China prevé crecer un 7,5% mientras prepara la transición en el poder
Wen Jiabao, este lunes en la apertura de la reunión anual del Parlamento chino - reuters

China prevé crecer un 7,5% mientras prepara la transición en el poder

En la apertura de la reunión anual del Parlamento, el primer ministro, Wen Jiabao, advierte al Ejército que esté preparado para ganar «guerras locales»

corresponsal en pekín Actualizado:

El régimen chino prevé que su economía crezca este año un 7,5% mientras prepara la transición en el poder que tendrá lugar en el Congreso del Partido Comunista que se celebrará en otoño, seguramente en octubre. Ante unos 3.000 diputados venidos de todos los rincones del país, algunos con los trajes tradicionales de sus minorías étnicas, el primer ministro, Wen Jiabao, ha abierto este lunes en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular, que durará diez días.

Esta especie de Parlamento orgánico, donde casi todos sus miembros pertenecen al Partido Comunista, es el máximo órgano legislativo del régimen chino, pero el debate y la pluralidad de ideas brillan por su ausencia porque las decisiones están tomadas de antemano y los diputados simplemente las aprueban. Aun así, supone la cita más importante del calendario político chino.

Con la pomposidad heredada de la época de Mao, pero cambiando los uniformes revolucionarios por impolutos trajes con corbata más propios de ejecutivos de multinacional, Wen desgranó en su discurso sobre el Estado de la Nación las metas marcadas para este año. Después de que el Producto Interior Bruto (PIB) de China se elevara un 9,2% el año pasado y un 10,4% en 2010, el objetivo «ligeramente menor» para este ejercicio revela el cambio de modelo económico al que aspira el régimen de Pekín, más basado en su propio consumo interno que en las exportaciones.

Precaria seguridad social

«El fin es conseguir un mayor y más cualitativo nivel de desarrollo durante un periodo prolongado de tiempo», aseguró el primer ministro, quien reconoció que «la economía está encontrando nuevos problemas porque los precios siguen altos y la regulación del mercado inmobiliario se halla en una etapa crucial». Bajo la amenaza de la burbuja del «ladrillo» y la inflación, que el año pasado subió un 5,4% y este año se prevé que alcance el 4%, Wen Jiabao abogó por aumentar el todavía bajísimo poder adquisitivo de los chinos para dejar de depender tanto de las exportaciones, fuertemente golpeadas por la crisis.

«Fomentar la demanda doméstica de los consumidores, que es esencial para garantizar el progreso económico robusto y largo plazo de China, es el objetivo de nuestro trabajo para este año», anunció Wen Jiabao. Para ello, resulta vital elevar no sólo los sueldos, sino también el presupuesto sanitario con el fin de extender la todavía precaria seguridad social. Como la mayoría de los servicios de salud hay que pagarlos a precio de oro, los chinos se ven obligados a ahorrar sus exiguos sueldos porque pueden salvarles la vida en caso de caer enfermos.

Los mayores aumentos de las partidas presupuestarias se destinarán a la seguridad social, la creación de empleo, la construcción de viviendas de protección oficial y los subsidios agrícolas en el paupérrimo mundo rural, donde aún vive la mitad de los 1.300 millones de chinos. Para este año, el déficit fiscal alcanzará los 800.000 millones de yuanes (96.233 millones de euros), lo que supone un 1,5% del PIB nacional.

«Pelotazos» inmobiliarios

En un claro guiño a los campesinos, el primer ministro insistió en que sus derechos sobre la tierra «no deben ser violados». Uno de los principales problemas al que se enfrenta el régimen es la expropiación ilegal de tierras, que genera el 65% de las revueltas y protestas sociales. Aunque la propiedad privada está reconocida por la Constitución, los chinos sólo tienen derecho de usufructo del suelo, que sigue perteneciendo al Estado y, en última instancia, al Gobierno. Aprovechándose de ese poder, las corruptas autoridades locales suelen aliarse con constructores sin escrúpulos para requisar las tierras de los campesinos y protagonizar espectaculares «pelotazos» inmobiliarios en la nueva China del desarrollismo y el crecimiento a espuertas.

Un día después de anunciar un aumento del 11,2% del presupuesto militar, Wen Jiabao propuso «mejorar la capacidad de las Fuerzas Armadas para cumplir una amplia gama de misiones militares». De ellas, señaló como la más importante «ganar guerras locales», lo que amenaza con exacerbar las disputas territoriales que el régimen mantiene con sus vecinos asiáticos en aguas del Mar de la China Meridional.

En plena escalada de la violencia por la revuelta de los monjes budistas en el Tíbet y por los recientes choques en la región musulmana de Xinjiang, que dejaron 20 muertos la semana pasada, el primer ministro hizo un llamamiento a la «unidad de las minorías étnicas» y a la «protección de sus derechos religiosos», pero eludió cualquier alusión a sus ansias independentistas.

Con la vista puesta en la transición de poder que marcará el próximo Congreso del Partido Comunista, no se esperan medidas especialmente relevantes en esta Asamblea, aparte de una reforma legal para poner coto a las detenciones secretas de la Policía. Tras una década en el cargo, el presidente Hu Jintao, el primer ministro Wen Jiabao y otros tres gerifaltes del Comité Permanente del Politburó serán relevados en otoño. Como sucesores se perfilan, respectivamente, el vicepresidente Xi Jinping y el viceprimer ministro Li Keqian, pero las distintas facciones del régimen ya se mueven entre bambalinas para no perder su influencia en la segunda economía del mundo.