Fila de tunecinos dispuestos a votar en la capital, en las primeras elecciones democráticas celebradas en 2011 - afp
opinión

El Nobel de la Paz, un espaldarazo a la sociedad civil y la transición tunecina

Es también un recordatorio a la comunidad internacional de la necesidad de prestar un apoyo firme al ensayo democratizador más esperanzador en la región

Actualizado:

El Premio Nobel de la Paz es un justo reconocimiento al papel jugado por la sociedad civil tunecina en el proceso de transición iniciado tras el derrocamiento del presidente Ben Ali y un necesario recordatorio para la comunidad internacional de la necesidad de prestar un apoyo firme y decidido al ensayo democratizador más esperanzador en la región.

La transición tunecina todavía es frágil y se enfrenta a una difícil situación socioeconómica y a una amenaza terrorista como recuerdan los recientes atentados del Museo del Bardo y de Port Kantaoui. En 2013 estuvo a punto de descarrilar tras el asesinato de dos personalidades destacadas de la oposición progresista, Chukri Belaïd y Ahmed Brahimi, críticos ambos con la gestión del gobierno de coalición tripartito presidido por el partido islamista al-Nahda y su política de tolerancia hacia los grupos salafíes violentos. Entonces, la grave crisis política creada paralizó temporalmente los trabajos de la Asamblea Nacional Constituyente, pero no sumergió al país en una espiral de violencia como sí había ocurrido en Egipto tras la destitución del presidente islamista Muhammad Mursi ese mismo año.

Entonces el clima de polarización pudo ser reconducido gracias a la labor mediadora e inclusiva de cuatro organizaciones de la sociedad civil: la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), la patronal Utica, la Liga Tunecina de Derechos Humanos y el Colegio de Abogados que promovieron la creación de una estructura consensual de Diálogo Nacional en la que participaron las principales fuerzas políticas.

Este Diálogo sirvió para aprobar una hoja de ruta que desbloqueó el proceso de redacción de la Constitución aprobada con una amplia mayoría en enero de 2014, animó la renovación de la instancia electoral independiente encargada de organizar nuevas elecciones y facilitó la designación de un gobierno tecnocrático encargado de dirigir el país hasta la celebración de las elecciones legislativas y presidenciales en octubre de 2014.