Amre Mussa, en un momento de la entrevista de ayer con ABC.Daniel G. López

Amre Mussa: «Las posibilidades de paz en Oriente Medio con Sharón en el Gobierno israelí serán muy débiles»

Si no se produce un milagro, el proceso de paz en Oriente Medio entrará en una fase nueva e incierta a partir del 6 de febrero, con la llegada al Gobierno israelí del líder de la derecha «dura», Ariel Sharón, y la incógnita que sigue rodeando la política de la nueva Administración norteamericana. Sólo la diplomacia egipcia mantiene algo de las viejas esencias de una mediación y de un optimismo cada vez más apagados.

MADRID. Francisco de Andrés
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Amre Mussa, veterano ministro de Asuntos Exteriores egipcio, hizo ayer una visita relámpago a Madrid para preparar la visita de José María Aznar a El Cairo, prevista para el 13 de febrero. Moussa se reunió con el presidente del Gobierno español, con su colega Josep Piqué, con el ministro de Defensa, Federico Trillo, y con el titular de Fomento, Álvarez Cascos, antes de regresar por la noche a la capital egipcia. Su intensa jornada comenzó con una relajada conversación con ABC.

— ¿Existe alguna posibilidad de acuerdo entre israelíes y palestinos antes de las elecciones del 6 de febrero?

— No. No hay tiempo para ello. Por supuesto Arafat y Barak pueden reunirse antes, pero creo que no hay tiempo para un acuerdo antes de las elecciones israelíes.

— ¿Ni siquiera un acuerdo parcial, o de principios?

— Lo que se ha conseguido hasta el momento es definir con claridad los problemas. Pero no caben ya pactos parciales en éste o aquel punto. El acuerdo que todos deseamos debe ser ya global. No podemos ser pesimistas en un aspecto y optimistas en otro. El proceso de paz es una unidad.

SALVAR LOS MUEBLES

— Todos los sondeos pronostican una cómoda victoria de Ariel Sharón en las elecciones israelíes. ¿Cómo ve el futuro del proceso con la llegada del «halcón» del partido Likud al poder?

— No puedo profetizar qué va a ocurrir. Pero juzgando a partir de las posiciones conocidas de Sharón se avecina un periodo difícil para las perspectivas de paz y estabilidad en Oriente Medio. En cualquier caso, Ariel Sharón siempre ha hablado como líder de la oposición y como militar, así que vamos a darle una oportunidad como primer ministro. Pero, insisto, considerando el pasado, las posibilidades de paz con él son muy débiles.

— ¿Qué margen de maniobra habrá con Sharón en el poder?

— Él no es el único protagonista de este proceso. Todos los que estamos implicados en la paz para Oriente Medio tendremos que estar especialmente activos a partir de ahora.

— Sharón se ha manifestado en el pasado a favor de un Estado palestino, aunque con unas características especiales que le convertirían en una entidad distinta de los Estados tradicionales.

— No existen Estados de segunda categoría. O existe un Estado palestino, o no existe. No caben medias tintas, que nunca aceptarían los palestinos. ¿Por qué habrían de aceptarlo? ¿Sólo para complacer a Sharón?

— ¿Qué tipo de presiones está ejerciendo en estos momentos Egipto?

— No estamos presionando a nadie. Nos limitamos a hablar con todos. De hecho, las negociaciones han avanzado. Lo que hemos de procurar es poner el proceso de paz a salvo de las políticas cambiantes que se registran en el interior de Israel.

— Aunque no le guste hablar de amenazas, ¿está dispuesto el régimen egipcio a poner en juego su Tratado de Paz con Israel si el proceso de paz con los palestinos naufraga definitivamente?

— En caso de fracaso, someteremos el problema a la consideración de la comunidad internacional, como paso previo a cualquier otra medida. Pero vamos a esperar y ver. ¿Por qué precipitar situaciones antes de que se produzcan?

— ¿Pero están dispuestos a utilizar su acuerdo como instrumento de presión en caso de necesidad?

— No haremos del Tratado de Paz un instrumento para la política. El tratado de paz será respetado, al menos por parte de Egipto.

— ¿Qué opina del nuevo presidente norteamericano, y de sus ideas para el proceso de paz?

— No sé nada todavía de las ideas del señor Bush. Pero Estados Unidos seguirá jugando un papel clave en la consecución de la paz en la región.

BOICOT A ESTOCOLMO

— ¿Piensa que la Unión Europea puede incrementar su papel en el proceso de mediación?

— No sé que decirle. Europa ha tenido una actuación muy dubitativa en los últimos meses.

— ¿A qué se ha debido?

— No lo sé. Quizás a la falta de una voz única, o a las presiones de algunos países. El hecho es que el papel europeo se ha reducido en los últimos meses.

— Una fuente diplomática occidental asegura que Egipto bloqueó hace días una cumbre Barak-Arafat en Estocolmo. ¿Puede confirmarlo?

— Sí, nos opusimos a ese encuentro porque no tiene sentido hacer un montaje sólo para las televisiones. Ahora no es necesaria ninguna Conferencia Internacional de Paz. Si Barak gana las elecciones en Israel , firmará personalmente la paz con Arafat. Si gana Sharón, habrá que esperar a conocer su política. ¿Para qué un encuentro-show en Estocolmo?

— La principal manzana de discordia para un acuerdo definitivo sigue siendo Jerusalén. ¿Hasta dónde está dispuesto a negociar el mundo árabe?

— Hasta donde sea necesario si se respetan los principios siguientes: Jerusalén como ciudad única, abierta, capital de dos Estados y garante de la libertad de culto. Estos principios no son negociables.

— El presidente del Gobierno español visitará Egipto dentro de dos semanas para reforzar las relaciones políticas y comerciales. ¿Ha superado ya Egipto la crisis de confianza producida tras el brutal atentado contra turistas en Luxor?

— Definitivamente sí. El año pasado tuvimos una excelente temporada turística. La economía está en pleno proceso de liberalización y reformas, con los problemas lógicos que éstas siempre conllevan.

— El avance registrado en las recientes elecciones parlamentarias por los islamistas de los Hermanos Musulmanes, y los ataques contra cristianos coptos ¿no ponen en entredicho esa confianza en que Egipto ha superado los problemas de seguridad y de violencia islamista?

— No nos gusta hablar de islamismo, sino de grupos extremistas. El problema no es de orden religioso sino de extremismo político, que estamos combatiendo con eficacia.