Alejandro Toledo, en una imagen de archivo con atuendo indio, está previsto que se reúna mañana en Madrid con Aznar. Reuters

Alejandro Toledo: «Soy indio, terco y rebelde, pero con cabeza»

Si nada inesperado ocurre en los próximos dos meses, puede decirse que Alejandro Toledo tiene la Presidencia del Perú en su bolsillo. Las encuestas le dan una considerable ventaja sobre sus opositores. Y su ascenso no parece haber tocado techo, pues sólo en el último mes ha subido de un 23 por ciento al 33, mientras el segundo lugar se lo disputan tres candidatos.

Por Plinio Apuleyo MENDOZA
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La campaña electoral, es cierto, apenas está calentando motores. Lima tiene aún la cara limpia, sin carteles electorales. Sólo algunos letreros, escritos deprisa en unos cuantos muros, recuerdan: «Toledo sí es peruano» ( alusión a la nacionalidad japonesa recobrada ahora por Fujimori). Tal vez la única carta desconocida es la que representa el próximo regreso de Alan García.

El «cholo» representa un fenómeno parecido al de Fujimori en 1990. Lo que juega ante todo en su favor son sus rasgos indígenas y su fantástica leyenda de hombre salido de la más modesta entraña popular. Esa imagen la cultiva él de manera a veces un tanto teatral, aunque no necesita nada para ser igual a cualquiera de esos vendedores de diarios, lotería o lápices que pululan en los semáforos de Lima. Inclusive, sentado en su oficina de candidato en la sede de Perú Posible, con el cuello de la camisa abierto y con un espeso e indómito pelo de indio que un peine arañaría inútilmente, sin poderlo amansar, da la impresión de un portero que se hubiese sentado frescamente tras el escritorio del gerente.

— Dos corrientes políticas se enfrentan hoy en el mundo, incluyendo a Latinoamérica: socialismo y liberalismo. ¿Con cuál de ellas se identifica usted?

— Con ninguna de las dos. Son paradigmas rotos.

— ¿De veras? ¿No estará usted, con esta respuesta, saliéndose por la tangente como su compatriota, el presidente Velasco Alvarado, cuando dijo que él no era de izquierda ni de derecha sino todo lo contrario?

La broma no parece caerle bien. Repentinamente serio:

— Le voy a decir muy francamente que mi propuesta es moderna y atrevida. Por eso he llegado donde estoy.

PROPUESTA MODERNA Y ATREVIDA

— ¿En qué consiste el atrevimiento?

— Pues en esto: yo creo que hoy es posible manejar la economía con responsabilidad, de la manera que llaman liberal. Creo que se puede manejar la política monetaria y fiscal disciplinadamente, tener los precios en su lugar, impulsar las privatizaciones y la inversión privada nacional y extranjera respetando las reglas del juego y, en especial, la seguridad jurídica.

— Hasta ahí, todo eso es liberalismo. O neoliberalismo, para usar esa mala palabra.

— Sí, pero es que eso no es incompatible con una profunda preocupación social, como la tengo yo. Y eso no me hace socialista ni me hace liberal. Hay que manejar bien la economía para invertir en el área social. ¿Si la economía no crece con qué voy a dar salud y mejor educación a mi gente?

— De modo que seguirá usted privatizando. ¿Por dónde empezará, por los puertos?

— No, los puertos no se privatizan. Se darán en concesión al sector privado a veinte o treinta años.

— ¿Y el Estado cómo deberá ser?

— Chiquito, moderno, fuerte.

— Chiquito... ¿Quiere decir que va a disminuir la burocracia? Eso, en el primer momento, podría incrementar el desempleo.

— Para reducir el Estado hay que reformarlo. El Estado necesita concentrarse en cuatro grandes áreas: educación, salud, nutrición y seguridad ciudadana. Y tiene aún otra gran responsabilidad: construir un clima propicio de estabilidad jurídica para atraer las inversiones nacionales y extranjeras y darle al sector privado la responsabilidad de hacer crecer la economía pero en condición de ser competitivo.

— Un gran problema del Perú y de cualquiera de nuestros países: la pobreza. ¿Cuántos pobres hay en su país?

— Trece millones de pobres. Y ahí está la guerra frontal que debo librar. Mire, soy indio, terco y rebelde, pero con cabeza. Eso me permitió derrotar a Fujimori. Hoy en día esa misma terquedad, ayudada por mi profesión de economista, me permitirá luchar contra la pobreza.

— ¿De qué manera?

— Primero, con la generación de trabajo, y ya le dije qué condiciones se necesitan para que la economía crezca y se produzcan nuevas ofertas de empleo. Luego, dándole un impulso muy fuerte a la educación.

— ¿Piensa reducir el ejército y los gastos militares? El Perú parece haber resuelto sus problemas con Ecuador y Chile, problemas que lo obligaban a tener un ejército de ciertas dimensiones

— Primero, déjeme decirle que los acuerdos con Ecuador y con Chile, si bien es cierto que los firmó Fujimori, son capítulos cerrados. Nos conviene que así sea, no sólo por amar la paz, sino porque al dejar de comprar armamento podemos invertir más en educación. Además, el momento es propicio para redefinir la función democrática de las Fuerzas Armadas. Ahora bien, aquí no puede haber decisiones unilaterales. Esa política —la de reorientar los recursos que se empleaban en gastos militares hacia la inversión social— debe formar parte de un acuerdo regional. Pero lo haremos consultando a los militares.

— ¿Piensa mantener el asistencialismo social? Me dicen que hoy en día se ayuda a millones de pobres con desayunos gratis.

— En el corto plazo, mientras tengamos una economía en recesión, no podemos desenchufar. Es como si se le está dando a usted suero por las venas y sin que usted se haya curado se le quita. Vamos a repotencializar los comedores populares, el vaso de leche. Sin embargo, como filosofía de gobierno no soy partidario de regalar pescado.

— Prefiere dar cañas de pescar.... ¿Qué piensa hacer con las comunidades indígenas? ¿Cómo facilitarles su ingreso a la modernidad sin que pierdan su identidad cultural?

EL QUECHUA, SEGUNDA LENGUA

— Hoy en día no es incompatible ser moderno, global, competitivo, cibernético con la identidad cultural. Le doy una primicia. Vamos a restituir el quechua como una segunda lengua nacional. Necesitamos anclar en nuestras raíces pero sin cerrarnos al mundo. Mañana salgo para Davos, en Suiza. Me voy en un avión de lujo, en primera clase. ¿Y cuál es el problema? Eso no es incompatible con el hecho de que a mí me guste mi huanito, mi charango, mi cancha.

— A propósito: uno advierte que el Perú es un país con una fuerte fractura social y aún racial. ¿No incrementará usted esa fractura insistiendo en su condición de «cholo»? Por ese camino, va a ser difícil que el Perú vuelva a tener un presidente blanco. ¿No será ello un racismo al revés?

— (En un tono sarcástico) No, no le tengan miedo al 95 por ciento de los peruanos que al fin le tocó su turno. No, el mío no es un tema racial. Mi tema es el de igualdad de oportunidades. Creo que este es un país solapadamente racista. No podemos cambiar nuestro rostro. No puedo cambiar el mío. Pero la única manera de revertir eso es con la educación.

ACTITUD CON ESPAÑA

— ¿Tiene reproches que hacerle al Gobierno español? Me dicen que en un momento dado lo encontraba usted muy benévolo con Fujimori.

— Veo que usted está bien informado. Pero esa posición del Gobierno español tiende ahora a cambiar. Ya no es defensor acérrimo de Fujimori, como antes. Hemos intercambiado mensajes amistosos. España es hoy el mayor inversionista en el Perú. Espero que nuestras relaciones serán muy buenas.