Afganistán, la vuelta de los talibanes

Afganistán, la vuelta de los talibanes

MIKEL AYESTARÁN
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Ocho años después de la caída del Emirato Islámico que los talibanes instauraron en Afganistán, el nuevo Gobierno de Kabul, apoyado por toda la fuerza de la OTAN, es incapaz de controlar el país y los dirigentes afganos no tienen más remedio que hacer llamamientos desesperados al diálogo en busca de una reconciliación nacional.

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca y el nombramiento del general David Petraeus como jefe del Comando Central estadounidense respaldan este acercamiento a aquellos enemigos susceptibles de colaborar con las autoridades, siguiendo la estrategia empleada en Irak, pero... ¿con quién se debe negociar en el frente afgano-paquistaní?

«El 5 por ciento son irreductibles; el 25 por ciento no están seguros de la fuerza de su compromiso con la insurgencia, y el 70 por ciento están en ello por el dinero», fue el desglose estadístico que realizó el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, ante los aliados de la OTAN en la UE en su reciente paso por Bruselas, donde defendió el cambio de táctica porque «no estamos ganando la guerra, la gente está cansada y merece la pena intentarlo».

El responsable de Interior afgano, Mohamed Hanif Atmar, siguió haciendo cálculos y cifró «entre diez mil y quince mil» el número de talibanes que en la actualidad controlarían «diecisiete provincias», la mitad del territorio, y que son capaces de actuar cada vez con mayor facilidad en la misma capital, Kabul.

Las palabras de Biden recibieron pronta respuesta del bando talibán y uno de sus múltiples portavoces, que se presentó como Zabihullah Mujahid, aseguró a la agencia local Pajhwok que «los talibanes estamos unidos bajo el mando central encabezado por el mulá Omar, y el debate sobre la existencia de sectores moderados y radicales es simple propaganda. La única solución es la salida de las fuerzas extranjeras».

Fraccionar, la mejor arma

Naciones Unidas, cuya misión en el país es anterior a la llegada de los americanos, defiende «un diálogo abierto con un personaje identificado y legítimo que represente y unifique a los grupos insurgentes», una figura, según los expertos, inexistente en un panorama actual donde «además de los dos grandes grupos clásicos, encabezados por el mulá Omar y Gulbudín Hekmatyar, aparecen infinidad de pequeños clanes independientes y con agendas particulares.

Dentro del maremágnum de comisiones, departamentos y asociaciones creados por la misión internacional en Afganistán, la Comisión por el Fortalecimiento de la Paz (PSC, por sus siglas en inglés), se encarga de la negociación directa con la insurgencia y esta semana ha logrado que «tres históricos comandantes talibanes de Herat abandonen las armas».

Los mulás Abdul Baqi, Abdullah y Abdul Ahad -que operaban en la zona de acción española- tenían bajo sus órdenes grupos de diez personas que a partir de ahora dejarán de hostigar a las fuerzas extranjeras y colaborarán con las autoridades a cambio de dinero.

«Biden tiene razón cuando señala que el respaldo es por motivos económicos, los talibanes llegan a donde es incapaz de llegar el Gobierno de Kabul, y en las zonas más pobres ofrecen algo a la gente a cambio de que apoyen su yihad», apuntan las fuentes consultadas en Kabul.

«La insurgencia es un actor plural formado por todos aquellos que no reconocen a las autoridades y se levantan en armas. Señores de la guerra, narcotraficantes, talibanes, milicianos de Al Qaida... que combinan motivaciones religiosas, políticas, económicas y tribales», destaca Javier Jordán, doctor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Granada.

La nueva estrategia internacional, basada en el acercamiento a los elementos menos radicales de esta heterogénea insurgencia, también pasa por extender el frente a Pakistán donde se encontrarían, según las agencias de inteligencia, los auténticos santuarios para los líderes de la lucha contra el Gobierno de Kabul, entre ellos el mismísimo Bin Laden.

Los ojos y los misiles de los aviones no tripulados estadounidenses apuntan más que nunca al Waziristán del Norte y del Sur, dos regiones del norte de Pakistán en las que los clanes más importantes han formado el Consejo de Muyahidines Unidos, que reconoce al «mulá Omar y a Osama bin Laden» como sus líderes en una yihad cuya lucha volverá a intensificarse con la llegada de la primavera, tal y como anunció la cabeza visible de este nuevo Consejo, Baitula Mehsud.

Soldados españoles de relevo

Es el escenario que encontrarán los 162 militares españoles que partieron ayer desde Santiago de Compostela con destino a Afganistán. Se trata de la tercera y última de las rotaciones que se han llevado a cabo con ocasión del relevo de fuerzas en Afganistán. Los soldados quedarán distribuidos en Herat y en Qala-e-Naw. Actualmente en Afganistán hay desplegados 780 soldados españoles.