Carmen de Carlos - EN FOCO

La ambición de Evo

Los últimos sondeos advierten que la mitad de la población rechaza su candidatura

Carmen de Carlos
Actualizado:

el poder, como el hambre, no entiende de género, ideología o religión. El presidente de Bolivia, Evo Morales, es buena muestra de ello. La ambición ilimitada del hombre que puso de moda el indigenismo en América –y lo hizo popular en buena parte del mundo– podría encontrar en octubre un límite en las urnas.

El desprecio de Morales al resultado del referéndum de febrero del 2016, convocado por él mismo, que rechazó una cuarta elección del actual jefe del Estado Plurinacional, no parece, de momento, que le vaya a salir gratis.

Los últimos sondeos advierten que la mitad de la población rechaza su candidatura, impuesta mediante un cambio constitucional avalado por una justicia remodelada a su antojo. El regreso del expresidente, historiador, escritor y periodista, Carlos Mesa, al barro electoral promete no hacer fácil que el antiguo sindicalista logre su objetivo de perpetuarse en el poder.

Los sucesivos Gobiernos de la «fórmula» Evo Morales/ Alvaro García Linera han arrojado resultados económicos favorables, con reducción de la pobreza y un crecimiento en torno al 4,9 por ciento de media pero, en simultáneo, se ha registrado una severa degradación de las instituciones y de la democracia.

Suave pero sin pausa «el Evo», como aún le llaman sus compañeras cocaleras del trópico de Cochabamba, fue haciendo suyo lo que era de otros. Aquella frase en la que advertía que él tomaba las decisiones y si eran ilegales, luego le decía a «los abogados, legalicen ustedes. ¿Para qué han estudiado?» fue una declaración de principios que cumplió al pie de la letra.

El despotismo del hombre que aspira a concentrar el poder absoluto (sin matices) con su insistencia en la reelección, provoca manifestaciones y estas navidades, hasta una huelga de hambre (de las de verdad). La memoria de aquel pastorcillo de origen aimara que vagaba con su rebaño de llamas por el altiplano andino debería recordarle que, hasta para comer, hay un límite y el poder, también lo tiene.

Carmen de CarlosCarmen de CarlosCorresponsalCarmen de Carlos