Un yihadista con la bandera de Estado Islámico en la ciudad siria de Raqqa
Un yihadista con la bandera de Estado Islámico en la ciudad siria de Raqqa - reuters

¿Por qué tiene fuerza la bandera negra de Estado Islámico?

Mezcla de logo pirata y de misticismo musulmán, la enseña del movimiento terrorista trata de convertirse en símbolo de la yihad mundial

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Territorio, moneda y bandera, símbolos reconocibles en todo el mundo con un solo golpe de vista. Esa es la estrategia propagandística, simplificada al máximo, del movimiento yihadista Estado Islámico (EI), enemigo público mundial de norteamericanos, rusos y también -con menos convicción- de los países árabes del Golfo. La bandera negra del grupo que controla gran parte de Irak y de Siria sirve tanto de logo pirata, para despertar los fervores guerreros de multitud de candidatos a la yihad, como de emblema místico mahometano, para expresar el fanatismo religioso de sus seguidores.

La bandera, como símbolo del entonces “Estado Islámico de Irak”, hizo su aparición en enero de 2007 en internet. Recogía un estilo adoptado por otros movimientos armados, siguiendo una antigua tradición guerrera islámica. Muchos autores -inspirándose en los hadices de Mahoma- afirman que una de las banderas que utilizó el profeta en sus campañas militares, en el siglo VII, era negra. Estado Islámico ha hecho una excelente labor de propaganda para hacer creer que el estandarte es suyo y conecta con el de las primeras guerras de Mahoma.

El texto en letras blancas sobre fondo negro de la parte superior de la bandera es el comienzo de la profesión de fe (la shahada), el primer pilar del islam (“No hay más dios que Dios). Debajo se representa, en forma de círculo, el sello de Mahoma, o al menos el que ha llegado por varios documentos de la tradición mahometana. En él aparece escrita, con caracteres negros y en un círculo blanco, la segunda afirmación de fe: “Mahoma es el mensajero de Dios”.

El éxito de la bandera estriba en hacerla reconocible de modo inmediato -tanto en el campo de batalla como en los documentos visuales que difunde el yihadismo por internet-, y en suscitar a la vez miedo y sentimiento religioso. Pero el “merchandising”, que hace furor en tiendas de la red y en los bazares de muchas ciudades musulmanas del mundo, amenaza con banalizarla pronto y convertirla en un objeto más de consumo y postureo en Occidente. Como el Che Guevara, Estado Islámico puede acabar vendiendo más camisetas que ideas.