La amenaza de Aristide

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POR M. M. CASCANTE

ENVIADO ESPECIAL

PUERTO PRÍNCIPE. Muertos en vida deambulan entre escombros y cadáveres en Puerto Príncipe. Mientras, el ex presidente Jean-Bertrand Aristide, expulsado por «marines» estadounidenses en 2004 tras una revuelta popular y exiliado en Suráfrica, amaga como «volver en cualquier momento para estar junto al pueblo, compartir su sufrimiento y ayudar a reconstruir el país».

Antiguo sacerdote de los barrios populares, Aristide ya fue expulsado de la Presidencia en 1991 por un golpe militar (recuperó el poder en 1994 gracias a la intervención militar estadounidense) y perdió el rumbo «por haber comido muchos niños», contaba a este periodista un habitante de Gonaives hace seis años. La ciudad estaba dominada entonces por el Ejército Caníbal, una banda armada que apenas encontró oposición en la escasa y mal preparada policía nacional (Haití carece de Ejército desde el 94). La mención a los niños responde a la supuesta conversión al vudú del ex cura salesiano.

Los intentos por recuperar la poltrona no se limitan a Aristide. También el dictador Jean-Claude Duvalier (Baby Doc) trató de sacar tajada de los acontecimientos de 2004. Pero las razones de la expulsión de Aristide nunca fueron aclaradas, y la labor social del partido que fundó, Lavalás, le han permitido mantener un fuerte apoyo popular. En algunas de las pocas paredes que quedan en pie en Puerto Príncipe puede leerse: «Retou Aristide» (Vuelve Aristide, en creole).

Francia y EE.UU., en contra

Aristide ya manifestó en 2006 su deseo de regresar a Haití, y el presidente René Preval respondió que, según la Constitución, los ciudadanos haitianos no necesitaban visado para viajar a su propio país. Pero Francia y Estados Unidos, potencias dominantes antes y después de su independencia hace dos siglos, no se mostraron favorables. Su presencia, muy probablemente, sólo supondría otro elemento distorsionador y desestabilizador en una realidad terrible.