Arabes y judíos se funden en un abrazo musical en Ramala

Juan Cierco Corresponsal
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RAMALA. Si hay que describir con una sola palabra el concierto ofrecido ayer en la ciudad de Ramala por la West Easter Divan, bajo la batuta de Daniel Barenboim, esa es sin duda la de emoción. Una emoción que se respiró de principio a fin a lo largo de las dos horas que duró una velada histórica para el millar de personas que presenció esta velada histórica. Por fin, y después de muchos esfuerzos, músicos árabes y judíos, acompañados por intérpretes españoles, tocaron al unísono en la ciudad palestina de Ramala. Un sueño largamente acariciado sobre todo por dos hombres: el director y pianista argentino-israelí Daniel Barenboim -ayer profundamente emocionado- y el intelectual palestino Edward Said, fallecido en 2003, que estuvo representado por su viuda.

El concierto, que llevaba por nombre «Libertad para Palestina», estuvo presidido por momentos llenos de significado. Las primeras notas musicales que sonaron fueron las de un cuarteto de viento de Mozart, interpretado por un egipcio, un sirio y dos israelíes. Países enfrentados históricamente que ayer dialogaron a través de la música. Ellos personificaron ayer, en primera persona, la convivencia, la tolerancia, el compromiso, la solidaridad, el respeto...

Así lo debió de vivir también el trompa Yubal Safiro, militar destacado durante la Segunda Intifada en el sector más cercano a Ramala, donde supervisaba el paso de los palestinos, Ayer se encontraba en el otro lado, donde todo transcurrió con normalidad gracias a los pasaportes diplomáticos concedidos por el gobierno español a la orquesta. También gracias a la cooperación de un general israelí, de origen druso, quien a última hora del sábado concedió los tres últimos permisos a tres músicos, denegados en un principio por ser militares israelíes.

Mozart dio paso a la «Quinta Sinfonía» de Beethoven, otra carga de profundidad llena de significado. Un canto a la libertad en toda regla de la que fueron testigos, además de los músicos, gran parte del gobierno palestino, y algunos representantes del español, de la Junta de Andalucía, sede actual del Divan, y del Ministerio de Asuntos Exteriores, a través del secretario de Estado Bernardino León, quien ha seguido muy de cerca este sueño, esta utopía hecha realidad.

Tanto Barenboim como la viudad de Said dijeron unas palabras al término de un concierto que representa un primer paso en un proceso que debe seguir adelante apoyado por todos. Y en las que Barenboim subrayó que el Divan no es una orquesta de paz, sino de entendimiento. Un millar de personas fueron testigos, desde sus butacas, los pasillos y las escaleras de este llamamiento a la convivencia entre dos pueblos, y que fue puesta en práctica por unos jóvenes a través de la música, rubricada con un fuerte abrazo tras el concierto.