Imagen de la marcha de mujeres en Washington, en enero de 2017
Imagen de la marcha de mujeres en Washington, en enero de 2017 - REUTERS

Las acusaciones de racismo revientan la marcha feminista de EE.UU. contra Trump

El Partido Demócrata se distancia de las organizadoras por sus simpatías hacia polémicos activistas antisemitas

WashingtonActualizado:

Acusaciones de antisemitismo y homofobia han ahogado en una inesperada polémica la marcha de Mujeres que este sábado volverá a las calles de Estados Unidos para protestar contra Donald Trump y pedir igualdad para las mujeres. Ciertos comentarios y participación en actividades racistas del grupo de mujeres que convoca la marcha han provocado la división del colectivo, la cancelación de manifestaciones, el abandono de activistas y hasta el distanciamiento del Partido Demócrata, alarmado por la radicalidad de algunas organizadoras.

Hace dos años, el día después de la toma de posesión de Donald Trump, más de cinco millones de mujeres salieron a las calles a protestar contra el presidente y el machismo. Fue todo un logro: en Washington superaron con creces el número de asistentes a la jura de Trump. Además, se organizó en un tiempo récord: un texto viral en Facebook publicado tras la victoria de Trump en noviembre de 2016 provocó una oleada de indignación feminista que en apenas 10 semanas desembocó en una de las mayores protestas de la historia del país.

De aquella indignación germinaron candidaturas políticas de mujeres que, tras las elecciones parciales del pasado noviembre, han transformado el Capitolio, donde 127 escaños de 535 los ocupan mujeres, una cifra récord. Uno de sus efectos ha sido devolver a la presidencia de la Cámara de Representantes, cabeza del poder legislativo, a una mujer, Nancy Pelosi. Este sábado, sin embargo, ese Capitolio no abrirá las puertas a una marcha encabezada por mujeres de una ideología considerada por muchos congresistas excesivamente radical.

Ya en la marcha de 2017 hubo polémica por la falta de mujeres judías en la organización. A muchas activistas del movimiento pro-vida se les ha hecho el vacío y una gran parte de ellas ha participado este viernes en una manifestación previa en contra del aborto. Desde la fundación misma del colectivo ha habido tensiones con colectivos a favor de los derechos de los homosexuales por los intentos de varias líderes feministas de prohibir la gestación subrogada en EE.UU.

El último escándalo de la Marcha de las Mujeres lo ha provocado una de sus cuatro organizadoras, Tamika Mallory, quien se ha reunido y ha alabado abundantemente a Louis Farrakhan, un nacionalista negro que lidera un grupo llamado Nación del Islam. Farrakhan ha acusado a los judíos de controlar EE.UU. y el mundo y de promover un estilo de vida homosexual. También ha dicho que fue Dios quien «puso a los judíos en los hornos» y ha acusado a los judíos de estar tras los ataques terroristas del 11-S.

Los problemas no vienes sólo por las simpatías de Mallory y sus tres compañeras al frente de la organización, Bob Bland, Linda Sarsour y Carmen Pérez. Muchas activistas desencantadas han revelado en reportajes publicados por la revista Tablet y el diario The New York Times que estas mujeres expresaron en varias reuniones comentarios antisemitas, como que «los judíos deben asumir su historia racista y de opresión de las personas de color».

Teresa Shook, autora del texto original de Facebook que desembocó en el movimiento, ha publicado otra entrada en esa red social en la que asegura que las cuatro organizadoras «han apartado al movimiento de su camino inicial». «Han permitido que penetren en la plataforma el antisemitismo, la homofobia y los mensajes de odio y racismo», dice.

El resultado es que los dos años de Trump en la presidencia van a coincidir con una Marcha de las Mujeres desinflada, de la que se han retirado organizaciones judías y de lucha contra el racismo como el Southern Poverty Law Center y de la que reniega el Partido Demócrata. La de California ha sido cancelada. En Nueva York habrá dos que competirán entre ellas. Y en la de Washington hay una palmaria ausencia de aquellas políticas, intelectuales y estrellas que hace apenas dos años le advirtieron a Trump: «No vamos a desaparecer».