intención de voto, muy por encima del 17,5 % que obtuvo en las pasadas elecciones del 4 de marzo. Pero, al mismo tiempo, Salvini sigue recibiendo muchas críticas por su radical y agresiva política. Por ejemplo, se le echa en cara que considere un simple delito lo ocurrido hace un par de días en Partinico (Palermo), donde un grupo de jóvenes propinó una paliza a un joven senegalés de 19 años, que servía como camarero en un bar, al tiempo que le gritaban: «Vete de aquí, sucio negro». Es decir, a Salvini se le dice desde muchos sectores del país que no se puede cerrar los ojos o infravalorar el hecho de que se dispare desde un balón a una niña gitana de 13 años o a un obrero de color que trabaja sobre un andamio. Cansado de este tipo de críticas, el líder de la Liga ha publicado en Twitter una frase que ha levantado gran escándalo: «Tantos enemigos, tanto honor». Se trata de una conocida frase que formó parte del armamento verbal del dictador Benito Mussolini.

Pocos dudan de la existencia de una espiral racista en Italia. Y lo que es peor: aumenta el número de quienes creen que puede usar la violencia contra quien le ocasione molestias. Es un debate que domina también buena parte de la actualidad. De ello se lamentan sobre todo los empresarios, porque consideran que ese debate le sirve al gobierno como cortina para cubrir su incapacidad a la hora de afrontar otros problemas graves del país, como el crecimiento y el trabajo, entre otros muchos.