El FBI alerta a Italia de que el Vaticano, la Scala y la catedral de Milán son objetivo terrorista

La embajada en Roma pide a los estadounidenses que tengan precaución en los lugares de culto y restaurantes

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En Italia han saltado todas las alarmas por temor a atentados terroristas, cuando faltan poco más de dos semanas para inaugurarse el Jubileo. El próximo 8 de diciembre se abre la puerta del Año Santo. Estados Unidos ha alertado a los servicios secretos italianos sobre posibles ataques en iglesias y lugares simbólicos. Tras los atentados de París, el gobierno italiano elevó la alerta al nivel 2, justo el que precede a un ataque en curso.

Es siempre notable la preocupación en Italia, si se tiene en cuenta que Roma, con el Vaticano, es el centro de la cristiandad. Pero ahora se acentúa la alarma: el FBI, la agencia de investigación e inteligencia estadounidense, ha alertado al gobierno italiano que ha recibido informaciones sobre planes de ataque contra basílicas de Roma y de otras ciudades. El FBI había recibido a su vez la alerta de la DEA, la agencia antidroga norteamericana. Se especifica en particular, como posibles objetivos, a San Pedro, con su plaza y su Basílica, la catedral de Milán y el Teatro de la Scala en la capital lombarda. En el mismo informe del FBI se incluyen cinco nombres de ciudadanos árabes, fundamentalistas de Estado Islámico (EI).

Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense ha alertado a sus ciudadanos en la página web de su embajada en Roma para que estén atentos a los bares, restaurantes y lugares que visiten, especialmente los de culto, como iglesias y sinagogas, así como a los eventos multitudinarios, sobre todo en Roma, Milán, Turín y Nápoles.

Tras estas informaciones –y a la luz del enésimo anuncio de EI en su revista «Daviq», que habla de izar la bandera del «califato» en el Vaticano–, los servicios de seguridad italianos han reforzado la vigilancia y los puestos de control, especialmente en Roma y Milán.

Se ha intensificado también la atención en las cárceles italianas, en las que hay 10.000 detenidos de países musulmanes. Después de la barbarie de París, en las prisiones se registraron episodios sospechosos. Muchos presos celebraron los atentados. En la cárcel de Viterbo a un musulmán sospechoso se le encontraron planos de la plaza Navona, Trinità dei monti en la plaza de España y la Fontana di Trevi.

Aunque los avisos de los servicios de inteligencia de medio mundo suelen ser genéricos, nadie en Italia los subestima, sobre todo a pocos días del inicio del Jubileo. Ante este acontecimiento excepcional, algunos medios se preguntan qué credibilidad puede tener la amenaza de los terroristas al corazón de la cristiandad. El semanario «Panorama» –que titula su portada con «Objetivo Roma» con una imagen de Vaticano– afirma en un editorial que «los bárbaros no están ya a las puertas, sino que están entre nosotros».

Una cierta psicosis de atentados crece entre la gente. Este jueves se registraron cuatro falsas alarmas de bomba en la capital italiana y en Milán. Tres veces se suspendió el metro en Roma de forma temporal. Y en Milán fue evacuada la estación del metro próxima a la catedral.

Plan de Renzi

Frente a las señales de alerta que se multiplican, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, anunció en una larga entrevista en televisión que «la próxima semana presentará en el Parlamento una propuesta para invertir más en seguridad y en la recuperación de determinadas realidades». Renzi se refería a la periferias, porque dijo que «los terroristas han crecido en la degradación de nuestras realidades».

Sobre la posibilidad de anular el Jubileo, como algunas personas han solicitado, Renzi fue rotundo: «Nunca se ha pensado en anularlo». El Papa Bergoglio había ya advertido en la audiencia del pasado miércoles en la plaza de San Pedro: «Por favor, nada de puertas blindadas en la Iglesia, nada. ¡Todo abierto!», gritó Francisco. Pero ese día, con los controles policiales multiplicados, se registró una menor presencia de fieles en la tradicional audiencia de los miércoles. Para el Jubileo se esperaban más de 30 millones de peregrinos, cifra que ahora se reduce a unos 17 millones.