Mauricio Macri, actual presidente argentino, y Cristina Fernández de Kirchner, jefa de Gobierno entre 2007 y 2015
Mauricio Macri, actual presidente argentino, y Cristina Fernández de Kirchner, jefa de Gobierno entre 2007 y 2015 - AFP/REUTERS

Argentina, entre lo malo y lo peor

La continuidad de Macri, lastrado por el empeoramiento de la economía, y el regreso de Fernández de Kirchner, con un legado de corrupción y autoritarismo, se erigen como las dos principales opciones en las elecciones del próximo octubre

MadridActualizado:

Hace ya tiempo que la desdicha no da tregua en Argentina. Y, a corto plazo, no hay indicios de que eso vaya a cambiar. Con una economía devastada, la inflación por las nubes y unos índices laborales en los peores números que se recuerdan recientemente, el promisorio relevo a trece años de kirchnerismo que auguraba la entrada de Mauricio Macri a la Casa Rosada en 2015 no parece haberse quedado en más que eso: un espejismo, una falsa ilusión devenida en desengaño.

Tras casi un lustro de caída en picado, los más de 30 millones de argentinos llamados a las urnas el próximo octubre tendrían la oportunidad de forzar un cambio, dada la incuestionable situación de emergencia en la que se halla sumido el país. Pero una vez más, y salvo inesperadas sorpresas de última hora, el electorado se verá obligado a resignarse entre una de las dos principales opciones, ninguna de ellas en absoluto alentadora: o Cristina Fernández de Kirchner (esta vez en calidad de vicepresidenta) u otros cuatro años de Macri, obstinado en culpar del empeoramiento económico a la herencia recibida de su antecesora y sin ofrecer a cambio muchos síntomas de mejora.

«Son los candidatos más viables, pero su éxito depende, fundamentalmente de hacia dónde se inclinen las otras formaciones en caso de una segunda vuelta. Y es en medio de ese mercadeo es donde se encuentran ahora mismo», comenta Anna Ayuso, investigadora especializada en América Latina del «think tank» de asuntos internacionales Cidob. «En cualquier caso es de esperar una campaña muy caldeada y polarizada, especialmente por la repulsión que generan tanto Kirchner como Macri a partes iguales», añade, por su parte, el analista argentino Carlos Malamud, del Real Instituto Elcano.

Con las encuestas inclinando la balanza hacia un posible triunfo de la pareja kirchnerista en la primera de las dos vueltas, todo depende, a juicio de Malamud, de la capacidad de Macri para contener la subida de tipos y una inflación galopante. Por el contrario, los Fernández, quienes parten con la innegable ventaja de la debacle económica y social, habrán de concentrar sus esfuerzos en convencer al electorado de la credibilidad de la fórmula con la que se presentan y confiar en que las múltiples causas que tiene abiertas la expresidenta no tengan un grave impacto electoral. Los sondeos actuales arrojan cerca de un 20 por ciento de votantes indecisos, un dato que puede ser determinante en la batalla por el centro y en el resultado final.

«Los menos malos»

Entre tanto, la falta de altura de ambos candidatos (pese a la animadversión que su gestión ha generado, Macri ha rehusado desde el primer momento ceder el testigo a otros candidatos con más opciones que él) y la ausencia de una alternativa real desluce el panorama electoral en uno de los peores momentos que afronta Argentina en los últimos años. Tal es el desencanto de una sociedad profundamente disgustada con su clase política que hasta uno de los estrategas clave de Macri, Jaime Durán, admitió en una entrevista el pasado 25 de abril que «en el concurso de los menos malos, claramente ganamos. Somos los menos malos».

Frente al presidente, una renacida Cristina Fernández trata, oficialmente en segunda línea, oficiosamente en la sombra, de volver a hacerse con el poder. Discreta y paciente, la expresidenta se ha mantenido al acecho durante cuatro largos años a la espera de que llegase su momento. Polarizante como pocos, CFK lleva a término su regreso con un legado que todo el mundo conoce: crisis económicas constantes, escándalos de corrupción sucesivos y un enfrentamiento frontal tanto con el poder judicial como con los medios críticos, a los que siempre trató de subyugar.

Carlos Malamud: «El triunfo de Macri depende de su capacidad para contener la inflación y la subida de tipos»

«Sus ocho años de mandato se caracterizaron por una concentración de poder y una falta de transparencia sin apenas precedentes, con un gobierno compuesto por unas pocas personas de confianza y en el que era ella la que tomaba prácticamente todas las decisiones», recuerda la investigadora Anna Ayuso. «En lo tocante a la economía, Kirchner emprendió un cierre total al exterior, lo que, si bien a corto plazo potenció la producción interna, a la larga redujo la inversión exterior y propició tanto el encarecimiento de los productos como un acusado retraso tecnológico. Esto ha hecho que, todavía a día de hoy, Argentina siga sin tener capacidad competitiva y una industria eficiente», detalla.

Lastrados en las urnas

Tanto Kirchner como Macri son conscientes del repudio que afrontan por parte de amplios sectores sociales, lo que pondría en serias dificultades su éxito en las urnas. Por esta razón, ambos se han visto obligados a recurrir a artimañas y estratagemas que, pese a no corresponderse con sus verdaderas aspiraciones, posiblemente les permitirán ampliar su caladero de votos.

Así, observamos cómo Macri ha escogido al peronista (un término antitético a la naturaleza política del presidente) Miguel Ángel Pichetto, de quien dijo que era el «ejemplo más claro» de la falta de alternancia institucional del peronismo –Pichetto ha sido presidente del partido de Kirchner en el Senado desde 2002–, como número dos de su candidatura. Lo anunció, para sorpresa de todos, el pasado 11 de junio, menos de un mes después de que Cristina Fernández se presentara como vicepresidenta de un tándem encabezado por el más centrista Alberto Fernández, su exjefe de gabinete, quién abandonó abruptamente su último gobierno y aseguró que le parecía «complicadísimo encontrar algo bueno en la etapa final del mandato de Cristina».

Una maniobra, esta última, en torno a la cual surgen diversas teorías sobre las posibles razones que han empujado a Fernández de Kirchner a apostar por esa llamativa receta que nadie esperaba. «¿Por qué ha escogido ese procedimiento? Eso habría que preguntárselo a ella. Hay quienes lo ven como una estrategia para conseguir más apoyos, algo que ella no conseguiría si fuera de primera. Pero también está la teoría de que su decisión de volver a presentarse ha radicado esta vez en llegar al poder para, desde ahí, situarse en una buena posición para defender a su hija, que mantiene causas pendientes en Argentina», expone Carlos Malamud.

Gane quien gane, las expectativas no se antojan, desde luego, muy prometedoras, a juicio de Ayuso. «A nivel económico, el margen de maniobra de ambos es ínfimo. En caso de que gane Macri se confirmaría tanto el giro a la derecha de la región como una mayor apertura del país al exterior. Por el contrario, un eventual regreso de Fernández de Kirchner podría suponer una vuelta a un gobierno personalista con visos, incluso, de intentos de perpetuarse en el poder, si bien es verdad que ya no tendrá el mismo poder que tuvo como presidenta y que los mecanismos de contrapoder en Argentina son más sólidos que en otros países del entorno», pronostica.