Annan, en la rueda de prensa en la que criticó la falta de seguridad en Irak. AFP

Annan reprocha a EE.UU. la falta de seguridad aunque insiste en que la ONU no se irá de Irak

El Pentágono hace saber que los funcionarios de la Naciones Unidas rechazaron «por razones de imagen» ser protegidos por efectivos militares norteamericanos

PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL
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WASHINGTON. Irak continúa poniendo a prueba a la Organización de las Naciones Unidas. Al turbulento prefacio de este conflicto en el seno de un fracturado Consejo de Seguridad, se suman ahora reproches más o menos diplomáticos sobre la falta de seguridad y anarquía que han hecho posible la matanza de funcionarios internacionales perpetrada este martes en Bagdad. Situación que complica para la Administración Bush el debate en curso sobre la necesidad de enviar a Irak más efectivos del Pentágono o confiar en soluciones multilaterales.

En esta delicada situación, el secretario general de Naciones Unidas reiteró ayer que el organismo internacional que dirige no se va a retirarse de Irak pese a las gravísimas perdidas humanas sufridas en Bagdad. Koffi Annan, antes de reunirse ayer con el Consejo de Seguridad en Nueva York tras haber interrumpido sus vacaciones en el norte de Europa, ha indicado que «lo menos que debemos a nuestros compañeros es que sus muertes no hayan sido en vano. Debemos continuar». Aún así, ya se estaría organizando la evacuación a través de Jordania de todo funcionario internacional que no desee continuar trabajando en Irak.

De momento, los que ya han hecho las maletas para abandonar Bagdad han sido los ejecutivos del Banco Mundial y del Fond Monetario Internacional con sede en la capital iraquí, que ayer comunicaron a Washington su decisión de partir hacia la vecina Jordania, donde se sienten más seguros para continuar con su trabajo con vistas a la reconstrucción iraquí.

Pese a reconocer la dificultad de prevenir atentados como el de Bagdad, Koffi Annan ha criticado sin citar nombres a Estados Unidos por no facilitar y asegurar el trabajo de la ONU en Irak. Según el secretario general, «el poder ocupante es responsable de la ley, el orden y la seguridad en el país. Esperábamos que a estas alturas las fuerzas de la coalición hubieran logrado un ambiente para que nosotros llevemos a cabo el trabajo esencial de reconstrucción política y económica, establecimiento de instituciones y permitir que los iraquíes puedan salir adelante. Esto no ha ocurrido». Según Annan, la seguridad no es una asignatura optativa.

Seguridad privada en la sede

Ante estas recriminaciones, Estados Unidos se ha apresurado a precisar que los representantes de Naciones Unidas en Bagdad rechazaron que efectivos del Pentágono protegieran su delegación.

Según fuentes oficiales norteamericanas, los funcionarios internacionales declinaron esta oferta de protección para ofrecer una imagen más amigable ante el pueblo iraquí. Como resultado, las fuerzas de la coalición se limitaban a patrullar la zona pero la seguridad del hotel utilizado como cuartel general de la ONU en la capital iraquí estaba a cargo de un servicio privado.

Hasta la fecha, la intervención de Naciones Unidas en Irak se ha limitado a cuestiones como coordinar la ayuda humanitaria, asistencia en las tareas de reconstrucción y promover el retorno de iraquíes desplazados por la guerra. La posibilidad de ampliar esta faceta multilateral en Irak ha generado un fuerte debate en el seno de la Administración Bush, apostando más por lograr la ayuda «ad hoc» de países individuales antes que reabrir la caja de Pandora del Consejo de Seguridad.

Enviar «cascos azules»

Como primera reacción, el atentado ha forzado un análisis en profundidad de medidas de seguridad tanto por el Pentágono como la ONU, confirmándose ya la salida del país de las representaciones del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. Ante este fiasco, algunos miembros del Consejo de Seguridad han empezado a plantear la posibilidad de enviar un contingente de «cascos azules» para proteger a los funcionarios de Naciones Unidas en Irak. Opción que no parece encajar dentro de los reiterados deseos de Estados Unidos de no compartir con entidades multilaterales cuestiones de seguridad y uso de la fuerza dentro de Irak.

Mientras tanto, especialistas del FBI en Bagdad han empezado a investigar el atentado del martes que según las últimas cifras se ha saldado con 24 muertos -incluido el militar español Manuel Martín-Oar- y más de un centenar de heridos. Los agentes norteamericanos han llegado a la conclusión de que para destruir la delegación de Naciones Unidas se ha utilizado una letal combinación de explosivos y municiones militares, desde cargas de mortero a granadas pasando por una vieja bomba de fabricación soviética de 226 kilogramos.

Esta destructora carga fue introducida en torno a las cuatro y media de la tarde dentro del recinto del Hotel Bagdad, edificio de tres plantas utilizado como cuartel general de la ONU en Bagdad. La carga explosiva se encontraba camuflada a bordo de un camión -no una hormigonera como inicialmente se dijo- conducido por un «kamikaze» con instrucciones para detenerse justo en la zona del edificio ocupada por los responsables de la misión de Naciones Unidas, incluido el fallecido diplomático brasileño Sergio Vieira de Mello.

Por el momento, el Gobierno de Estados Unidos no ha querido especular sobre la autoría de este desmoralizador ataque terrorista. Para Kofi Annan, lo ocurrido este martes «obviamente parece algo mucho más organizado y profundo de lo que se pensaba al principio. No sé quienes son los responsables, cuál es su causa o a qué dios rezan, pero lo que han hecho no va a servir a su causa ni tampoco a sus objetivos».