El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro - Reuters

Alemania retira 35 millones de euros en ayudas a Brasil para la lucha contra la deforestación

La permisividad de Bolsonaro con la tala de árboles y la falta de voluntad de su gobierno por proteger la selva amazónica han sido las razones esgrimidas por el gobierno alemán

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La deforestación en la Amazonía brasileña alcanzó los 2.254,8 kilómetros cuadrados en julio, un volumen que supera en un 278% al del mismo periodo del año anterior, de acuerdo con las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Investigación Espacial (Inpe) actualizadas el pasado martes.

El Inpe ya había informado de un crecimiento del 88% de la deforestación en junio, un dato que fue calificado por el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, como «antipatriótico» y que desembocó en la destitución del presidente de la institución, Ricardo Galvao. De acuerdo con este instituto, que ofrece estos datos mensuales a través de un sistema de alertas de alteraciones en la cobertura forestal de la Amazonía y cuyos informes no han sido nunca cuestionados, la deforestación pasó de los 596,6 kilómetros cuadrados, en julio de 2018, a los 2.254,8 kilómetros cuadrados del mes pasado, cifras que comienzan a mostrar los efectos de la nueva permisividad de talas de Bolsonaro y que cuestionan la voluntad de su gobierno de proteger la selva amazónica.

Este es al menos el argumento esgrimido por el gobierno alemán, que acaba de anunciar la suspensión de parte de sus subvenciones a Brasil para proyectos de protección de la selva amazónica. «La política del gobierno brasileño en la Amazonía plantea dudas en cuanto a la continuación de una reducción sostenida de la tasa de deforestación», ha justificado la ministra de Medio Ambiente Svenja Schulze. La primera etapa consistirá en bloquear una subvención de 35 millones de euros y queda abierta la puerta a una congelación por completo de los fondos si los datos de deforestación no revierten su tendencia.

Bolsonaro desprecia la ayuda alemana

La primera reacción a esta medida, por parte del presidente de Brasil, ha sido de desprecio. Jair Bolsonaro ha declarado que su país «no necesita» ayuda de Alemania para proteger la Amazonía. «Pueden usar ese dinero como mejor les parezca. Brasil no lo necesita», ha dicho, insinuando que la nueva gran potencia emergente de Latinoamérica no requiere de las ayudas de la vieja Europa.

Desde 2008 hasta 2019, el gobierno alemán ha invertido una partida total de 95 millones de euros para diferentes proyectos de protección medioambiental en Brasil, considerando que este país alberga más del 60% de la selva amazónica, que está siendo talada a una creciente tasa para generar más tierras de cultivo y que es vital para el intercambio de oxígeno por dióxido de carbono en la atmósfera como freno al calentamiento global. En 2011 fue declarada una de las siete maravillas naturales del mundo por concentrar un 60% de la biodiversidad total del planeta y representa un 4.9% del área continental mundial. De todos modos, por ahora, Alemania continuará contribuyendo al Fondo Amazonia, creado en 2008 y cuyo donante más generoso, Noruega, amenaza con retirarse.

El nuevo presidente del Inpe, designado por Bolsonaro, Darcton Policarpo Damião, es un oficial de la Fuerza Aérea Brasileña y doctorado en desarrollo sostenible por la Universidad de Brasilia. El gobierno de Brasilia confía en que, bajo su dirección, los datos de reforestación reviertan, ya que atribuye los anteriores a «mala fe para perjudicar el gobierno y desgastar la imagen de Brasil», en palabras del presidente brasileño, uno de cuyos pilares de campaña fue la promesa de una legislación más favorable a una mayor flexibilización de las políticas ambientales. En las últimas semanas, ha reforzado su intención de liberar la minería artesanal en las tierras indígenas de los estados amazónicos. De acuerdo con gráficas emitidas por el Servicio de Observación de la Atmósfera de la red europea Copernicus, los incendios forestales muestran mayor actividad en los estados de Rodonia y Amazonas. En lo que va de año se han detectado 1.699 focos de calor desde los satélites concentrados en Mato Grosso (8.799 focos de calor a fecha 2 de agosto, 39% más que 2018) que las organizaciones medioambientales atribuyen a quemas para ampliar áreas de cultivo.

Meinrat O. Andreae, exdirector del Instituto Max Planck de Química, con sede en Maguncia, respalda la labro «ejemplar» que el INPE ha desarrollado en las últimas dos décadas. «Ese instituto ha hecho un trabajo estupendo, sobre todo en lo que respecta a la monitorización de la tala y de los incendios forestales desde el espacio», explica, recordando que los resultados de sus mediciones vienen siendo sistemáticamente confirmados por el sistema de observación satelital PRODE. El equipo de Bolsonaro, sin embargo, los tilda abiertamente de «falsos» y defiende un aumento de la explotación de los recursos naturales del Amazonas, según ha confirmado el portavoz del mandatario, Otavio Rego Barros, que no espera ningún boicot internacional a productos brasileños como consecuencia de esta nueva política. Bolsonaro, personalmente, ha declarado que los datos del Inpe «son imprecisos» y que «representan una pésima propaganda» para Brasil. El presidente brasileño ha bromeado incluso con el hecho de que en los círculos medioambientales lo hayan apodado «capitán motosierra» y, refiriéndose a los gobiernos de Francia y Alemania, ha dicho que «todavía no se han dado cuenta de que Brasil está bajo una nueva administración». Bolsonaro ha prometido combatir la «deforestación ilegal», pero defiende la explotación de los recursos propios a favor del crecimiento económico de su país.