Francisco de Andrés

Apretando la garganta a Ormuz

El boicot de Trump ha puesto contra las cuerdas financieras al régimen de los ayatolás

Francisco de Andrés
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El famoso axioma latino «cui prodest?», ¿a quién beneficia?, apunta ineludiblemente a Irán como responsable último del grave ataque de ayer contra dos buques cisterna en el golfo de Omán. No habrá pruebas concluyentes, como tampoco las hubo tras los ataques de hace un mes, también con explosivos, contra cuatro petroleros que habían zarpado de los puertos de Emiratos Árabes Unidos. Esta vez los daños han sido mayores dado que en mayo no hubo necesidad de evacuar los navíos. Lo que indica la voluntad de la «mano negra» de aumentar en intensidad la amenaza de estrangulamiento contra el estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo.

El régimen fundamentalista de Teherán está contra las cuerdas financieras desde que hace meses el presidente Trump decretó otra vuelta de tuerca en el boicot internacional contra Irán. La consecuencia ha sido desvastadora. Pese a los faroles de Macron, Merkel o Sánchez, las grandes compañías europeas –energéticas, del transporte y del sector del automóvil– han abandonado Irán por miedo a las sanciones norteamericanas, y por la amenaza de las grandes aseguradoras mundiales, que son norteamericanas. Su hueco está siendo cubierto por rusos y chinos, con beneficios mucho menos pingües para el régimen de los ayatolás.

Salvando las distancias, Teherán considera que sus únicas armas para combatir a Trump son, estrictamente, las militares, siguiendo el ejemplo del dictador norcoreano Kim Yong-un y sus juguetes nucleares. Así que Irán utiliza a sus testaferros para amenazar los intereses norteamericanos y los de sus socios en la región, en particular Arabia Saudí y los Emiratos. Las marionetas de Irán se llaman hutíes rebeldes en Yemen, milicianos de Hizbolá en Líbano, y servicios secretos del régimen sirio de Al Assad, respaldado por Teherán. La amenaza que movió hace semanas a Estados Unidos a reforzar su presencia militar en Oriente Próximo empieza a ser perceptible.

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