Olaf Scholz y Angela Merkel asisten a una reunión del gabinete en Berlín
Olaf Scholz y Angela Merkel asisten a una reunión del gabinete en Berlín - Reuters

Alemania descubre un agujero de 25.000 millones de euros en sus presupuestos

Con estas cifras en la mano, Olaf Scholz ha exigido al resto de ministros que congelen y en lo posible reduzcan los gastos

Corresponsal en BerlínActualizado:

El consejo de ministros del gobierno alemán inició la semana pasada a trabajar en el nuevo plan financiero, pero lo primero que puso sobre la mesa el ministro de Finanzas Olaf Scholz, líder del Partido Socialdemócrata (SPD) es un descubrimiento que la prensa alemana califica de «dramático». Las cuentas no cuadran. A pesar de que en 2018 Alemania volvió a batir su propio récord de recaudación fiscal, en los presupuestos hay un agujero de casi 25.000 millones de euros hasta 2023. Con estas cifras en la mano, Scholz ha exigido al resto de ministros que congelen y en lo posible reduzcan los gastos. Entre otras medidas, ni una contratación más. El gasto de personal del Gobierno federal alemán se disparó entre 2016 y 2020 desde los 31.000 hasta los 35.000 millones de euros. Dado que los objetivos de deuda siguen siendo válidos, la gran coalición se verá obligada a congelar programas como el destinado a la transición digital de los colegios, aunque Scholz sugirió en esa misma reunión que está dispuesto a agotar la reserva para refugiados, actualmente de 35.200 millones.

El desequilibrio financiero viene ocasionado por varias apuestas muy caras que constan en los acuerdos de formación de gobierno, como el costoso abandono de la energía proveniente del carbón, las ayudas al sector de la construcción y a las mejoras de las pensiones. Todo esto sumado a que la economía alemana ha desacelerado sensiblemente en 2018 y los ingresos por la vía de los impuestos no son ya tan burbujeantes. El Ministerio de Finanzas espera reducir los gastos en al menos 5.000 millones de euros al año y están en peligro proyectos en los que el electorado alemán tenía puestas grandes esperanzas, como las subidas significativas de las pensiones de jubilación básicas en la que venía trabajando el Ministerio de Trabajo.

El ministro Hubertus Heil ha presentado un concepto de mejora de las pensiones de hasta 477 euros al mes por pensión y con un coste para las arcas públicas de unos mil millones de euros al año. Las subidas están diseñadas especialmente para trabajadores que han cotizado durante toda su vida y que terminan con pensiones bajas debido a los bajos salarios percibidos, en conjunto entre tres y cuatro millones de beneficiarios, el 75% mujeres. «Alguien que ha trabajado durante décadas tiene derecho a cobrar más que aquellos que no han trabajado, es una cuestión de respeto por la vida y de incentivación al trabajo», ha defendido Heil un proyecto que debería entrar en vigor en 2021 y cuya financiación está ahora en entredicho.

Quizá se refería a todo esto el ministro Schulz cuando en su primera entrevista del año advirtió que «el tiempo de las vacas gordas se ha terminado». El Gobierno alemán, de hecho, ha procedido a una reducción de su previsión de crecimiento económico para 2019 hasta el 1% del PIB, frente al 1,8% inicialmente previsto. La economía germana será capaz de crear unos 350.000 empleos y reducirá el paro por debajo del 5%, pero eso que en otras latitudes sería recibido como una bendición, en Alemania tiene una cara muy negativa. La falta de recursos humanos y personal cualificado supone ya un lastre para su industria y la demanda, según esta previsión, no podrá ser cubierta tampoco este año. La reducción de los objetivos de crecimiento económico se explica, sobre todo, por el impacto de la coyuntura internacional, en concreto las consecuencias que puede tener un Brexit duro en relación con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Se trata del principio del fin del período de crecimiento más prolongado desde 1966, con vientos en contra en el comercio exterior y en el entorno de la política fiscal internacional.

El Gobierno de gran coalición formado por los conservadores de Merkel y los socialdemócratas del SPD, trabajosamente negociado en última instancia, cumplirá en marzo un año con la voluntad de agotar la legislatura hasta 2021. El hallazgo del agujero presupuestario y el contexto que dificulta parchear la coyuntura sin renegociar acuerdos, genera tensión añadida en un momento en el que las elecciones europeas de mayo pondrán a prueba su capacidad de resistencia. En términos de permanencia política, jugarán también un importante papel las elecciones regionales de Brandemburgo, Sajonia y Turingia, que se celebrarán en septiembre y octubre. En estos tres Länder del este del país, al igual que en las europeas, el partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD) tiene grandes aspiraciones. Si esa triple cita con las urnas no resulta fructífera para los partidos del gobierno federal, y recién anunciado un proceso de recortes del gasto, podría haber consecuencias.