Afganistán acude hoy a las urnas en plena guerra abierta contra los talibanes

MIKEL AYESTARÁN | KABUL
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Avenidas vacías, persianas cerradas, bazares mudos. Kabul se viste de ciudad fantasma para celebrar una jornada electoral marcada por las amenazas talibanes a los ciudadanos que acudan a su cita con las urnas.

Los candidatos llegan a la meta tras una campaña muy occidental, con viajes por el país, mítines multitudinarios, carteles y debates televisados. Según las encuestas, Hamid Karzai y el ex ministro de Exteriores, Abdulá Abdulá, se perfilan como los dos grandes favoritos a la victoria final. La gran pregunta es conocer si alguno de ellos logrará superar el cincuenta por ciento de votos necesario para no tener que acudir a una segunda vuelta.

El país celebró su Día de la Independencia sin ningún tipo de acto público programado debido a los problemas de seguridad. La capital amaneció con la noticia del asalto a un banco por parte de cinco hombres armados. Las fuerzas de seguridad acordonaron inmediatamente la zona y tras un tiroteo inicial, necesitaron cuatro horas para reducir a los atacantes, tres de los cuales fueron abatidos a tiros. Un portavoz talibán reivindicó inmediatamente la acción, como hacen habitualmente, aunque las autoridades afganas no hablaron en ningún momento de que se tratara de un comando yihadista.

El dueño del restaurante Faryabí fue testigo de excepción de lo ocurrido ya que el establecimiento está justo frente al banco. Con una mano señala los carteles de Abdul Rashid Dostum que decoran el local, con la otra muestra casquillos y reflexiona en voz alta «él es el hombre capaz de darnos seguridad. Votaremos por Karzai porque le ha pedido que vuelva para que solucione los problemas del país».

Culminando su política de pactos con los grandes señores de la guerra de las diferentes etnias, Hamid Karzai abrió las puertas del país de nuevo al gran líder uzbeco, exiliado en Turquía, que se suma a los Karim Jalili y Mohamed Mohaqeq, hazaras, y Mohamed Fahim, tayiko. «Cuando tenga que formar gobierno va a tener serios problemas porque ha prometido mucho y le será complicado quedar bien con todos», opina un diplomático con larga trayectoria en el país que no tiene dudas sobra la victoria absoluta de Hamid Karzai.

Apagón informativo

Agolpados en una rotonda cercana y mezclados entre decenas de curiosos, los reporteros que esperaban el desenlace del ataque al banco tuvieron que bajar sus cámaras ante la presión policial. A través de los decretos de los ministerios de Interior y Exteriores, las autoridades afganas quieren evitar que se informe sobre los acontecimientos violentos que rodeen al proceso electoral en nombre del «interés nacional».

Los decretos -publicados el martes a última hora- resultan contradictorios ya que mientras que en su versión en inglés hablan de «petición», la versión en dari se refiere a «prohibición expresa». Las asociaciones de prensa afganas criticaron esta medida que calificaron de «inconstitucional». Finalizado el asalto al banco, la calle volvió a abrirse al escaso tráfico que ayer transitaba por Kabul.

«La violencia va a tener incidencia directa en la participación en las zonas rurales. En Kabul y el resto de grandes ciudades dependerá si sufren grandes atentados o no», señala Alberto Huidobro, observador español de la misión de la UE que hoy recorrerá diferentes colegios electorales en la capital.

En las calles muchos ciudadanos parecen ofenderse cuando se les pregunta si tienen miedo a lo que pueda ocurrir hoy. «Luché contra los rusos y después contra los talibanes, estamos acostumbrados a la guerra. Iré a votar sin problemas», responde Mohamed Shariati, comerciante de la calle Maiwan. Otros son más cautos y aseguran que esperarán que pasen unas horas antes de acudir a las urnas.

«Dos son los peores escenarios. El primero, que no se supere un treinta por ciento de participación, ya sea por miedo o por hartazgo con el sistema. El segundo, ir a una segunda vuelta, sólo hay que ver los ejemplos de lo peligrosas que han resultado estas segundas vueltas en otros países en conflicto», aseguran fuentes de la ONU que temen que los candidatos crispen al electorado y la gente se eche a las calles. Los dos principales contendientes representan a las etnias principales del país -pastunes y tayikos- y los fantasmas de la guerra civil siguen muy presentes en esta sociedad.

El objetivo número uno de la comunidad internacional es el desarrollo y la reconstrucción del país, dos objetivos eclipsados en los últimos meses por la organización de unas elecciones que costarán más de doscientos millones de euros.

Agenda a medio gas

Los ministerios mantienen sus agendas a medio gas y apenas se celebran reuniones de alto nivel porque los donantes y demás contrapartes internacionales han salido del país, están metidos en sus refugios o volcados en exclusiva en la cita electoral. La Comisión Electoral Independiente informó de que los resultados definitivos no se harán públicos hasta mediados de septiembre, casi un mes más de parón en un país con demasiadas urgencias por resolver.