«Antes echaremos a los palestinos»

TEXTO Y FOTO L. L. CAROMITZPE JERICÓ. Mijal tiene sólo 22 años, un marido religioso «nacido en Jerusalén, muy cerca del Kotel», -dice con orgullo, utilizando el nombre que los judíos dan al Muro de

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TEXTO Y FOTO L. L. CARO

MITZPE JERICÓ. Mijal tiene sólo 22 años, un marido religioso «nacido en Jerusalén, muy cerca del Kotel», -dice con orgullo, utilizando el nombre que los judíos dan al Muro de las Lamentaciones-, una licenciatura en Administraciones Públicas y una ira que le hace apretar los dientes sólo de pensar que el Gobierno de Israel pudiera, algún día, sugerir que se fueran de «su» casa.

Mijal nació en una lejana aldea al norte, Haztrorot Haglilit, pero nada más casarse, decidió junto con su esposo instalarse hace seis meses en el asentamiento de Mitzpe Jericó, tierra ocupada de Cisjordania 20 kilómetros al este de la Ciudad Santa. Donde -bien lo sabe el matrimonio- la ley israelí les prohibía trasladar su vivienda prefabricada a menos que consiguieran un permiso de la Administración Civil, que ni se molestaron en pedir. Por eso fueron de los primeros en recurrir al «truco». A la trampa de ir deslizando hasta la colonia poco a poco, casi siempre de noche, ventanas, paredes, puertas, muebles, para levantar con ayuda de los vecinos el hogar de 48 metros cuadrados que hoy comparten en una explanada, crecida expresamente al lado de los chalés de ladrillo de Mitzpe Jericó, junto a otras 13 caravanas prácticamente exactas a al suya. «No tenemos familia aquí, vinimos porque si no van a venir «ellos» -sonríe con frialdad la joven, sin pronunciar nunca la palabra «palestinos»-, y para dejar claro que este país es nuestro, por eso disponemos de él».

Pero a Mijal se le hiela el gesto cuando oye hablar de que el Gobierno de Ehud Olmert podría, como parte de un acuerdo de paz con los palestinos, desmantelar asentamientos, congelar las ampliaciones en curso y devolver el suelo arrebatado en 1967 a la ANP. «Eso no sucederá nunca -replica-, antes verán cómo de Israel salen todos ellos, también los árabes esos que se dicen israelíes... no se adónde, a cualquier sitio... pero no se quedará ni uno».

Ella, como otros 15.500 judíos, forman parte del inmenso grupo de colonos descrito en un exhaustivo informe de la organización «Peace Now» que, entre junio de 2006 y junio de 2007, han aumentado la población de los asentamientos en un 5,8 por ciento. Tres puntos por encima del crecimiento natural del país. Y contribuido a promover la construcción en 88 colonias casa a casa, o -como sucede en Giv´at Ze´ev al noreste de Jerusalén- alimentando el proyecto de «Pninat Ha´ayalot». una ciudad pensada «para proteger el interés de los observantes de la Torah» que incluye 600 viviendas.

«Entregar nuestras tierras de Israel no traería la paz, en Gush Kativ no la trajo...», se relaja Mijal, aludiendo a la evacuación en 2005 de Gaza -nombre que simula no entender, «para mí es Gush Katia», dice- y mostrándose confiada en que Olmert no repetirá la experiencia «de ese Sharón». «Además, ellos no pararían con Judea y Samaria (Cisjordania), luego querrían Jerusalén, el Kotel, Tel Aviv, Haifa... antes les sacaremos de aquí», se promete.