El presidente Alejandro Toledo durante su última visita oficial a España

Alejandro Toledo: «Chávez no puede utilizar su chequera de petrodólares para desestabilizar Latinoamérica»

El mandatario peruano asegura que se equivocan quienes piensan que está surgiendo una nueva izquierda en América Latina. En su opinión, se trata sólo de un «populismo barato» y advierte que una política de nacionalizaciones, como la boliviana, perjudica a los más pobres

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«Tranquilos, yo no voy a nacionalizar nada», fue lo primero que Alejandro Toledo mencionó a los empresarios españoles en su intervención ante el Foro Nueva Economía. Esta semana, el mandatario peruano realizó, probablemente, su última visita oficial como presidente a España, puesto que en dos meses dejará el poder. Su presencia coincidió con el lío verbal que viene sosteniendo con sus homólogos de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, en un contexto en el que las grietas de Latinoamérica comienzan a preocupar a Europa y, especialmente, a España.

-Iberoamérica ha desnudado todas sus fracturas en la reciente Cumbre con la UE. Se habla ya de un eje La Habana-Caracas-La Paz. ¿Hacia dónde va Latinoamérica, si es que va hacia alguna parte?

-Es cierto que hay fisuras, más que fracturas, en América Latina. Hay fisuras que tienen que ver con estilos de gobierno y con coyunturas de precios internacionales. Pero se equivocan tremendamente quienes piensan que está surgiendo una nueva corriente de izquierda en América Latina. No la hay.

-¿Qué hay entonces?

-Lo que hay es el surgimiento de un populismo barato que tiene un costo muy alto para la región, sobre una experiencia por la cual ya hemos atravesado. Ni siquiera es el surgimiento de una izquierda responsable o cohesionada en términos conceptuales, como las que nos presentaron hace años Aníbal Pinto o Fernando Henrique Cardoso. Esas eran posturas sólidas, que tenían sentido y con las cuales uno podía discrepar. Pero lo de ahora es sólo el surgimiento de un populismo fácil basado en petrodólares.

-Las negociaciones entre la Comunidad Andina y la UE casi fracasan por el temor a que Bolivia se retirase del grupo. Usted señaló que aunque se retire, las conversaciones para un acuerdo comercial continuarán. ¿Por qué se ha desdibujado tanto la relación entre Lima y La Paz?

-Perú y Bolivia tienen raíces históricas profundas. No olvide que eran un mismo país y lo siguen siendo. Y las raíces profundas entre ambos van más allá de los presidentes de turno. A mí me preocupa que pueda haber un «efecto espejo», me preocupa que puedan quedarse «secuestrados» algunos, pero yo tengo un gran respeto por el presidente Evo Morales, y no contestaré sus calificativos. Sin embargo, quiero decirle que la relación de hermandad entre Perú y Bolivia es muy fuerte y muy profunda, y los pueblos son más grandes que sus presidentes de turno.

-El presidente Evo Morales le ha llamado «traidor» por negociar con EE.UU. un tratado de libre comercio. ¿Alguna vez un presidente se había referido a usted de ese modo?

-Nunca, pero yo no voy a responder a los calificativos del presidente Evo Morales o de Hugo Chávez porque yo respeto a los bolivianos y a los venezolanos. Ellos han elegido presidentes democráticamente y lo respeto. Discrepo con su orientación, pero no les respondo porque yo los trato a ellos como jefes de Estado.

-¿A pesar de que Evo Morales se haya mofado al decir que fue una «payasada» el abrazo que usted le dio en la reciente Cumbre de Viena?

-Bueno, él me dijo que la prensa lo había tergiversado.

-¿Y usted cree eso?

-Mire, cada uno es prisionero de sus palabras y dueño de sus pensamientos. Yo no voy a contestar. Conversé (con Evo Morales) al día siguiente y me dijo que la prensa lo había tergiversado. Pero, vamos, por dos días la situación en la Cumbre fue muy tensa. Las negociaciones sobre los párrafos que debían redactarse en la Declaración de Viena fueron muy duras y las autoridades de la Unión Europea jugaron un papel muy importante. El concepto de integración es mucho más profundo que nuestras diferencias, así que antes de dar mi discurso en Viena decidí ir a abrazarlo porque él (Morales) me considera como su hermano mayor. Eso fue lo que él me dijo. Y si no supo apreciar mi gesto, lo dejo ahí.

-Tampoco se ha salvado de la incontinencia verbal del presidente Hugo Chávez, quien le ha llamado «caimán del mismo pozo» que Alan García (actual candidato presidencial). Es más, el vicepresidente venezolano ha dicho que usted es un «atorrante» y un «fracasado».

-Le repito que yo no voy a responder a los calificativos, pero sí le digo algo: el presidente Hugo Chávez no puede darse el lujo de utilizar su chequera gorda de los petrodólares para desestabilizar América Latina. Los precios del petróleo en el mercado internacional no le dan liderazgo político a ningún presidente. Los presidentes que han sido elegidos democráticamente tienen la responsabilidad de gobernar democráticamente. Los presidentes que tienen la suerte de contar con petróleo no pueden jugar a la desestabilización. Yo termino mi mandato en dos meses, pero no termina mi lucha por la democracia en América Latina.

-¿Qué riesgos traerá para la región el populismo de Hugo Chávez?

-Riesgos muy graves, porque puede seducir temporalmente a la gente regalándoles pescado, creando ilusiones pensando que puede reducir así la pobreza, quemando divisas si es que usted tiene una billetera gorda porque los precios del petróleo son altos en el mercado internacional. Y la única manera de reducir la pobreza es invirtiendo más en nutrición, salud y educación. Entonces, pienso que sería peligroso. Y yo sí creo que el presidente Hugo Chávez está jugando un papel desestabilizador en la región.

-A raíz de la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, en España se teme que algo similar ocurra en Perú con el próximo Gobierno.

-Yo espero que eso no ocurra.

-Pero tanto Alan García como Ollanta Humala apuntan en sus planes de Gobierno a un mayor intervencionismo del Estado. ¿Cuál es su posición al respecto?

-Yo creo que el Estado necesita tener una presencia fuerte en las políticas públicas sociales y en la construcción de un clima de estabilidad económica, política, social y, fundamentalmente, jurídica para traer los capitales de inversión y darle sostenibilidad al crecimiento económico. Pero ese crecimiento no debe ser el objetivo final, sino sólo un componente indispensable en la lucha contra la pobreza.

-¿Una política de nacionalizaciones, como la que lleva a cabo Bolivia, podría ser viable en Perú?

-Podría ser viable, pero sería absolutamente contraproducente porque en este mundo globalizado, todos los países compiten por capitales de inversión. El objetivo de las políticas públicas en esta América Latina enojada, impaciente, que pierde fe en la democracia, debe ser la reducción del número de pobres. Y eso no se hace regalando pescado porque eso significa un populismo de corto plazo. La mejor manera es a través del crecimiento económico que se traduce en una mayor calidad de salud y educación. Lo inverso es quemar las reservas internacionales, incrementar los déficit fiscales, gastar más de lo que se tiene y empobrecer a los pobres, dándoles pan para hoy y hambre para mañana.

-¿Tiene una opinión sobre la política de nacionalizaciones en Bolivia o la apropiación por parte de ese Estado de las acciones del BBVA?

-Yo no me voy a meter en la política interna de Bolivia o de Venezuela, pero sí le puedo dar mi opinión sobre la región. Creo que una medida como esa ahuyenta la inversión privada, frena el crecimiento y, consecuentemente, aumenta el desempleo y hace que los pobres sean más pobres.

-Aunque Perú ha crecido económicamente durante su gestión, la desigualdad social sigue siendo calamitosa, lo cual es el caldo de cultivo para que surjan gobiernos como los de Chávez y Morales. Si Ollanta Humala llega al poder, ¿se sentirá usted un poco responsable?

-¿Por qué debería sentirme responsable? ¿De dónde saca usted esa conclusión? En 2001 el 54 por ciento de la población peruana vivía en la pobreza, ahora es el 48. La pobreza extrema la recibí en 24 por ciento, ahora está en 18. Sé que no es suficiente y no estoy contento, pero recién comenzamos a cosechar. Entonces, no me diga usted que me sienta responsable. Yo no soy responsable de que los candidatos sean como son.

-¿Y ha pensado cómo sería un Perú gobernado por Humala?

-Sólo le puedo decir que yo respetaré la voluntad del pueblo. En el Perú, el presidente convoca elecciones y no debe pronunciarse sobre los candidatos ni sobre la campaña electoral.

-Alan García ha sido su principal opositor. ¿No es paradójico que ahora usted le exprese su apoyo?

-¿Apoyarlo yo?

-Hace unos días, usted dijo que en esta segunda vuelta los peruanos tendrían que elegir «entre la democracia y el autoritarismo», en clara alusión a Ollanta Humala.

-No dije eso. Yo dije que a esta contienda electoral no se trataba sólo de dos candidatos, sino de defender la democracia porque por ella yo luché. Yo no apoyo ninguna candidatura.

-En el partido de fútbol que jugó en Viena, antes de la Cumbre, usted marcó dos goles...

-Déjeme decirle que yo en Viena anoté cuatro goles: dos en la cancha y dos en la Cumbre. Los dos en la cancha, usted ya los vio. El tercer gol fue haber recibido la Presidencia de la Cumbre de la UE y América Latina. Y el cuarto fue haber logrado que el presidente Evo Morales se siente con nosotros, los países andinos, para iniciar la marcha hacia un acuerdo de comercio entre la Comunidad Andina y la UE.

-Correcto, pero a pesar de haber anotado dos goles en el campo, su labor aquella vez no fue muy aclamada por el público vienés. ¿No fue acaso un reflejo de lo que le ha ocurrido en estos cinco años de gobierno? Es decir, ¿siente que los peruanos no han valorado sus «goles»?

-Cierto. Gobernar un país en transición con responsabilidad significa pagar un precio y lo he pagado. Bajó mi popularidad. Pero lo invito a mirar las encuestas. Hoy me dan 31 por ciento de popularidad y algunas, 54.

-Pero durante cinco años su popularidad fue una de las peores en la región.

-¡Pero es que para cosechar hay que sembrar! Y si usted quiere manejar un país con responsabilidad, no va a agarrar las reservas internacionales y quemar las divisas para entregar populismo en el corto plazo, sabiendo que en el mediano y largo plazo está haciendo a los pobres más pobres.

-Usted ha dicho, con cierta melancolía, que no podrá cosechar lo que sembró. ¿No ha pensado en volver a aspirar a la Presidencia en 2011?

-¡No! Estos cinco años han sido muy intensos. Gobernar en transición es muy difícil. Ahora me están diciendo: «Cholo, no te vayas», pero yo no tengo tiempo para eso. Voy a reestructurar mi partido político y voy a luchar por la democracia en América Latina. Este «futbolista» se va a otro campo.