Barrio chií de Beirut donde los yihadistas suníes atentaron el jueves
Barrio chií de Beirut donde los yihadistas suníes atentaron el jueves - Afp

¿Por qué abunda el terrorismo de suníes contra chiíes y no al contrario?

Los sangrientos ataques del suní Estado Islámico contra civiles chiíes en Beirut y Bagdad subrayan dos visiones distintas del yihadismo

FRANCISCO DE ANDRÉS
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El terrorismo indiscriminado es una práctica justificada por todos los movimientos extremistas armados, pero en el caso de los grupos violentos musulmanes que practican la yihad (la lucha armada en nombre del Corán) ofrece una peculiaridad: la mayoría de los ataques contra civiles son perpetrados por grupos suníes (entre los que hoy destaca Estado Islámico), y pocos son reivindicados por los radicales chiíes (que tienen al libanés Hizbolá como modelo). El jueves, Estado Islámico llevó a cabo una matanza en un barrio chií de Beirut, con el saldo de 43 muertos y 239 heridos. Ayer, el objetivo fue un funeral chií en el sur de Bagdad; balance, 18 muertos y 40 heridos.

¿Por qué son más extremistas los yihadistas suníes, y por qué atentan también contra civiles musulmanes de otra corriente? En primer lugar porque para un radical suní el chiísmo no es islam; los chiíes son “herejes” y por tanto su suerte es la que el Corán reserva a los apóstatas, la condena a muerte. En cambio, para un radical chií los suníes son también musulmanes aunque "hermanos separados”; el objetivo final ha de ser la conversión, no la espada.

En el terreno pragmático, se impone también una razón histórica de supervivencia. Los chiíes han sido tradicionalmente una minoría en medio de una mayoría suní. Una dinámica de venganza o represalia sistemática tras cada bomba que los suníes planten en sus barrios no les conviene en absoluto. Ha habido, no obstante, excepciones a la regla en Irak, donde la iniciativa de los ataques contra mezquitas chiíes -contestada a veces con la misma moneda- siempre partió de grupos extremistas suníes. El sunismo representa más del 80 por ciento de la población musulmana mundial, frente al 10 por ciento del chiísmo.

En tercer lugar, existe una diferencia de liderazgo. Los grupos yihadistas chiíes tienen en último término su cabeza en Teherán, en la figura del sucesor de Jomeini, el ayatolá Jamenei. Los radicales armados suníes están divididos en multitud de grupos y corrientes, con sus respectivos líderes, que no dudan en utilizar el terror de modo salvaje para disputarse el poder e infundir temor.

Más allá de la lucha cainita entre suníes y chiíes, los extremistas de ambas corrientes tienen una óptica distinta respecto al uso del terrorismo global. Los chiíes están más preocupados por establecer su poder en sus propios territorios, mientras que los yihadistas suníes sueñan con el “califato mundial” y no vacilan en usar el terrorismo para atacar intereses occidentales, tanto dentro como fuera del ámbito del islam.